Cristóbal

–¿Me estás escuchando?

La pregunta de Claudio me vuelve al ahora.

–Lo siento, hermano. No escuché.

Resopla a la vez que pone sus pies sobre mi mesa de centro. –Te decía que las cosas en la casa están cada vez peor. Mila y papá nos tienen a todos nerviosos con sus peleas.

–Sí, mamá lo mencionó –susurro, sentándome a su lado.

Pasa su mano por su pelo y me mira con sus ojos castaños. –Mila está incontrolable. Desde que papá la castigó por mentirle, no nos ha dejado vivir en paz.

Mi hermana no tiene remedio.

–Claudio entiende a la pequeña, papá la trata como si fuera una bebé.

–¡Lo es!

Otro más.

Resoplo. –No, no lo es. Mila es una mujer adulta y si quiere estar con Migue, papá debería entenderla.

Claudio gruñe. –¿Qué mierda tienes en la cabeza? ¡Mila es una niña!

–Veo que mi hermana tiene razón y somos todos unos sexistas de mierda.

–¡No es verdad! –exclama indignado.

–Sí que lo es. Si hablamos de la vida sexual de Guillermo nadie dice nada, pero hablamos de la de Mila y todos enloquecen… Bueno, todos menos mamá.

–Mila está teniendo... –empieza con un gesto de incredulidad en su rostro–. ¿Estás enfermo? Mila no… ella no puede, ¿verdad?

Respiro profundamente. –Yo no sé nada de eso –miento. No traicionaré la confianza de mi hermanita–. Pero ya tiene dieciocho años, además no nos engañemos, Guille, tú y yo empezamos antes y papá nunca nos dijo nada.

Claudio sonríe. –Mamá sí.

Ambos reímos. Nuestra mamá es muy celosa.

–Sí, pero ahora adora a Mónica y Sofía.

Claudio golpea mi espalda. –¿Y quién no? Mónica es perfecta.

Una imagen de Rapunzel cruza mi cabeza y sonrío. Esa mujer es una caja de sorpresas.

–A todo esto, ¿qué diablos te pasó en la cara?

Me levanto para caminar a la cocina de mi departamento y poner el hervidor.

–Nada.

–Sí, claro. ¿Hiciste enojar a un novio celoso?, ¿o problemas en el trabajo? –pregunta de pronto serio.

Alzo la voz para que me escuche. –Nada de eso, bro. Me golpeé con la puerta de la alacena.

Escucho su risa y suspiro. Si mi hermano supiera que me golpeó una mujer, no me dejaría de molestar hasta el año próximo.

Saco tazones y café mientras espero que el agua hierva.

–¿Qué mierda es esto?

Escuchar en la voz de mi hermano ira, angustia y un toque de miedo, me hace girar hacia él tan rápido, que mi cuello protesta.

Veo a Claudio con uno de los muchos sobres que he recibido últimamente.

Mierda.

–No es nada.

Su gesto cambia y pone ese gesto terco que aprendió de mamá. –No me mientas, Cristóbal.

¿Por qué demonios no boté esa carta como las demás? Al principio el cartero las devolvía, pero ahora las mete debajo de la puerta.

Imbécil.

–No es nada. No las he abierto, lo juro.

–¿Es… es ella?

Hago una mueca por el dolor que me produce ver a mi hermano tan alterado. Sé que Claudio no recuerda nada antes de conocer a nuestra verdadera mamá, la única que nos ha amado sin importar qué, pero eso no significa que no sepa nuestra historia.

Me acerco a él y pongo una mano en su hombro. –No lo sé. En el sobre no hay ningún nombre, pero imagino que tal vez sea ella, o un familiar, no lo sé.

Mira el papel con un gesto extraño en su mirada, entre repugnancia y pánico.

–¿La leíste?

–¡NO! –exclamo de inmediato–. No podría. No quiero hacerlo, ¿quieres leerla?

Niega con su cabeza. –¡No! Haces bien en no leerla. ¿Cómo demonios encontraron tu dirección?

–No lo sé, pero hay personas que cuando quieren saber algo hacen lo que sea por averiguarlo –mascullo pensando en Rapunzel.

Tomo el hervidor con el agua lista, y le sirvo un café a mi hermano y otro para mí.

–¿Quién más lo sabe?

–Guillermo. Estaba aquí cuando llegó la primera carta.

Su rostro se contrae. –¿Cuántas cartas has recibido?

Me siento en la silla frente a él. –Demasiadas. Creo que con esta van ocho.

–Mierda –masculla–. ¿Le prohibiste a Guillermo que hablara con mamá?

Asiento. –Lo hice.

Se relaja. –Vaya, no sé cómo hiciste eso, Guille nunca le oculta nada a mamá.

Ambos sonreímos. Nuestro hermano es el mejor chico que existe.

–Sabe que decirle a mamá sólo provocará un dolor innecesario.

Mi hermano asiente. –Sí, estoy de acuerdo. Mamá se pondrá triste y no merece este problema de nosotros. Ella nos ha dado todo.

Sonrío. –Así es. –Bebo mi café cuando recuerdo–. Me vas a decir por qué viniste.

Su rostro cambia y sonríe. –Me caso.

Sigo bebiendo café, hasta que de pronto sus palabras calan en mí.

¡Claudio se casa!

Me levanto y me acerco a su lado. Le doy un gran abrazo y lo levanto del piso como lo hacía cuando era un enano.

–Te felicito, hermanito.

Ríe. –Gracias. Ya suéltame. No tengo cinco años –pide divertido.

–¡No me lo puedo creer! Mi hermanito se casa. –Desordeno sus rizos castaños–. ¿No se te hace raro saber que tendrás que pasar el resto de tu vida con la misma mujer? –pregunto extrañado. Claudio empezó a salir con Mónica cuando tenía 17 años, y de ahí nunca más se separaron.

Claudio se ríe. –Sólo un hombre que nunca ha estado enamorado preguntaría algo así. Creo que papá debe hablar de nuevo contigo.

Hago una mueca. –Diablos, no. Me gusta mi vida tal y como está, no necesito una mujer revolviéndolo todo.

Mi hermano resopla y suspira cansado. –No tienes remedio, hermano.

–Ahora hablemos de tu despedida de soltero –digo guiñándole un ojo.

Ambos nos reímos y comenzamos a organizar todo.

Mientras converso con mi hermano, y me cuenta de la casa que piensan comprar con Mónica, no puedo dejar de pensar en Rapunzel, ¿qué demonios estará tramando ahora? Han pasado casi diez días desde nuestro último encuentro.

Espero que no estés maquinando algo en mi contra, Rapunzel.

Aunque atraparla la última vez fue… fue algo más. Fue todo.

El beso tan excitante que le di cuando permanecía en el borde de la inconciencia, palideció al lado del beso que nos dimos en el baño, hace ya casi diez días.

Me esfuerzo en controlar mi cuerpo al recordar ese beso y su entrega.

Si es así como besa, no quiero ni pensar en cómo hace otras cosas.

Se sentía como si estuviera en medio de un incendio, pero por alguna extraña razón no quería escapar. La hubiese tomado ahí mismo, si no fuera por la intromisión de ese chico.

Podría haber descubierto que otros secretos esconde Rapunzel.

Acaricio mi mejilla y sonrío. Ninguna otra chica me ha sorprendido tanto como ella lo ha hecho. Es muy distinta a todas.

–¿Estás aquí?

Mierda.

–Sí, bro. Lo siento, estoy pensando en la despedida de soltero que te organizaré –miento.

Se ríe. –Tú no cambias, hermano, no cambias.

Luego de eso, procuro ponerle toda la atención del mundo y cuando se va, ambos decidimos llevar las cartas al correo, para que las devuelvan.

Entre antes entiendan el mensaje, mejor.

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Comments

Adriana Romero

Adriana Romero

Atraparal cazador Cristobal, Rapunzel lo lleva arrastrado.
No se que tan mal se pueda poner la madre de ellos cuando reciba las cartas devueltas, porque de eso no se habló mucho, solo que desapareció o los abandonó pero nunca las razones, por eso actúan así, pero siempre hay cosas del pasado que pesan y ante la posibilidad de una enfermedad terminal se busca el perdón y explicar su comportamiento

2025-04-01

1

Mauren Coronado

Mauren Coronado

Noo ya estoy pensando en muchas teorías sobre lo que sucedió con los padres de Cristóbal y Claudio. Y por que Cristóbal recuerda algo con dolor de ese pasado que su hermano no recuerda

2025-01-05

1

Sandra Hoyos Rivero

Sandra Hoyos Rivero

🙄😘💕

2022-06-08

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