Cristóbal

Manejo lo más rápido que puedo, pero sé que llegaré tarde. Espero que salga todo con tranquilidad. Luis y Mateo pueden con esto. Mi tío me dijo que me relajara que era algo fácil, pero de todos modos no me gusta no estar presente en las transacciones de los clientes.

Cuando finalmente llego, sé que llegué muy tarde. Los autos de los clientes van saliendo por el camino.

Don Pepe toca la bocina cuando me ve y me saluda con la mano.

–Salúdame a tus padres.

Asiento. –En su nombre.

–Todo salió bien, jefe –informa Mateo.

–Gracias, Mateo. ¿Luis?

–Estaba vigilando la zona Este con el nuevo, señor.

Miro hacia la colina, pero no veo a nadie, bajo la mirada y por un segundo, veo un reflejo color vino tinto antes de que la metan en la oficina.

Mierda.

Corro lo más rápido que puedo, sin embargo, estoy lejos. Cuando estoy llegando escucho gritar a Rapunzel. Mi corazón se detiene un segundo y luego vuelve a latir con fuerza.

Abro la puerta de un golpe, y veo a Fer inclinada sobre el escritorio y al nuevo con un cinturón en alto, a punto de golpearla.

–¡USTEDES LE TOCAN UN PELO A ESA MUJER Y LOS REVIENTO AQUÍ MISMO! –grito, apuntándoles con mi arma.

Rapunzel me mira, y mi pecho duele al ver su rostro tan triste y las lágrimas corriendo por su cara, pero a la vez me mira como si fuera lo mejor que ha visto en mucho tiempo.

Fer corre a mis brazos y se tira en mi pecho. La abrazo con una mano y con la otra sigo apuntándole al nuevo. Esconde su rostro en mi pecho, y solloza.

Beso la cima de su cabeza, y quedo prendado por el olor a coco y vainilla. La abrazo más fuerte, sintiéndola pequeña y vulnerable.

–Tranquila, cariño –susurro antes de besar su frente.

Miro a Luis exigiendo una explicación. –La encontramos tomando fotos –informa, enseñándome la cámara destrozada–. No nos quiso decir quien la había enviado, y golpeó a Manuel cuando éste rompió la cámara, señor.

Fer mira su cámara rota y vuelve a sollozar. –Era todo lo que me quedaba –susurra tan triste, que el dolor en mi pecho aumenta.

–Luego golpeó a Manuel… y bueno, el chico quiso darle un castigo antes de matarla.

Tomo con cuidado a Fer y la alejo de mí para acercarme al nuevo, quien parece encogerse ante mi mirada. Me acerco tanto a él, que mi pecho toca el suyo. Lo miro fijamente, pero éste no sube su mirada.

Está aterrado. Bien.

–¿Quién te dio la autoridad para castigar y matar a una persona? –pregunto en un siseo–. ¿El señor Reyes?, ¿Luis?, ¿Mateo?, ¿yo?

Me acerco más, empujándolo con mi pecho. Respiro con fuerza, contra su frente, y cuando finalmente me mira, le dejo ver su muerte en mis ojos.

–Lo… lo siento. –Su boca tiembla–. Ella me golpeó, señor.

Miro su cara herida y su labio hinchado, esbozo una sonrisa. Yo sé lo fuerte que Rapunzel golpea.

Pongo mi arma en su boca y disfruto ver el terror puro en sus ojos.

–¿Te gusta asustar a los demás? Es excitante, ¿no?

Siento unas manos que tiran de mi brazo. –No lo hagas, por favor –pide Fer–. No por mí.

Me giro para verla y sus ojos color cacao me ruegan que la escuche. Lucho contra el impulso de besarla y miro al nuevo.

–Es tu día de suerte –espeto, guardando mi arma–. Sigues aquí gracias a ella. –El chico mira a Fer y sus ojos aterrados se vuelven cálidos, y sé que le está agradecido. Finalmente es sólo un crio que se dejó llevar por el momento–. La cámara se te descontará de tu próximo pago.

Asiente. –Sí, señor.

Los ojos de Rapunzel, se iluminan de pronto.

–Ella trabaja para mí –les digo, sorprendiéndolos, pero no tanto como se sorprende Fer. Sus ojos parecen crecer tres veces su tamaño–. Unos clientes estaban pidiendo registro de las transacciones, es sólo eso. Ahora, largo.

El nuevo sale rápidamente, mirándonos, agradecido.

–Lo siento mucho, muchacha –le dice Luis.

Fer asiente. –Gracias a usted por tratar de ayudarme.

Luis la mira una vez más y sonríe, antes de mirarme. –Está todo en orden, señor.

Asiento. –Gracias, Luis.

Sonríe antes de salir.

Fer se tira de nuevo a mis brazos. –Gracias, gracias –susurra en mi pecho. Beso la cima de su cabeza, disfrutando de su cercanía–. Tenía tanto miedo.

La tomo por su cintura y la siento en el escritorio. Tenemos que hablar, esto ha llegado demasiado lejos.

Da un respingo y se queja.

–¿Qué pasa?

Niega con la cabeza, asustada. –Nada.

–Fer. –Uso su nombre como una advertencia. Me mira sorprendida, pero vuelve a negar con su cabeza–. Dime –ordeno con la misma voz que uso con mis hermanos.

Arruga el ceño y mira sus manos. –No te enojes, ¿bueno?

La miro dejándole claro que ya estoy enojado.

Resopla. –Me duele… el trasero –susurra bajito, sonrojándose en el proceso.

Su timidez me hace sonreír. Estoy a punto de preguntarle por qué le duele el trasero, cuando recuerdo al chico nuevo con la correa en su mano.

–Te quedas aquí –ordeno furioso.

Voy a matar a ese idiota. Se va a arrepentir de haberle puesto la mano encima a Fer.

De pronto pierdo el equilibrio, y me toma unos segundos comprender, que Rapunzel se lanzó contra mi espalda. Sus manos están enredadas en mi cuello y sus piernas están cruzadas en mi estómago.

–No lo hagas, por favor –pide, hablando directamente en mi oído.

Su calor hace estragos con mi cuerpo.

–Bájate –ordeno.

–No lo haré, Woody. Si quieres ir a atacar a ese chico, tendrás que ir conmigo colgando.

Imagino la escena y me rio como hace tiempo no lo hacía, con carcajadas y todo.

Fer también ríe. –Claro, para que el señor simpatía ría, tiene que ser a mi costa.

Retrocedo con ella en mi espalda, y la siento con delicadeza antes de girarme. Acuno su rostro y la beso con fuerza, demostrándole todo lo que la he añorado estas dos semanas.

Rapunzel enreda sus dedos en mi cabello, y me acerca más a ella. Me meto entre sus piernas, y ella me abraza con ellas, exigiéndome más, siempre más.

El fuego que siento sólo a su lado comienza a calcinar mi cuerpo. Es un dolor tan dulce y nuestro, que me estoy volviendo adicto a él.

Nuestras lenguas se enredan la una a la otra, y cada vez profundizamos más el beso. Es como si quisiéramos comernos la boca del otro, absorber la esencia del otro.

Sí, estoy seguro. Nunca he besado a nadie como beso a Rapunzel.

Tiro de su hermoso cabello, que me mantiene soñando despierto, y soy recompensado por un largo gemido. Saboreo ese gemido antes de besar su hermoso y vulnerable cuello.

–Cristóbal…–gime cuando muerdo el lóbulo de su oreja, antes de saborear su mentón con mi lengua.

Me recuesto más sobre ella. –No ahora, Fer, por favor –ruego antes de morder su clavícula.

Gruñe extasiada cuando sigo bajando y, sin paciencia, levanto su camiseta para dejar al descubierto sus hermosos pechos.

Sus puntas oscuras me tientan como si se tratara del chocolate más dulce, y así es. Gruño cuando lo pruebo de nuevo.

Sus uñas lastiman mi cuero cabelludo, pero sonrío al sentir como tiembla bajo mi cuerpo. Me encanta sentirla así, vulnerable y excitada.

–No pares –gimotea a la vez que tira de mi cabello, guiándome a su otra punta que se alza ansiosa por mi toque.

¡Como me pone esta mujer!

Muerdo y succiono sus sensibles puntas y soy recompensado con sus movimientos ondulantes sobre el escritorio, que me producen mucho placer y ansiedad por tenerla aquí y ahora.

Bajo, por su hermosa piel color canela, besando, lamiendo y mordiendo todo a mi paso. Muerdo su cintura y beso un lunar hermoso que tiene bajo su costilla. Cuando llego a la ternura de su vientre me entretengo con su obligo y mordisqueo la piel sobre su pantalón.

El exquisito olor de su excitación tortura mis sentidos. Pongo mi nariz en el vértice de sus piernas e inhalo como un alcohólico lo haría con la mejor botella de whisky.

Su mano se enreda en mi cabello, y me obliga a subir para besar su boca que está hinchada y amoratada.

¿La mordí?

Miro en sus ojos color cacao, deseo puro, y sé que la seguiré mordiendo. No me puedo contener con Rapunzel. Cuando la toco el sentido común desaparece y sólo queda fuego.

Acuna mi rostro en sus manos y me besa con fuerza, exigente y generosa al mismo tiempo. Es fantástica. Sólo Fer da y exige a la vez. Nos devoramos mutuamente. Su lengua entra y sale, y sus dienten muerden y rasguñan mis labios, mi barbilla, mi oreja y mi cuello.

Me alejo cuando pierdo mi aliento. –Me vuelves loco, morenita –susurro mimando la carne de sus pechos.

Bajo besando su piel, ansioso y desesperado por probarla y tenerla a mi merced. Sólo para mí.

Mis manos desabrochan el botón de su jeans y bajo su cierre, mordiendo la ternura de su vientre.

–Woody –me llama jadeante.

Niego con mi cabeza, y la miro con una sonrisa. –Ahora no, niña. Tengo trabajo que hacer –musito mientras quedo prendado por el triangulo de tela roja que me encuentro.

¡Rapunzel usa ropa interior sexy! Beso el provocativo triangulo y bajo la tela con mis dientes, revelando su monte de venus completamente depilado. Sin nada que cubra la perfección de su sexo.

Me levanto y me acerco a su oído. –Me encantas, Fer –susurro mientras mi mano la acaricia. Me trago sus gritos de éxtasis.

Mis dedos encuentran su punto más sensible y gime fuerte. –Ah... Yo... no podemos –jadea. Muerde sus labios y cierra los ojos con fuerza, a punto de saltar por el borde... Y yo quiero ser quien la empuje.

Escuchamos a alguien tratando de entrar y nos tensamos. Siento su retirada. Se aleja de mí y veo como su cuerpo tiembla, frustrado, igual que la vez anterior.

Verla tan necesitada y vulnerable puede conmigo. No puedo dejarla colgada de nuevo.

– ¡FUERA! –grito–. ¡AHORA!

–Señor, tenemos que...

–¡DIJE QUE FUERA!

Las voces se alejan y el ruido cesa.

Fer me mira confundida, avergonzada y excitada al mismo tiempo.

–No te me escaparás de nuevo –advierto.

La empujo contra la mesa y saco sus zapatillas, seguido de su jeans y esa tanga que debería estar prohibida.

Sus ojos se abren el doble de su tamaño y me ruegan que no me detenga.

Me arrodillo en el suelo y abro sus piernas bruscamente. –Veremos que escondes, Rapunzel –susurro antes de besar sus hermosas piernas.

Todo en ella me trastorna. Es su sabor, su suavidad, su calor, su olor, su pasión... es todo.

Escuchamos de nuevo ruido, pero no pienso detenerme. Ellos no abrirán la puerta.

–No hagas ruido –susurro en sus muslos, antes de probarla por primera vez.

Tira de mi cabello con fuerza y escucho sus pequeños gemidos que escapan de su garganta. La miro, a la vez que disfruto de ella, y sonrío. Está luchando para no gritar. Su cabeza cuelga hacia atrás con su hermoso cabello oscuro y liso como seda, balanceándose al errático ritmo de su cabeza. Sus dienten muerden con tanta fuerza sus labios, que temo se haga daño. Pero sé lo que siente, mi cuerpo duele también.

Mierda, es exquisita.

Su cuerpo salta y un grito torturado sale de sus labios. Me pierdo viéndola. Es hermosísima, y verla así, con su rostro relajado, satisfecho y feliz, me hace feliz a mí. Feliz por ser el hombre que la condujo a ese estado.

Me levanto y la abrazo, besando sus labios, volviéndola a la vida. Sus ojos se abren y me miran con un brillo que me juro, jamás olvidaré, ¿cómo podría? Sus ojos parecen una cascada de chocolate derretido.

–Vaya, Woody... –jadea, tratando de recuperar el aliento.

Me siento a su lado y acaricio el contorno de su mejilla. –Fue un placer, Rapuzel.

Sus manos bajan por mi torso y acarician el duro bulto que empuja contra el cierre de mi pantalón, buscando una salida.

Los ojos de Fer se encienden y muerde su labio, viéndose tan tentadora, que gimo.

–No me gusta deberle nada a nadie, Cristóbal –susurra antes de desabotonar mi pantalón y bajar mi cierre–. Polo... Te hacía un chico Calvin.  –Sonríe antes de acercar su boca hinchada y amoratada a mi torso. Levanta mi camisa y besa cada uno de los músculos de mi estómago, los cuales se tensan bajo el dulce yugo de sus labios.

Enredo mi puño en su largo cabello, necesitando sentir que tengo el control aún, cuando la verdad es que no lo tengo desde que me levanté... Desde lo de esa mujer y mi hermana, y ahora con Rapunzel.

Cuando la mano de Fer me presiona fuerte, ya no puedo pensar más. Baja mi bóxer y juega conmigo despacio, burlándose de mí. Su cabello hace cosquillas en mis muslos y disfruto de todo cuanto veo, ya que es lo que he llevado soñando desde que la conocí.

Sus labios me prueban y gruño. Un gemido de placer nace del fondo de la garganta de Fer, antes de tomarme.

Diablos.

Cierro los ojos y tomo su cabello con más fuerza, guiándola, y dejándola libre a la vez. Ni siquiera yo sé que quiero.

Hay una ternura en la forma que me toma, que me confunde. Nunca he experimentado antes algo así. Todo con Fer es diferente.

Se que no podré durar mucho. Con la mano, que no está enredada en su cabello, presiono el escritorio con fuerza, tratando de mantenerme en la tierra, pero luego de unos segundos pierdo el control.

–Fer... –Mi voz suena irreconocible–. Fer... voy a terminar... Voy a... –Me ignora y prosigue con una sonrisa maliciosa, termino en una explosión tan grande como el fuego que siento al lado de esta mujer.

Mierda.

–Lo siento... –jadeo cuando recupero la conciencia.

Me guiña un ojo y sonríe perversamente. –Muy rápido con el gatillo, ¿no, Woody?

Me levanto y la recuesto sobre el escritorio, dispuesto a hacerle tragar sus palabras. –Ya verás quien es más rápido con el gatillo –la amenazo.

Busco un condón en el bolsillo de mi pantalón, ansioso por hacerla mía.

Mía.

–Cristóbal, soy yo. –Escucho la voz de mi tío al lado de la otra puerta–. Es urgente.

Mierda. No ahora.

Gruño furioso. –Esto no se quedará así –le digo a Fer, apuntándola–. Lo terminaremos en otra oportunidad.

Nos incorporamos y arreglamos nuestra ropa en un tiempo record.

Las mejillas de Fer se encienden cuando mi tío entra, paseando su mirada dorada, que brilla con diversión mal disimulada, desde ella hacia mí y viceversa, evaluándonos con una sonrisa que no deja de crecer.

Me tenso, no por mí, sino por Rapunzel.

Mi tío levanta sus manos. –De verdad que lamento aguarles la fiesta, pero es urgente. Mil disculpas, señorita.

–Fer –le aclaro.

La aludida mira el piso, incomoda. Paso mi brazo sobre sus pequeños hombros y la acerco a mí.

–Tío, iré a tu casa luego, ¿sí? Tengo que llevar a Fer a su casa.

–No. Puedo... puedo tomar un Uber.

Mi tío la mira y sonríe. –No digas tonterías, Fer. Cristóbal te llevará.

–¿Vamos? –le pregunto, ansioso por salir de aquí.

Asiente, desesperada, creo, por salir de esta situación tanto como yo. –Sí. Hasta luego –susurra bajito, mirando a mi tío.

–Hasta luego, Fer. Estoy seguro que nos veremos otra vez.

Saco a Rapunzel rápidamente de la oficina. Sin duda esta ha sido la situación más vergonzosa que he vivido últimamente.

Le abro la puerta de mi auto y la ayudo a subirse, antes de dar la vuelta y entrar. Lo enciendo y comienzo a manejar.

–Lo siento –susurro cuando ya estamos en la carretera.

Fer mira sus manos en su regazo, viéndose tímida, pero luego sonríe y me mira con sus ojos color cacao, encendidos. –Yo no, Woody. Valió la pena, ¿no?

Gruño, logrando que sonría. –Sí que lo valió.

Luego ambos nos quedamos en silencio, perdidos en nuestros pensamientos. Cuando llegamos a la ciudad, la tensión sexual en el auto es tan fuerte que juro que la puedo palpar.

Me detengo al llegar a mi destino.

Los ojos de Fer me miran acusadoramente. –¿Cómo demonios sabes dónde vivo?

Sonrío. –Yo también soy curioso –devuelvo–. Llamémoslo empate. –Chasquea con su lengua y niega con la cabeza–. Te devolveré tu cámara. Ahora no tengo tiempo, pero tenemos que conversar –agrego rápidamente.

–Pero yo tengo que...

Niego con la cabeza. –Ahora no, Fer.

Se desabrocha el cinturón y se gira hacia mí. –Gracias por traerme. –Se acerca, tentándome. Su aliento cosquillea en mis labios. Me acerco a su boca, ansioso por probarla de nuevo, pero se aleja con una sonrisa maliciosa–. Ahora es un empate –dice antes de bajarse del auto en un movimiento.

Sonrío mientras la veo caminar hacia su puerta. No sé cómo lo hace, pero siempre logra sorprenderme.

Rio antes de dirigirme dónde mi tío. El trabajo llama.

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Comments

Bettzi Iseth Nieto Peralta

Bettzi Iseth Nieto Peralta

que estupido es ése Cristóbal, cómo pretende que le cuiden sus cosas?

2025-01-16

1

Adriana Romero

Adriana Romero

Estos dos ya están en el infierno 🔥 que desataron, y no hay bomberos 🚒 que apaguen esta llama

2025-04-01

0

Tere Roque 🇨🇺

Tere Roque 🇨🇺

me encanta 💖 ña pareja k hacen ell@s 2, de verdad 👍🏻 ♥️ 💕 💖 😌 ❤️ 👍🏻 ♥️ 💕 💖 😌 xq su pasión brota x los poros y muyyyyyyyyyyyyyyyy pronto será el amor 💘 el k brote a borbotones entre ell@s

2024-08-11

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