Cristóbal

–Hijo, ¿qué te pasa?

Me giro y veo preocupación en la mirada dorada de mi mamá. –Nada, mamá.

Resopla y dentro de esta locura, sonrío. Sólo mamá podría hacerme sonreír un día como hoy.

Recuerdo lo que dijo esa mujer y todo mi cuerpo se congela. Claudio es hijo de un desconocido, no es hijo de mi papá César que tanto lo amaba.

Esa maldita mujer.

Siento una caricia en mi mejilla. –En serio, cielo, me estás preocupando.

–Necesito hablar con Claudio, es importante.

Mamá asiente, y me estudia. –Debe estar por llegar –dice mirando la hora–. Te amo. Lo sabes, ¿verdad?

Asiento con una sonrisa y tiro de ella para que se siente a mi lado en el sofá.

–Lo sé, mamá. Me amas como yo te amo.

Acuna mi rostro y besa mi frente y mis dos mejillas. –Así es, mi amor. Sabes que puedes decirme cualquier cosa. No juzgaré, no me enojaré y no te amaré menos por ello… Espera, ¿o esto es por una chica?

Rio y niego con la cabeza. Aunque no puedo evitar pensar en Fer, y en lo que hicimos ayer. Necesito hablar con ella, y también necesito follarla para poder sacarla de mi sistema. Se está volviendo un maldito inconveniente en mi vida. Y justo ahora no necesito más.

–No, mamá… Es…–Miro sus ojos y sé que no puedo mentirle. No a ella que me ha dado tanto–. Recibí una carta…

Un grito me distrae, y me tenso al escuchar a papá maldecir como nunca lo he escuchado antes.

Entra en dos zancadas a la casa. –¡MILA, VEN ACÁ AHORA MISMO!

Mi mamá se levanta al igual que yo, al ver a papá tan enojado.

–¿Qué pasa, mi amor? –le pregunta mamá, tomando su hombro.

–No me toques –le sisea. Mi mamá retrocede por la sorpresa. Papá nunca le ha hablado así. Nunca–. Sabías esto, ¿no?

–Christopher, cálmate. No tengo idea de qué me estás hablando.

Papá toma a mamá del brazo bruscamente. Me acerco a papá, dispuesto a alejarlo de mamá de un golpe si es necesario. No me gusta lo que veo en sus ojos.

–Saqué la basura, y una bolsa se rompió y mira lo que encontré –sisea mostrándole una prueba de embarazo. Mamá la ve y se pone blanca como la cera.

Mila baja las escaleras y cuando ve lo que tiene papá en su mano, se cruza de brazos.

–No…–murmura mamá–. No es…

Papá suelta el brazo de mamá y por un segundo su expresión cambia, se ve feliz incluso. –¿Es tuyo, mi amor?, ¿seremos padres de nuevo? –pregunta viéndose feliz y esperanzado.

–Es mío –dice Mila, bajando los últimos escalones.

Santa mierda.

Tomo a papá de los brazos antes de que mate a mi hermana.

–Me voy a casar con Migue. ¡Y podré por fin salir de esta casa!

Papá trata de acercarse a su hija, pero uso toda mi fuerza, para detenerlo.

–Sobre mi cadáver, ¿me escuchas, Mila? Primero muerto antes de dejar que te cases con ese chico –espeta papá.

Mamá se acerca a mi hermana y acuna su rostro. –¿Por qué, hija? Hablamos tanto… Estoy muy decepcionada de ti, cariño.

Mila por un segundo se ve triste, pero luego se recupera y apunta a papá. –Él me obligó, mamá. No dejándome vivir tranquila con Migue… Entiéndeme, ¿sí? Necesitaba una salida. –Acaricia su vientre–. Ahora tengo una. Me casaré con el padre de mi hijo –termina mirando a papá y poniendo ese gesto terco.

Papá se suelta de mí, y coge a Mila por los brazos. –Tú no te vas a casar con ese chico –dice y la sacude.

Mamá trata de alejarlo de mi hermana, pero nadie puede. Yo también trato de tomar a papá.

–Ya suéltenme –sisea–. Nunca le he puesto una mano encima, y nunca lo haré. –Se gira hacia mamá y la apunta–. ¡Esto es tu culpa! –le grita. Todos nos paralizamos, incluidos Claudio y Guillermo que vienen entrando–. Tú le permitiste que saliera con él. No te lo voy a perdonar nunca, Jess. ¡NUNCA! –grita y se aleja de todos. Toma las llaves de su auto y camina a la puerta–. ¡Voy a matar a ese chico!

Mila corre hacia papá, pero éste cierra la puerta y se sube a su auto antes de que alguien lo pueda detener.

–¿Qué pasa? –pregunta Claudio.

Guillermo mira a Mila y niega con la cabeza. –Sabía qué harías algo así. ¿Es que no tienes cabeza? Mira lo que provocaste –la acusa.

Mila baja los hombros y sé que le duele que mi hermano la regañe. Siempre lo ha escuchado y todos sabemos que siempre le ha importado lo que Guillermo piense o diga de ella.

–Entiéndeme…–empieza, pero Guillermo la detiene levantando la mano.

Abraza a mamá, que está cada vez más blanca. –Acabas de romper a la familia. ¡Mira a mamá! Esto es lo que querías, ¿no? Espero que estés feliz ahora.

Claudio ve la prueba de embarazo en el suelo, y su rostro cambia de inmediato.

–¡Lo voy a matar! –espeta.

–¡Ya basta! –ordeno–. Lo hecho, hecho está. Ahora debemos calmarnos. –Veo a mi hermana llorar y me imagino que eso no debe ser bueno para el bebé–. Ve a acostarte, Mila.

Niega con la cabeza. –No puedo… Papá… Debo proteger a Migue.

Claudio se prepara para atacar, pero lo detengo con una mano. –Se acabó –sentencio–. No más recriminaciones. Iré por papá –le aseguro a mi hermana–. Ve tranquila.

Tomo mis cosas y mamá se separa de Guillermo, recuperándose del estado de estupor en el que estaba. –Voy contigo –musita con una voz tan triste y preocupada que yo mismo me tengo que controlar para no gritarle a Mila por todo esto.

Salimos y nos subimos a mi auto. Mamá comienza a llorar de inmediato.

–Mamá, tranquila –pido.

–No puedo creer esto. ¿Es mi culpa? –pregunta en un susurro–. Yo autoricé a Mila, yo mentí por ella, ¿y ahora? Tu papá no me va a perdonar. Me debe estar odiando en este momento.

Tomo su mano helada y la beso. –Tranquila, mamá. Esto es culpa de Mila y papá. Esto se volvió una especie de competencia entre ellos, y ya sabes como es mi hermana, tenía que ganar.

–Acelera –dice de pronto–. Tu papá siempre carga una arma en su auto.

Acelero y en menos de diez minutos diviso su auto, sin embargo no logro darle alcance.

Entro a la casa de mi tío, y debido a que sus hombres nos conocen y no sospechan nada, nos dejan pasar sin problema.

Papá detiene el auto y sale de un salto y entra a la casa, sin llamar a la puerta.

Nos bajamos rápidamente y corremos tras él.

–¡MIGUE REYES RODRÍGUEZ, DA LA CARA, SÉ UN PUTO HOMBRE! –grita furioso como nunca lo he visto en mi vida, y como nunca espero volver a verlo.

Mis tíos bajan de la escalera rápidamente al escuchar a papá.

–¿Qué es esto, una especie de juego? – pregunta mi tío sin entender nada.

Papá saca su arma y lo apunta, sorprendiéndonos a todos. –Dile a esa rata que tienes por hijo que salga –le sisea.

Mi tía se adelanta, furiosa. –Un momento. Tú no vienes a mi casa a apuntarle a mi marido, y mucho menos a gritarle a mi hijo –espeta, acercándose a papá–. Si no quieres que esto termine muy mal, vete de aquí.

Veo como mamá le dice a mi tío, moviendo los labios, lo que pasó. Cuando éste entiende, se torna blanco, como ella.

–¿Qué pasa?

Todos nos congelamos al escuchar a Migue, bajando la escalera.

Mi tío se acerca a él. –Nada, hijo. Ve a tu cuarto.

–Aquí estás –dice papá antes de intentar acercarse a Migue, pero entre todos lo detenemos.

Mi tía saca un arma y le apunta a papá. –Te acercas un paso más y te mueres –amenaza, y todos sabemos que mi tía nunca amenaza en vano–. Le tocas un pelo a mi hijo, y vamos a tener serios problemas.

Migue se ve cada vez más confundido. –¿Mila está bien? –pregunta angustiado.

Papá lo apunta. –No te volverás a acercar a ella. Inténtalo y te mueres.

El rostro de mi tío cambia y puedo ver al hombre peligroso, al que todos temen.

–Nadie amenaza a mi hijo –sisea–. ¡FUERA DE AQUÍ! –grita antes de disparar al suelo, a unos metros de distancia de los pies de papá.

Los hombres de mi tío y de mi tía, aparecen en menos de cinco segundos, alarmados por el ruido. Veo, por sus expresiones, que no entienden nada.

Migue se ve cada vez más molesto. –Alguien me puede decir qué mierda está pasando.

Mamá lo mira y asiente. –Mila está embarazada.

Migue se ve como si le hubiesen dicho que la tierra es plana, o alguna tontería similar.

–Pero… ¿cómo? Eso no puede ser. –Mira a sus padres y luego a mamá, sin entender nada–. Fuimos muy cuidadosos.

Papá se pone rojo de furia. –¡ABUSASTE DE ELLA! –grita, acusándole–. Te voy a hundir en la cárcel.

Mi tía se ve furiosa. –¿Y qué con tu hija? Una relación es entre dos, y si ella no hubiese estado tan encima de mi hijo…

Papá parece que hubiese tragado harina y comienza a toser–. ¡No me hagas reír, Samantha!

–Debo ir con Mila –dice Migue bajando la escalera.

–Ya lo sabes, Migue. Si te acercas a mi hija, estás muerto.

Mi tío se acerca a papá y lo empuja. –¡Fuera de mi casa!

–Papá, debo ver a Mila. Vamos a ser padres, tengo que estar con ella –dice desesperado tirando de su pelo.

Niego con mi cabeza. –Migue, ahora no es una buena idea, ¿sí?

–Pero…

–Migue, por favor –le ruega mamá antes de girar hacia papá–. Si no quieres tener problemas conmigo, Christopher, vete de aquí –amenaza–. Esta es la casa de mi primo, y él no te quiere aquí –masculla furiosa, dolida y avergonzada.

Papá, de pronto, mira a mamá con algo de miedo, pero se recupera. –Haz lo que quieras –espeta antes de salir.

Mi tío abraza a mamá y la deja llorar en sus hombros.

–Lo siento, ¿sí? –se disculpa.

–Tranquila, prima.

Mi tía trata de calmar a Migue, quien se ve angustiado, feliz, y ansioso al mismo tiempo.

Migue se acerca a mamá y la mira de frente, como todo un hombre. –Yo responderé por Mila y nuestro hijo, que no le quepa duda de ello.

Mamá llora y acaricia la mejilla de Migue.

–Le juro qué no sé cómo pasó. Fuimos muy cuidadosos.

Mi tía resopla. –Seguramente esa niña lo hizo a propósito…

–Mamá –espeta Migue, mirándola–. No te atrevas a hablar mal de Mila.

Mi tía se cruza de brazos, y asiente. –Perdón, mi amor. Es sólo…

Asiento. –Lo sé, estamos todos nerviosos. Hablaré con papá, le haré entender.

Mamá niega con su cabeza. –Tu papá no nos va a perdonar… Menos a mí –susurra triste como si tuviera el corazón roto.

–Yo hablaré con él –dice Migue.

–¡No! –exclamamos todos a la vez.

–No es el mejor momento, Migue, dale un tiempo.

–Tengo que verla.

–Por favor –insisto.

Asiente a regañadientes.

–Vamos, mamá –digo.

Asiente y me sigue.

Cuando llegamos a la casa nos damos cuenta que papá no está.

–Tiene que estar en una de sus oficinas –murmura mamá–. Ve a hablar con él. Yo hablo con Mila.

Me giro a Claudio antes de salir. –Necesito hablar contigo, es urgente. Ve a mi departamento esta noche.

Asiente sin preguntar nada. Sabe que no es el momento.

Ahora debo encontrar a papá.

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Comments

Adriana Romero

Adriana Romero

La locura de Christopher no tendrá límites, su adorada hija lo defraudó y ahora pagará las consecuencias Jess, tendrán que darle tiempo al tiempo para que las aguas regresen a su sitio, se calmen las pasiones y recuerden el amor /Heart/de la familia

2025-04-01

1

Adriana Romero

Adriana Romero

No quiero estar en los zapatos de ninguno, lo que desata la 😩 inconsciencia de Mila, cree que el 🌎 gira a su alrededor, espero que el amor 💘 de ella y Migue les alcance para solucionar este problema

2025-04-01

1

Mauren Coronado

Mauren Coronado

Este Christopher, esta peor con Mila, de lo que fue Sam

2025-01-06

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