Cristóbal

–Entiendo –susurra mamá cuando le explico, junto a Claudio, lo que ha pasado con nosotros–. ¿Hace cuánto pasó esto?

–Unos días –me apresuro en contestar–. El día que pasó lo de Mila quise contarte todo, mamá, pero luego… Bueno, no quise ocasionarte otro problema.

Me mira con fiereza. –Nada de lo que les pase a ustedes es un problema para mí. –Acuna el rostro de Claudio–. ¿Estás seguro, cariño? –Mi hermano asiente–. Estoy muy orgullosa de ti. De ambos –agrega, mirándome–. ¿Lo sabe tu papá? –pregunta.

Niego con la cabeza. –Papá no está para escuchar a nadie en este momento –empiezo con cuidado. La casa, que un día fue un santuario para mí y mis hermanos, hoy es todo menos eso. Se siente la tensión en la casa, y papá está muy iracundo con mamá, y con Mila especialmente.

–Eso no importa, deben hablar con él.

–Yo iré, mamá –dice Claudio, levantándose–. Tiene que saber por qué no estaré por aquí los siguientes días.

Una vez que Claudio se va, mi mamá me abraza. –Los extrañaré mucho. –La abrazo con fuerza–. ¿Están seguros que Claudio será un buen candidato?

Mierda.

Me alejo. La miro, y sé que no puedo mentirle. –Mamá, hay algo que Claudio no sabe, y no sé si deba saberlo. Se trata de él y de nuestro papá César.

Mamá acaricia mi mejilla y me regala una sonrisa triste. –Claudio no es hijo de César, ¿verdad? –pregunta sorprendiéndome–. ¿Es eso?

–¿Cómo… cómo lo sabes? –pregunto en un susurro, mirando hacia el pasillo.

Desordena mi cabello antes de contestar: –Claudio no se ve como ustedes. He visto fotos de la familia de Christopher, y siempre me llamó la atención que, no importando como sean las mujeres con las que se casaban, siempre tenían hijos parecidos, cabello oscuro y esos ojos verdes tan lindos –dice, golpeando mi nariz con ternura–. Pero mi pequeño siempre fue distinto. Tu papá me dijo cuándo los conocí, que se parecía a su mamá, pero hace años, ayudando a Miriam a organizar su casa, encontré una foto en dónde aparecían ustedes con una hermosa mujer, sin embargo, ella no se parecía a Claudio, tenía el pelo oscuro y liso y sus ojos eran más bien oscuros. –Se encoge de hombros–. Siempre tuve la corazonada que Claudio no es hijo de César.

–¿Has pensado en trabajar con mi tío? –bromeo–. ¡Nos hace falta alguien con tus instintos, mamá!

Ríe y me abraza. –No creo que se le deba ocultar la verdad a Claudio, todos merecemos saber de dónde venimos, pero es tu decisión, amor. –Se aleja y acaricia mi cabello–. Y respecto a esa mujer… bueno a su mamá…

–No –la corto de inmediato–. Ella no es nuestra mamá, nunca lo será. Nuestra mamá eres tú, nada ni nadie cambiará eso.

–Oh, cariño –dice antes de ponerse a llorar, escondiendo su rostro en mi cuello–. Los amo con todo mi corazón, siempre será así. Son mis niños.

–Jess. –Ambos nos giramos al escuchar a papá. Se ve preocupado mirando a su esposa–. Todo estará bien –le asegura, acerca su mano al rostro de mamá, pero antes de hacerlo se aleja, lo que provoca que mamá vuelva a llorar. Me apresuro a abrazarla–. Nuestros hijos estarán bien –sentencia.

–Lo sé –susurra mamá.

Por el camino veo el auto del tata, y miro a mamá, sorprendido. –¿No estaban en Francia?

Mamá se pone de pie. –Sí, a no ser que…

Mila baja con un bolso, y nos mira con ese gesto terco. –Me voy con mi tata –afirma.

–¿Llamaste al tata?, ¿pero estás loca? –pregunta Claudio molesto–. ¡Se fueron hace dos semanas de vacaciones!

Mamá corre a abrir la puerta y se tira a los brazos de su padre en cuanto lo ve.

–Tranquila, mi pequeña bailarina. Todo saldrá bien –le asegura besando su frente.

–¿Mamá?

–Quedó en la casa, organizando todo. ¿Estás lista? –le pregunta a Mila.

Mi hermana asiente y comienza a bajar, pero papá la toma del brazo y le quita el bolso. –¿Qué mierda es esto? ¡No dejaré que te lleves a mi hija!

–Hija, ¿por qué? –pregunta mamá, mirando a Mila, sin entender nada.

–Lo siento, mami, pero no puedo vivir aquí, no cuando papá se comporta de esa manera conmigo. –Seca sus lágrimas–. No dónde todo el mundo me odia –agrega mirando a Claudio y a Guillermo–. Duele mucho y no puedo. No puedo seguir viendo el daño que provoqué. –Mira a papá directo a los ojos–. Siento si te defraudé, pero ya elegí mi vida. Quiero estar con el hombre que amo, con el hombre que siempre he amado. –Acaricia su vientre y se pone pálida–. Siento ser una decepción –dice y corre a los brazos de nuestro tata–. Gracias, tata.

–Tranquila, pequeña. Todo estará bien. Ve al auto, ¿sí?

Mila asiente y se va, y como estamos todos en shock, nadie reacciona para detenerla.

–¿No vas hacer nada? –pregunta Claudio, mirando a papá, quien de pronto reacciona.

–No te llevarás a mi hija, Carlos. No lo voy a permitir –sisea.

Me interpongo entre los dos. –Calmémonos –les pido a todos.

–Iré hablar con esa inconsciente –dice Guillermo, dirigiéndose al auto.

–Papá, ¿por qué no me dijiste nada? Yo tengo que hablar con mi niña.

Mi tata detiene a mamá con una sonrisa triste.

–Cariño, Mila está viviendo un infierno en este momento. Se siente atacada por todos, y sabe que los decepcionó, pero ama a Migue…

–¡No lo puedo creer! –exclama papá y ríe sin humor–. Cuando te vi afuera, pensé que venías a buscarme para ir dónde ese chico y romperle hasta el alma, pero no. Eres increíble, ¡es tu nieta! ¡Tu primera nieta! –espeta furioso.

Mi tata lo mira furioso también. –Migue también es mi nieto –devuelve–. Mi sobrino me dijo lo que hiciste en su casa…

Papá toma a mi tata por su camisa. –Eres un hijo de perra, pensé que me apoyarías en esto.

–¡Suelta a mi papá! –pide mamá, llorando.

–Papá, estás asustando a mamá –digo tomando sus brazos, para que suelte a mi tata.

–Migue es mi nieto, Christopher –dice empujándolo–. Es más, te advierto que si le tocas un pelo, sabrás de mí.

Papá ríe, sonando histérico. –Lo que me faltaba.

–Hijo, es tu familia, es tu hija la que está sufriendo –empieza mi tata.

Papá vuelve a reír. –Habló la eminencia en paternidad –dice y todos jadeamos, mirando a nuestro tata–. Yo si estuve con mi hija, no escapé de mi responsabilidad como lo hiciste tú en cuanto tuviste la primera oportunidad.

–Christopher…–Mamá usa su nombre como una advertencia.

–No me importa –le devuelve a mamá–. Alguien tiene que decirlo. –Mira a su suegro con desesperación–. ¡Tú no tienes ningún derecho en decirme como ser padre!  No cuando como padre has sido una MIERDA –grita.

La mirada en mamá cambia, se vuelve fría. Se acerca a papá y le da vuelta la cara de una bofetada. Todos nos congelamos, incluido papá.

–¡No te perdonaré nunca esto! ¡Nunca! –dice tomando la camisa de papá y golpeando su pecho.

Mi tata la aleja de él. –Hija, tranquila.

–¡No! –exclama furiosa–. Nunca pensé que tú me harías tanto daño, pero supongo que nunca terminas de conocer a las personas –ríe amargamente a la vez que seca sus lágrimas–. Acabas de romper a esta familia con tu estúpido orgullo –susurra–. No quiero seguir aquí.

–Mamá, ¿qué dices? –pregunto, desesperado. Ni siquiera en mis peores pesadillas he visto a mis padres separados porque eso, sencillamente, es imposible.

Papá se ve como si le hubiesen disparado. –Tú no… no te vas… No puedes hacerme esto. –Trata de acercarse a ella, pero mi tata no lo deja.

–Hija, no lo hagas. No me afectan sus palabras –dice apuntando a papá–. Ya obtuve el perdón de ustedes, mis hermosas niñas, y es todo lo que me importa. Ya pagué mis culpas.

Mamá abraza a su papá. –No quiero seguir aquí. Iré a un hotel… ya veré que hacer luego.

Tomo mis llaves y se las paso a mamá. –Toma, mamá, usa mi departamento para que pienses, pero por favor vuelve, por papá, por mis hermanos –ruego.

Me abraza. –Gracias, hijo. –Mira a Claudio y a Guillermo, que viene entrando sin entender nada–. Siempre estaremos juntos, no importa lo que pase entre su papá y yo, ¿sí?

–Jess…–La voz de papá la reclama y todos podemos ver el dolor en sus ojos.

Mamá niega con su cabeza. –No puedo perdonarte algo así. Una cosa fue lo que hiciste con mi primo –solloza–, pero nunca te perdonaré lo que le dijiste a mi papá.

–Pero…

–No –declara mamá.

Los ojos de papá gritan el dolor que está sintiendo, pero luego pone ese gesto orgulloso. –Vete, entonces. ¡Lárgate, si eso es lo que quieres!

Mamá camina a la puerta, llevándose sólo su cartera. Antes de salir se detiene.

–Guillermo, me llevarías mi ropa al departamento de tu hermano, por favor.

–Mami…

–Hijo, por favor.

Guillermo asiente, aún aturdido y mamá sale de la casa. La vemos conversar algo con Mila y luego se sube a su auto.

Mi tata niega con su cabeza. –Espero de corazón que soluciones esto, hijo, o acabas de perder a la mujer de tu vida –dice antes de salir.

–Papá, ¿qué has hecho? –pregunto, desesperado–. Corre tras ella, discúlpate.

–Ahora –agrega Guillermo.

–Papá, por favor –insiste Claudio.

Papá nos mira, pero en sus ojos no hay calidez, sólo terquedad y orgullo. –Fue ella quien se equivocó, si alguien aquí tiene que pedir perdón, es su madre –espeta antes de encerrarse en su oficina.

–¿Qué haremos? –pregunta Guillermo, angustiado.

Claudio y yo nos miramos, y negamos con la cabeza. –Por ahora intenta hablar con él. Claudio y yo tenemos que viajar y no sé cuándo volveremos.

–Pero…

–Es importante, Guillermo, se trata de las cartas que recibí –le explico rápidamente.

–Oh –susurra–. Espero que esté todo bien. Pueden contar conmigo para lo que sea. Lo saben, ¿verdad?

Sonrío y luego lo abrazo. –Lo sabemos. Gracias, bro –digo–. Cuida a papá, aléjalo de los problemas.

–Volveremos en cuanto podamos –agrega Claudio.

Se abrazan y luego salimos.

–¿Qué haremos? –pregunta Claudio–. Papá no podrá estar sin mamá.

–Por ahora, lo que decidió mamá es lo mejor.

Claudio me mira extrañado mientras subimos al auto. –¿Cómo puedes decir eso? –pregunta una vez que ya estamos dentro.

Enciendo el auto y comienzo a manejar. –Papá estaba insoportable con ella y con Mila, lo sabes.

–Lo sé, pero no creo que sea la decisión correcta –masculla.

En cambio, yo estoy tranquilo con la decisión de mamá, porque cada vez que los veía pelear, mi mente reproducía recuerdos que nunca han sucedido. Veía a mi papá pateando a mamá en el suelo, y a ella llorando indefensa, pero eso nunca ha pasado. Sin embargo cada vez que los veo o escucho discutir, esas imágenes queman en mis ojos.

Creo que he visto demasiadas películas.

Mi celular suena y contesto con el manos libre. –Señor, tengo la información que me solicitó.

Sonrío. –Envíame todo al correo, por favor. Gracias Mauricio, serás recompensado.

–De nada, señor –dice y cuelgo.

–¿Por qué sonríes? –pregunta Claudio.

Me detengo antes de salir a la carretera y miro mi celular.

–Creo que ya sé en qué gastar el tiempo cuando estemos en Santiago –digo mirando la dirección en mi correo.

Te encontré, Rapunzel, te encontré.

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Comments

Adriana Romero

Adriana Romero

Le permiten muchas libertades a Mila, es mayor de edad solo por los años, pero demasiado inmadura, será que quiere que le aplaudan todas las ca....das que se mandó, ni siquiera contó con la opinión de Migue en para embarazarse, entonces cuando le llaman la atención por su comportamiento errado, huye y es la víctima, al final todos se doblegar a ella y a Jess que estuvo muy mal no tuvo confianza en Christopher pero si le alcahueteo a la hija su sinvergüenzura

2025-04-01

1

Bettzi Iseth Nieto Peralta

Bettzi Iseth Nieto Peralta

ay por favor!! viejo ridículo, la que pierde es ella. tanto estirar la liga puede romperla

2025-01-16

0

Bettzi Iseth Nieto Peralta

Bettzi Iseth Nieto Peralta

siempre dije que me caía mal Jess, ahora lo reafirmo

2025-01-16

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