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—No me preste atención— sigue caminando y lo sigo—. Tan pronto tenga listo al primer paciente, déjelo pasar a mi oficina— entra a su oficina sin decir más. Se ve nervioso y pálido.

Me pongo al corriente con más calma y logro resolver algunos casos pendientes. Estuve todo el día ocupada, solo a la hora de almuerzo logré tomar un descanso para continuar trabajando. El doctor y yo no hemos tenido ninguna conversación, ajena a la de esta mañana.

—Hola, tu debes ser Yanelis, ¿cierto?— veo a una señora detenerse al lado de mi escritorio, y la miro.

Estoy segura de que debe ser la tal Mariallys. No luce tan joven a como la imaginé, parece de aproximadamente unos cuarenta, tal vez cuarenta y cinco años. Es delgada, de estatura baja y viste una falda estilo mahón.

—¿Es usted la Sra. Mariallys?

—Así es. Tendremos que llevarnos bien, ya que de ahora en adelante dependeremos cada quien de la otra— noto cierto disgusto de su parte, quizás en esa sonrisa forzada que me da—. Imagino que la Sra. Beatriz le habló sobre mí.

—No mucho. Tengo entendido que usted es la encargada del asilo.

—Así es. Es poco el tiempo que puedo estar en la oficina, ya que suelo encargarme personalmente del manejo de equipos médicos de cada paciente. Tenemos un total de 45 ancianos en el Hogar. Deberá hacerse cargo de los familiares de cada paciente, vendrán a pagarle directamente a usted y debe hacerme llegar el cheque. También necesitaré que se encargue de las pre autorizaciones con el plan médico, para que les brinde a mis pacientes servicio de curaciones, transportación, estudios y laboratorios. Debe llevar una lista consigo de los días en que los pacientes tienen terapias y citas, ya que debe enviarle con tiempo al plan médico la orden para que lo aprueben. Por otra parte, necesitaré que prepare las órdenes usted misma y se las pase al doctor para que las firme. Tengo varios pacientes que debo llevar a realizarse unas placas y necesito que también haga la orden de transportación.

Esta mujer habla como si yo supiera hacer las cosas ya. Jamás he trabajado en un asilo, tampoco es como que tenga mucha experiencia en esto. No sabía que tenía tanto trabajo y que debía también hacer algo que se supone que le corresponda a ella como encargada del asilo. Será mejor que hable con el doctor sobre esto, al final de cuentas, mi jefe es él y tengo que tener clara mis responsabilidades.

—Debo hablar con el doctor sobre esto, ya que no sabía que tenía también que hacerme cargo de las cosas del asilo, pensé que sería solamente de la oficina. Ni el día de la entrevista, ni ayer me dijeron sobre eso, y debo estar sumamente clara. Además, no está bien que yo altere o escriba una orden, ya que eso lo debe hacer el mismo doctor.

—Creo que no nos estamos entendiendo, o más bien, hemos comenzado con el pie izquierdo— su expresión se vuelve seria—. La secretaria del doctor debe hacerse cargo de todos los pacientes que visitan el consultorio, como los que él personalmente visita al Hogar, que en este caso, son los del asilo, que también cuentan como sus pacientes. Usted solamente cumple con su responsabilidad y, si no está de acuerdo, mi recomendación es que renuncie y no haga perder el tiempo, si no está dispuesta o no es capaz de hacer bien su trabajo.

En este momento, es cuando deseo no estar en horas de trabajo y arrastrarla por las greñas. El doctor sale de su oficina y ella sonríe, como si nada hubiera ocurrido.

—Buenas tardes, doctor. ¿Cómo ha estado?

—¿Ocurre algo por aquí?

—Nada, doctor. Solo estaba poniendo al día a su secretaria, ya que no quiere hacer su trabajo.

—Eso no es cierto, doctor. No me he negado, solamente necesito que me dejen claro cuales son mis obligaciones. El día de la entrevista, nunca me mencionaron sobre el asilo, o sobre que tenía también que encargarme de eso— me defiendo.

—Entre a mi oficina, le explicaré con calma. Mariallys, cierra la puerta de al frente.

—Sí, espéreme un momento.

—No, no entrarás con nosotros.

—Pero debo explicarle a ella sus deberes.

—Yo lo haré, no te preocupes. Ve con la Sra. Beatriz— entra a su oficina y lo sigo—. Saque todas las dudas que tiene por dentro o explotará— sentándose en la silla de su escritorio, señala la otra silla, indicándome que me siente y lo hago.

—Gracias, doctor. Primero que todo, ya sé que me había hablado sobre eso esta mañana y no es que no quiera hacer el trabajo, es que considero que no está bien que sea yo quien haga ese tipo de ordenes.

—¿De qué ordenes habla?

—De los pacientes del hogar.

—¿Cómo que hacerlas?

—La Sra. Mariallys dijo que yo era quien debía hacerlas y entregárselas a usted para que las firme.

—No sé porqué razón ella le dijo eso, pero por supuesto que no. Usted solamente se encarga de traerme el expediente del paciente, con la nota de lo que debo realizar, nada más, ni nada menos.

—Entendido. Otra cosa, ¿en el contrato que debo firmar, está escrito lo del asilo?

—No, pero voy a añadirlo para que esté tranquila. ¿Alguna otra duda o inquietud?

—¿Debo aceptar los cheques de los familiares de los pacientes del hogar?

—No, de eso se encarga Mariallys. Como bien le había dicho, todo lo que tenga que ver con la administración del asilo, es la Sra. Beatriz y la Sra. Mariallys quien se debe hacer cargo. Lo único que usted hará es pasarme los expedientes, enviar vía fax las ordenes que yo mismo haré, y todo lo que tenga que ver con el plan médico y condición del paciente.  Lo demás, es trabajo de ellas.

—Ahora estamos hablando.

—Ahora cogió más color. Hace un momento se veía pálida— lleva el bolígrafo a sus labios y no puedo apartar la mirada. ¿Quién no desearía ser ese bolígrafo ahora mismo? Que lastima que está fuera de mis posibilidades.

—¿Más color?— no tiene idea de la mezcla de colores intensa que tuve al verlo hacer eso. Hasta el corazón se aceleró—. ¿Necesita algo más, doctor?

—Se ha roto su media.

Bajo la mirada a mi muslo y, efectivamente la media está rota, pero lo más que me desconcierta, es el hecho de que haya estado mirando ahí, a través del escritorio en cristal.

—No se preocupe, las voy a descartar tan pronto llegue a mi casa. Gracias por avisarme, doctor— levantándome de la silla, me sigue con la mirada.

—¿Puedo quedarme con ellas?— su pregunta me sorprende, porque quería creer hasta el último momento, que no se refería a lo que estoy pensando.

—¿Qué dijo, doctor?

—Esa tela tiene muchos usos, así que considero que si las va a desechar, puedo darle un mejor uso— aún sin creer lo que estoy escuchando, lo sigo mirando sorprendida.

—No quiero ofenderlo con esta pregunta, pero ¿por qué alguien como usted las querría?—¿Cómo debería preguntarle esto sin que suene extraño o lo haga sentir mal? —. ¿Acaso usted las usa?

—Espere— agita la cabeza varias veces y se levanta de la silla—, no es lo que usted está pensando. No uso esas cosas, yo… — hace una pausa y hasta lo veo sudar, las palabras se le han quedado atoradas en la garganta—. Haga de cuenta que esta conversación nunca se dio, por favor. Y le pido miles de disculpas por mi falta de respeto y por haberme pasado con usted. Puede irse a su casa, la espero mañana— se esconde detrás de la cortina y escucho su respiración agitada.

Esto ha sido lo más extraño que me ha ocurrido en la vida. No quisiera llegar a conclusiones erróneas, pero todo esto me hace pensar cosas raras de él.

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Comments

Yoha D' Boliivarr

Yoha D' Boliivarr

Jajajaja no seas tan mal pensada tan mal piensas de ti misma ese hombre se la quiere comer completica

2025-02-26

0

rubi salgado

rubi salgado

que acaso Selas querrá poner de máscara pa asaltarla pero en la cama jajaja

2024-11-29

0

dies cas

dies cas

se puede hacer un torniquete con las medias!.que.mal pensada jajaja 🤣🤣🤣🤣

2024-09-09

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