—Se nota que no puedes tener contacto con mujeres en el ejército, que andas jugando conmigo. Debe ser duro no poder agarrar un trasero como el mío allá, ¿verdad?
—Es duro, al igual que esto que estoy tocando— las aprieta y empujo su mano—. Has crecido de todas partes, osito. Haber dejado la dieta de aquel entonces, ha rendido sus frutos.
—¿Eso qué se supone que significa?
—Estabas bien concentrada en bajar de peso, pero fíjate que, así como estás ahora te ves mejor. Tienes la carne esparcida por todas partes—pellizca mi brazo y le doy un sutil golpe en el pecho.
—Que maldita manía de pellizcar. ¿No tienes nada mejor que hacer?
—También sé besar y morder. ¿Te interesa?
—Las cosas están escalando demasiado rápido.
—No le veo lo malo. Al fin de cuentas, ahora ambos somos adultos. ¿No fuiste tú la que comenzó todo con la amenaza de violarme? ¿Ya tan pronto te arrepentiste de lo que dijiste?
—Mañana trabajo, así que déjame dormir— me volteo, dándole la espalda y me arropo.
¿Qué le ha sucedido a este tan de repente? Él jamás estaría interesado en alguien como yo, solamente lo hace para molestarme e ilusionarme y no voy a caer en su juego. Estoy consciente de que jamás podría atraer a alguien con este cuerpo tan feo. Cierro los ojos dispuesta a dormir, cuando siento su mano rodear mi cintura.
—¿Qué estás haciendo?
—Cállate, y duérmete.
No sé cómo me las arreglo para dormir estando en esta situación. Tal vez el cansancio fue quien lo hizo de nuevo. Solo sé que, al despertar, ya Jeremy no se encontraba en la cama. No pierdo el tiempo buscándolo, solo me preparo para ir al trabajo. La oficina estaba sola, pero no iba a cometer el error de ayer dos veces. No puedo negar que tener la escoba y el mapo en mano, me causa esa tentación de bailar a la par, pero fue muy vergonzoso lo sucedido. Cuando ya había finalizado, el doctor llega, pero se ve cabizbajo.
—Buenos días, doctor— saludo.
—Buenos días. ¿Tuvo su sección de relajación y talento esta mañana? — sonríe, entrando a su oficina y lo sigo.
—No, hoy no lo tuve.
—¿Por qué? — mientras se coloca la bata, lo observo detenidamente por lo bien que se ve.
Sigo pensando que es un desperdicio. ¿Quién diría que debajo de ese hombre tan varonil y guapo, podría ocultarse alguien que usa medias para mujeres? Teniendo una imagen mental, tapo mi boca para evitar reír. No se supone que esté pensando en eso, ni mucho menos burlándome, pero es inevitable no imaginarlo. Jamás he sido persona de burlarme de alguien más, porque he recibido suficientes burlas durante toda mi vida y, sé lo triste que es, pero por más que me digo a mí misma que no debo, más ganas de reír siento.
—¿De qué se ríe? — cuestiona, ajeno a lo que está ocurriendo, pero en un tono tranquilo.
—No es nada. Discúlpeme, por favor— parece que no se acuerda, eso es bueno.
—¿Está pensando en lo ocurrido ayer? — mi risa se pasma por su directa pregunta.
—No, doctor — niego con la cabeza.
—Todo fue un malentendido.
—No tiene que explicar nada. Creo que es su vida, y cada quien hace lo que quiera con ella. No soy quién para juzgarlo o cuestionarle.
—Estoy interesado en saber lo que piensa sobre ello.
—No pienso nada— las imágenes mentales me tienen a punto de estallar de la risa.
—Ayer preguntó si es que uso ese tipo de cosas. ¿Sigue pensando que alguien como yo, se pondría algo así?
—Creo que lo que yo piense es irrelevante, doctor. Discúlpeme por lo que le pregunté ayer. Realmente me tomó por sorpresa todo y hablé más de la cuenta.
—Estaba en todo su derecho de preguntar o incluso de quejarse— acercándose, admiro sus ojos color cafés —. Debo responderle la pregunta o no estaré tranquilo sabiendo que mi nueva secretaria piensa cosas extrañas de mi persona.
—Se lo digo, no tiene que hacerlo. Si le gusta y viste ese tipo de cosas, no debe ser mi problema. Todos tienen sus gustos y… — estoy tan tensa, que he comenzado a hablar de más.
—¿Así que piensa que si las uso?
—Bueno, no sería tan extraño. He visto hombres usándolas. Estamos en pleno siglo 21, los hombres también se visten como quieren.
—Me gusta mejor verlas puestas, pero no en mí, sino en usted— baja la mirada a mis piernas.
—¿Cómo dijo? — ¿Es esto acoso? ¿Debo correr, quedarme, llamar a la policía?
—Quiero sus piernas.
—Oh, se trata de eso— rio nerviosa—. Si las quiere así de rellenitas, mi mejor consejo es que coma mucha grasa. Créame, esto me ha costado mucho trabajo y tiempo.
—¿Qué precio les pondría a sus piernas?
—¿Perdón? Doctor, usted me está asustando. No tengo recibos de todo lo que este cuerpo ha ingerido por tantos años, como para ponerle precio.
—Salga de mi oficina, por favor. No quiero faltarle el respeto o asustarla más. Está en todo su derecho si quiere renunciar luego de esto o denunciarme. Lo siento mucho— sale de la oficina y suspiro aliviada.
—¿Qué demonios ha sido todo eso?
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Comments
rubi salgado
muy interesante será que desea esas piernas y todo su cuerpo completito /Tongue//Tongue//Tongue/ /Chuckle//Chuckle//Chuckle//Chuckle//Chuckle/
2024-11-29
1
Ingrid R
Me he reído mucho con este primcipio fe la novela. Muy bueno!👌👌👏👏😃😃😃
2024-08-11
1
Lita Wellington
hay doctor de muere por ese cuerpecito
2023-12-06
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