–Gracias, colega.
Escucho a través de mi celular.
Resoplo. –Si mi tía me descubre estaremos en graves problemas.
Mi tío ríe. –Tú avísame y yo tomo a mis hijos y me mudo a Alaska.
Niego con la cabeza. –No es demasiado lejos, tío –digo antes de cortar.
Me incorporo al tráfico y me dirijo al lugar acordado para la entrega. Es una suerte saber dónde voy, así no los tengo que seguir y puedo tomar otra ruta para no levantar sospechas.
Mi tía tienes ojos en su nuca.
Mi celular suena y al ver que es mi papá, contesto con el manos libre.
–Hola, papá.
–Hola, hijo.
–Estoy en medio de algo.
–No te quito mucho tiempo. ¿Mila te contó que se iría de viaje de compras con su amiga por este fin de semana?
Mierda.
–Algo le escuché. ¿Hablaste con mamá? –pregunto para averiguar si la enana me dijo la verdad.
Un suspiro cansado es lo que escucho. –Sí, Jess le dio permiso sin consultarme primero.
–Papá, Mila ya no es una niña, debes soltarle más las riendas.
–Es una niña, mi pequeñita y debo cuidarla. ¿Fuiste a la casa de David hoy? –pregunta de pronto serio.
–Sí, estuve hace una hora allá.
Mierda, ya sé por dónde va.
–¿Viste a Migue?
Suelto una maldición en silencio. Odio mentirle a papá y ahora debo hacerlo por culpa de mi hermanita.
–Mmmm, no lo vi, pero estaba en su habitación, Lily me lo dijo –miento.
El suspiro de alivio de mi papá sólo me hace sentir peor. –¡Qué alivio! Gracias, hijo. Cuídate –ordena.
–Siempre lo hago, papá. Aprendí de los mejores.
Papá ríe. –Ese es mi hijo. Hablamos más tarde.
–Hablamos, papá.
Mierda. Debo hablar con mamá y Mila, deben decirle la verdad a papá. Si le explican con calma el entenderá, ¿verdad?
Paso mi mano por mi cabello, con la sensación de que primero se congela el infierno antes de que mi papá entienda lo que está pasando con su única hija.
Dejaré eso para después, ahora debo concentrarme.
En menos de media hora llego al lugar. Estaciono a medio kilómetro y dejo el auto fuera de la vista. Me acerco poco a poco con extremo cuidado.
A veces mi tía da miedo.
Un reflejo vino tinto llama mi atención. Alzo la vista y a unos treinta metros de distancia está esa chica.
¡Rapunzel!
Sabía que algo extraño pasaba con ella.
La veo caminar agachada, escondiéndose también. A lo lejos veo a los hombres de mi tía y me tenso, si la encuentran fisgoneando pueden lastimarla. Por suerte la chica se mete a una desvencijada casa que ya se viene abajo.
Suspiro aliviado.
Pero, ¿qué mierda? ¿Qué hago yo preocupado por esa chica?
Sé que debo vigilar la entrega y a mi tía, pero la curiosidad puede conmigo y camino hacia la casa.
–No hay lugar dónde podrás esconderte de mí, Rapunzel.
A lo lejos veo a mi tía dando órdenes y sonrío. Le gusta su trabajo casi tanto como a mí.
Espero detrás de una cerca hasta que los hombres se alejan y luego avanzo hacia la casa.
Abro la puerta y veo a Rapunzel en la ventana, tomando fotos, y a un ratón que corre en círculos a su espalda.
¿Caí dentro de una película de Disney?
El ratón repara en mí, y se congela. Rapunzel ajena a todo, sigue tomando fotos sin parar. Su hermoso cabello oscuro se mueve con ella y veo en el reflejo de la ventana una hermosa sonrisa partir su rostro.
Se inclina para tomar otra foto, y mis ojos se disparan a su perfecto trasero.
Mierda.
El inesperado calor se concentra en mi ingle y me pongo duro en un segundo. Y como el idiota que soy, me apoyo en el marco de la puerta y sigo disfrutando de la vista en vez de detenerla.
Mierda, si es policía no puedo dejarla salir de aquí con vida. Miro una vez más su trasero, sería una lástima.
Rapunzel se gira y mira al ratón. Hace un gesto extraño en su rostro y luego repara en mí.
Ambos, Rapunzel y Mickey Mouse, me miran aterrados. Disney en toda su gloria.
–Si yo fuera tú no haría eso –murmuro chasqueando mi lengua–. Has sido una chica muy mala.
Sus hermosos ojos oscuros, del color del cacao, se amplían dos veces su tamaño.
–Oh, oh –susurra, al igual que mis hermanos cuando los descubría haciendo algo malo, y luego cae al suelo.
–Genial.
Me acerco a ella y tomo su pulso, distraído un momento por la suavidad de su piel.
Acaricio su mejilla. –Estarás bien, Rapunzel. Bueno, a no ser que seas policía.
Rebusco en su pantalón, demorándome un poco más de lo necesario en sus bolsillos traseros. Cuando no encuentro nada, a excepción de un perfecto culito respingón, reviso su mochila.
–Bingo –susurro cuando tomo una tarjeta laminada–. Periodista –mascullo mirando a la chica–. Una periodista. Lo que nos faltaba.
Su tarjeta dice María Fernanda Montero Jara, pero ella lo rayó y anotó encima Fer.
–Así que Rapunzel tiene nombre. –Cojo su cámara y reviso las fotos, la mayoría son de mi tía. Sigo avanzando y jadeo sorprendido al ver muchas fotos mías, y de mi familia–. Estás jugando un juego peligroso, Rapunzel.
Sigo avanzando y en la cámara aparece un gato enorme, muy gordo, naranjo con blanco, que mira ceñudo. Luego hay varias de un hombre y en una foto, ambos se están besando.
Ignoro el arranque de ira que me produce mirar la pantalla.
Dejo la cámara y miro por la ventana como se produce el intercambio. Tomo mi arma y apunto al comprador. Nunca se sabe. Un movimiento y está muerto.
–No, Pelusón. –Me giro y sonrío al ver que está hablando dormida–. ¡No seas fastidioso!
Pobre chica, se ve que ni siquiera puede controlar a su gato.
Vigilo hasta que finalmente todos se van, incluida mi tía Sam.
Tomo la cámara una vez más y retiro la memoria. –¿Y ahora qué haré contigo, Rapunzel?
Tomo su bolso y sus cosas y luego la recojo del suelo. Es ligera como una pluma.
Mueve su rostro hacia mi cuello y suspira. Gruño despacio al sentir sus labios carnosos en mi piel.
Cuando salgo de la casa, el ratón sale corriendo lo más rápido que puede, saltando algunos tramos. Estoy atrapado en una película infantil. Sólo faltan que las aves vengan a peinar el hermoso cabello de Rapunzel.
Por un reflejo miro hacia atrás y veo enganchado en la ventana un pañuelo de seda rojo. Me devuelvo sobre mis pasos y lo tomo. Claramente lo usó para limpiar el vidrio ya que una parte está muy sucio, pero la otra no. La otra huele a su dueña. Vainilla, coco, y café.
Intoxicante y delicioso.
A lo lejos veo otro auto y deduzco que es el de ella.
–Te daré una oportunidad, Rapunzel. No me hagas arrepentirme de esto.
Saco la llave del bolso de su cámara y abro el auto.
Su suspiro me detiene y miro esa boca que me grita que la bese. Me acerco inconscientemente, esperando que mamá nunca se entere de lo que estoy a punto de hacer, porque se sentiría avergonzada de haber criado un hombre así, que se aprovecha de una chica inconsciente.
Acaricio mis labios con los suyos y mis ojos se cierran.
–Mmmm –ronronea y sonríe–. ¿Jaime?
Ignoro el repudio que me produce ese nombre y acaricio sus labios de nuevo, como despedida, pero Rapunzel enreda sus dedos en mi cabello y me besa aún dormida.
Mierda.
Su boca se abre como una hermosa flor en primavera y me deja probar su dulzura. Ambos jadeamos. Suelto su bolso y enredo mi mano libre en ese hermoso cabello, y la acerco más, necesitando probar su dulce miel.
–¿Soy mejor que ella? –pregunta en un susurro.
Acaricio su mejilla para borrar ese gesto triste. –Diablos, sí –respondo aún acariciando sus labios–. Mucho mejor.
Sonríe y oculta de nuevo su cara en mi cuello.
Mi pantalón se siente muy incómodo de pronto. A regañadientes la dejo en el suelo, al lado de su auto. Pongo su bolso como cabecera y saco mi chaqueta para proporcionarle calor.
Rebusco en su auto y encuentro un cuaderno y un lápiz. Le escribo una nota y la dejo sobre su estómago. Arranco un manojo de flores silvestres y las uso para sujetar la nota.
–Fue un gusto, Rapunzel.
Me arrodillo a su lado y acaricio su suave mejilla una vez más y me obligo a alejarme.
Sin embargo, mi mamá me educó bien, y la vigilo hasta que despierta. Su expresión es un chiste. Lee la nota y hace una mueca extraña.
Luego toma su cámara y grita ofuscada al percatarse que la memoria ya no está.
Sonrío antes de caminar hacia mi auto con su pañuelo en mi mano y su sabor en mis labios.
*****
Paso el pañuelo entre mis dedos mientras bebo una cerveza recostado en mi sofá. Sin poder sacar la sonrisa de mi rostro.
–Eso fue divertido. –Cierro los ojos al recordar a Rapunzel y su sabor–. Muy divertido.
Definitivamente fue un buen día. Vigilé la operación de mi tía, hice feliz a mi tío y pude probar la dulzura de esos fantásticos labios.
Mierda. Se me pone dura sólo de recordarla.
La puerta de mi departamento se abre, y gruño.
–¿En serio? –le pregunto a Guillermo–. Es que no conocen la palabra privacidad.
Sus ojos dorados se abren con humor y levanta las manos. –Lo siento, bro. Pensé que no estarías. Papá me dijo que estabas ocupado hoy. –Deja caer sobre el sofá un bolso–. Me dejó el auto hoy, así que en agradecimiento fui a buscar tu ropa a la tintorería.
Me levanto y desordeno su cabello negro, como el mío y el de papá. –Gracias, hermano.
–Gracias a ti por prestarme tu apartamento el otro día –dice y me guiña un ojo.
Golpeamos los puños y luego se sienta a mi lado. –¿Cerveza?
Niega con su cabeza. –Estoy manejando.
Miro la hora y hago un gesto de desprecio con la mano. –Quédate, pedimos una pizza y conversamos.
Guillermo sonríe y coge una cerveza. –Llamaré a mamá. –Saca su celular y llama–. Mami, hola. –Sonríe–. Te llamaba para decirte que me quedaré con Cristóbal esta noche.
–¡Yo lo cuido! –Alzo la voz para que mamá escuche, la escucho reír.
–Dile a papá que su auto está a salvo. Lo estacioné en el subterráneo. –La cara de mi hermano cambia y niega con la cabeza–. Mamá no deberías hacer eso –empieza–. Mila hace mal, no debe mentirle a papá. –Me mira con desconfianza y desaprobación–. Sé cómo es papá, pero…–Suelta un suspiro cansado y comienza a pasearse por mi sala–. Hablaré con mi nina cuando vuelva. Yo también te amo, mami. –Se gira hacia a mí–. Mamá dice que te ama y que nos cuidemos.
–Yo también te amo, mamá –digo fuerte para que escuche.
–Nos vemos, mami.
Se deja caer en el sofá y me da su mirada. Su famosa mirada, conocida por toda nuestra familia.
Todos nos metemos con Guillermo, porque es un chico muy dulce en verdad, pero hay momentos en los que no se puede negar que es nieto de nuestro tata, El Emperador, e hijo de papá. Y este es uno de esos momentos.
–No me parece lo que están haciendo con papá. Mila me va a escuchar –musita.
Golpeo su hombro. –Entiéndela, Guillermo. Papá no la deja tranquila, ella también necesita libertad. Tú también te escapas con Sofía, de hecho, muchas veces has ocupado mi departamento.
–Sí, pero yo no le miento a nadie.
–Esa es la diferencia, bro. Tú puedes hablar con papá, pero si Mila lo hace…–Silbo–. Te aseguro que eso no saldrá bien. Papá se rehúsa a creer que su niña ya creció.
Guillermo toma su botella y bebe. –Mila debería hablar con papá, hacerle entender. –Arruga su ceño, concentrado–. La conoces, puede tomar malas decisiones. Además, por ganar, quizá qué se le ocurrirá.
Bebo mi cerveza y reprimo un escalofrío.
–No te preocupes, todo saldrá bien. –Lo miro y sonrío–. ¿Cómo está Sofía?
Guillermo sonríe y sus ojos dorados se iluminan. –Preciosa como siempre.
Rio. –Te tiene bien atrapado, ¿no?
Asiente con una gran sonrisa. –Muy atrapado. La amo, bro.
Sonrío y desordeno su cabello. –Lo sé.
Me mira, a la vez que sube sus pies a mi mesa de centro y bebe otro sorbo de su cerveza. –¿Y tú que cuentas?, ¿alguna nueva conquista?
Una imagen de Rapunzel cruza mi cabeza, y sonrío.
Los ojos de mi hermano se abren con sorpresa. –Dispara –ordena.
–No es lo que crees…
Escuchamos un golpeteo en mi puerta. Saco el arma que tengo en uno de los cajones de mi mesa de centro y la meto en mi pantalón. Nunca se sabe, además, no estoy esperando a nadie.
–Cuidado –le advierto a Guillermo.
Se sienta y veo como sus sentidos se agudizan. A pesar de haber elegido estudiar la carrera de mamá y llevar una vida tranquila, se ve que también tiene los instintos de papá y del abuelo.
Me acerco a la puerta y miro por la mirilla. Me relajo un ápice al ver a un trabajador del correo.
Abro. –Buenas tardes. –Mira la pantalla de una especie de Tablet que tiene en la mano desocupada–. ¿Señor Cristóbal Guerrero Henríquez?
Me tenso de inmediato. –No –espeto.
Mira la pantalla, frunciendo el ceño y luego mira la puerta. –La dirección es la correcta.
–Le dije que ese no es mi nombre. Me llamo Cristóbal Guerrero González, no Henríquez –escupo.
El chico se incomoda con mi reacción. –Seguramente es para usted, a lo mejor en la agencia cometieron un error al anotar.
Me muestra la carta y tiene escrito a mano ese nombre al que ya no respondo.
–No recibiré esa carta. Si me disculpa –digo y cierro la puerta.
Afirmo mi espalda en la puerta y trato en vano de controlar mi respiración.
–¿Por qué ese hombre te llamó Guerrero Henríquez? –pregunta mi hermano.
Mierda.
–Ese era mi apellido… Ya sabes, hasta antes de que mamá y papá me adoptaran.
Guillermo frunce su ceño, preocupado. –¿Crees que se trata de tu familia biológica materna?
Asiento y pateo la puerta. –No le digas a mamá, Guillermo. –Arruga su ceño, claramente disgustado por mi petición–. Por favor. No quiero que se preocupe.
–¿Hay algo de lo que preocuparse?
Niego con mi cabeza. –Nada. No le digas a Claudio tampoco. No dejaré que esa mujer se acerque a mi hermano ni a mí.
Guillermo se pone de pie y se acerca a mi lado. –No diré nada. Tranquilo –me calma antes de abrazarme–. Olvídalo. Esa mujer no es nada tuyo. Además, si se acerca…–silba y ríe–. Mamá la pulverizará.
Me relajo y rio también, al imaginar la escena. –Sí, mamá da miedo a veces.
–Sí. Anda, pidamos esa pizza que me prometiste.
Asiento y golpeo su hombro. –Saliendo unas pizzas –digo a la vez que marco el número de mi pizzería favorita y me obligo a olvidar lo sucedido.
Como me he obligado a olvidar a esa mujer.
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Comments
Tere Roque 🇨🇺
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣 xd y la VRIGEN jajajaja 🤣 😂 🙊 k ocurrencias tienes
2024-08-09
1
Tere Roque 🇨🇺
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣 WAOOOOOOO jajajaja 🤣 k cosas
2024-08-09
1
Aida Esperanza Camino Villarreal
Me parece un episodio incoherente, cómo puede ser posible que en un problema de espionaje a un grupo de personas peligrosas, en un descampado, la espía que está temerosa y nerviosa se quedé dormida? Podría ser tal vez desmayada por la impresión, pero...dormida?
2024-06-16
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