Me he concentrado en atender a los pacientes mientras el doctor estuvo fuera. Cuando lo veo regresar, me doy cuenta de que luce mucho más tranquilo. No sé qué es lo que sucede con él, pero últimamente ha estado actuando muy extraño. Cuando todo eso sucedió, me pareció verlo frustrado y nervioso. No considero que haya hecho todo eso con alguna mala intención, o al menos eso quiero creer.
Durante todo el día no hablamos de nada ajeno al trabajo y a los pacientes. Sentí que me estuvo evadiendo, no era difícil darse cuenta, ya que cada vez que nos quedamos solos, desaparecía. No sé si hice o dije algo malo, pero no me gusta lo extraño que se volvió el ambiente.
—Consiga los expedientes de los pacientes que debo visitar al Hogar y déjelos en mi escritorio, luego de eso puede irse a su casa— se encierra en su oficina y suspiro.
¿Qué debo hacer para que esto no continúe así? Solo llevo tres días aquí, y del ambiente en el cual me sentía cómoda, no queda nada. Tan lindo que se veía sonriendo, pero ahora de nuevo con esa seriedad y amargura, me contagia su malhumor. Desde que hablamos de las medias él ha estado actuando así. ¿Será que lo hice sentir mal por reírme? Tal vez se quedó con las ganas de que se las diera. No lo sabré si no lo enfrento. Busco los expedientes que ha pedido y entro a su oficina, colocándolos encima de su escritorio.
—Le he traído lo que necesita, doctor.
—Gracias. Ya puede retirarse. La espero mañana.
Respiro hondo, llenándome de valor y quito mis medias delante de él. Viendo lo que estoy haciendo, se levanta abruptamente de la silla y su rostro se pone rojo en un milésimo segundo.
—¿Qué hace? — su respiración se entrecorta.
—Tenga— las muestro en la mano, mientras lucho con ponerme los tacones—. No tiene que avergonzarse por esto. Todos tenemos distintos gustos y no hay nada de malo en eso. Tome esto como una disculpa, por si acaso lo hice sentir mal con lo de esta mañana.
Da media vuelta, llevando el puño a la boca, dejando escapar una escandalosa carcajada que, me hace sentir la mujer más desvergonzada del planeta. ¿Acaso he ido muy lejos? Todo lo hice bajo la presión de lo que había sucedido. Jamás pensé que estaría en una situación así, con alguien que apenas acabo de conocer. Aunque comparado con las cosas que dijo, él lo hizo peor.
—¿Por qué se ríe?— pregunto nerviosa, y ríe más fuerte—. Perdóneme si he ido muy lejos con esto, pero no quería que siguieran las cosas como están, por unas simples medias.
—La he hecho preocupar, ¿verdad?— retoma su seriedad, mientras se voltea—. Valoro mucho su preocupación, pero yo estoy bien. Llegué a pensar que si vendría a mi oficina con esa expresión tan seria, era para renunciar, no para entregarme las medias.
—¿Quiere que renuncie?
—Por supuesto que no, pero dado el caso que le he faltado el respeto, tiene usted todas las razones del mundo para salir corriendo de aquí y nunca más volver.
—¿En qué momento me faltó el respeto? Además, soy yo quien está en medio de su oficina descalza y con las medias en mano. ¿No se supone que sea usted quien me eche por tomarme este atrevimiento?
—Esto deberá ser un secreto entre usted y yo— me arrebata las medias de las manos.
—¿Qué cosa? — mis manos tiemblan, al tenerlo tan cerca.
—Así como se las quitó, quiero que vuelva a ponérselas— pide en un tono tranquilo—. Si no se da prisa, puede entrar alguien por esa puerta y verla.
—Iré al baño.
—Puede hacerlo aquí. Sentada se le hará más fácil y cómodo.
Creo haber llegado a una conclusión. ¿Así que mi jefe realmente es un pervertido? Todo cobra sentido mientras mejor lo analizaba.
—¿A usted le gusta mirar esto, doctor? — la curiosidad, ante tener su mirada fija en mis piernas, me carcome por dentro.
Su rostro palidece y confirma mis sospechas. Debe ser difícil también para él, y por eso se ve frustrado cada vez que lo enfrento o le cuestiono.
—Lo siento, la dejaré sola— entregándome las medias, camina ligero hacia la puerta.
—Quédese. Me las pondré aquí, doctor.
No tengo ni remota idea de por qué accedo a esto, tal vez ha sido por su triste y frustrada expresión, no lo sé, pero simplemente me ha salido hacerlo. Mentiría si digo que no era vergonzoso. Es mi jefe, más es un hombre que no conozco del todo, aún así, algo dentro de mí ha hecho que me atreva. Se detuvo en el momento que me siento en la silla. Solo debo imaginar que estoy en mi casa poniéndomelas, como todas las mañanas lo hago, ¿cierto?
Deslizo una a una por mis piernas, mientras observo lo concentrado que está mirándome. Me atrevería a decir que ni siquiera a pestañeado una sola vez. No se ha acercado, pero estoy segura que no se ha perdido ni un detalle. Viéndolo desde esta perspectiva y con la expresión que muestra, luce muy atractivo. No sé cómo todo esto escaló y se desvió de esta manera, pero supongo que no es tan malo, ¿verdad?
—No comente esto con nadie, por favor— pide.
—Puede estar tranquilo, no le contaré a nadie, doctor. Espero se sienta mejor. Buenas tardes— camino hacia la puerta, pero se cruza en medio.
—¿Puede hacerlo mañana de nuevo?
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Comments
rubi salgado
ya que le dió gusto quiere más el muchachon 🤣💯💕💞😻😂😂😃😃😃😃🤣
2024-11-29
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Graciela Saiz
😂😂😂😂😂la va a volver loca 😂😂😂
2025-01-19
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carmen castillo
No creo puede ser un fetiche 😊
2024-10-10
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