Las semanas han ido pasando a una velocidad inaudita. Ambos hemos mantenido la distancia, a pesar de tener que vernos prácticamente todos los días. Me duele mucho que las cosas hayan tenido que terminar así, pero era eso, o tener que soportarlo todo en silencio. Sabía desde un comienzo sus gustos y sobre lo que tenía que hacer, pero tal vez dentro de mí guardaba una esperanza de que quizá las cosas serían distintas.
—Mas tarde hay una actividad donde se van a reunir otros colegas y estarán acompañados de sus asistentes.
—¿Es una actividad que contará como crédito para usted?
—Es solo un crédito, pero no voy a perderlo. Ya sabe, a la hora de salida vendrá conmigo. La actividad es en San Juan.
—De acuerdo, cuente con mi asistencia.
Regreso a mi área y veo a la Sra. Beatriz junto a Mariallys acercarse, ambas tienen una careta que me preocupa.
—Estuve buscándola toda la mañana. Quiero que me dé una explicación sobre esto— tira unas facturas sobre mi escritorio y me acerco para mirar de qué habla—. ¿Qué tipo de facturadora eres? ¿Hay algo que sepas hacer bien, aparte de escribir cartas, atender ancianos y comer? — tengo que bajar revoluciones o voy a insultarla como se lo merece.
A la factura de la Sra. Ramona Velázquez, paciente del mismo Asilo, se le ha añadido un código de diagnóstico el cual no lo padece y que, para completar, en el código de procedimiento aparece uno que no creo que le hayan realizado, ya que esta paciente padece del corazón y es imposible que se lo realicen. Aun así, fue pagada por el plan médico en su momento, pero ahora están requiriendo más información sobre esto. Lo más extraño es que fue desde mi usuario que se realizó esta factura, pero en mi mente no registro que lo haya hecho yo.
—Yo no recuerdo haber hecho esa factura al plan médico.
—Ah, ¿y quién la hizo? ¿No eres tú la facturadora en esta oficina? ¿Cuán descarada debe ser como para negarlo?
La sangre me está hirviendo, pero aún sigo tratando de soportar.
—Si hubiera sido un error mío, no dudaría en admitirlo y enmendarlo, pero le puedo asegurar que esto no lo hice yo.
—La única que hace este tipo de trabajos aquí eres tú. No hay nadie más encargado de realizar esto, ¿o si?
—¿Qué está pasando aquí? ¿Cuál es el alboroto? — Maykel sale de la oficina.
—Me comunicaré con el plan médico para averiguar sobre esto, Sra. Beatriz.
—Mas te vale.
—¿Quién te has creído para hablarle de esa forma a mi secretaria? — interfiere.
—Si no sabes lo que está pasando, es mejor que no te metas. Puedes tener problemas legales si este problema no se resuelve. Pregúntale a tu secretaria qué fue lo que hizo, tal vez a ti sí te diga la verdad.
—Los problemas que ocurran en mi oficina y con mi secretaria, soy yo quien debe atenderlos y buscar una solución. Ya te he dicho que no me agrada que estés metiéndote aquí. Déjame a solas con mi secretaria.
La Sra. Beatriz y Mariallys se van y Maykel se acerca.
—¿Puede decirme lo que pasó?
Le explico lo sucedido y se queda escuchándome atentamente.
—Le aseguro que no fui yo y se lo voy a demostrar.
—No te preocupes, yo te creo. Hagamos esa llamada al plan.
No dudo en llamar de inmediato, yo misma quiero saber lo que está ocurriendo. Luego de varios minutos en espera, logro establecer contacto y me dan toda la información que ya he leído. En pocas palabras, ha sido desde mi cuenta. El día y la hora en que fue sometida, fue durante el horario de trabajo. Lo más extraño es que ese día yo estuve en todo momento en mi computadora. No lo entiendo.
—Buscaremos otra forma de averiguarlo, no te agobies. Mañana a primera hora abriremos la oficina un poco más tarde para que tengamos tiempo de solucionar este pequeño problema. ¿Te parece? — ¿Cómo puede estar tan tranquilo si este problema le afecta grandemente a él?
—Gracias por confiar en mí, doctor. Le prometo que llegaré hasta el fondo de esto.
—No hablemos de fondo. Recoja todo, ya tenemos que irnos. No quiero que el tapón nos haga llegar tarde.
Me doy prisa en recoger todo para que podamos salir a tiempo. Por el camino lo veo muy nervioso e inquieto, puedo notarlo por la forma en que su mano aprieta el guía y en cómo me mira de reojo cada cierto tiempo.
—¿Le sucede algo, doctor?
—Está poniendo mi fuerza de voluntad en una posición muy difícil. ¿Por qué no se pone la toalla que está en el asiento de atrás?
Trato de alcanzarla, pero no llego. Otra desventaja de tener brazos cortos y ser tan pequeña.
—No la alcanzo.
—Aquí no puedo detenerme.
—No se preocupe, yo la alcanzaré— me quito el cinturón para tratar de cogerla.
—¡¿Quiere que tengamos un accidente?! — vocifera, y me sobresalto—. ¿Cómo se le ocurre doblarse así al lado mío? ¿Sabe lo peligroso que es?
—¿Peligroso? — me acomodo de vuelta en el asiento—. ¿Habla de tener un accidente o de otro tipo de peligro? — rio por su nerviosismo.
—Hablo de todo tipo de peligro.
Tal vez esta sea una buena oportunidad de desquitarme.
—Oye, doctor— me acerco a su oído, mientras él continúa manejando—. Si le digo que he tenido varios sueños húmedos con usted, más me he quedado con ganas de cumplir todas esas fantasías, ¿será capaz de cumplir cada una de ellas, de la misma forma en que yo se las cumplí? — descanso mi mano en su entrepierna y la mira—. En una de ellas usted estaba manejando y haciendo preguntas que, por tener la boca ocupada no pude responder— rio insidiosa—. ¿Quiere que le diga lo que tenía en mi boca, Maykel? — cuestiono en un tono dulce y seductor a la vez.
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Comments
rubi salgado
la quieren sacar de la jugada me tiendo la en problemas esa vieja
2024-11-29
0
Lita Wellington
WOW, responde doctor te llegaron a la yugular
2023-12-06
0
Lesly Argumelo
esta niña se tiro de lleno y sin paracaidas
2023-07-09
1