Mis manos recorren el contorno duro y cálido. Saber que el dulzor que conlleva sentirlo en mi boca, como se deshace en mis labios hacen que se me llene la boca de saliva.
La junta de lo dulce con lo prohibido es como una batalla contra el bien y el mal. Es saber que, aunque te engorde no puedo dejar de llevarlos a mi boca, pero en este momento la culpa me invade y si sigo así no sé cuándo parare. Debo admitir que me estoy volviendo adicta al chocolate.
—Jader, Amy deja de jugar con eso que se derrite —Sylvanas me quita chocolate de mis manos y procede a quítale el envoltorio, parte en partes iguales y me tiende la mitad—. Mira ya lo dejaste todo blando de tanto que lo amasaste.
—Deja de quejarte que está rico igual... —me quejo con la boca llena, mientras siento como se escurre algo de esta delicia por las comisuras de mis labios que se mesclan con las lágrimas que no dejan de salir de mis ojos.
—¡Dios, amo los días de mal de amores! —dice mi compañera a mi lado que recibe una mirada furibunda de mi parte a lo que ella se encoje restándole importancia—. ¿Que? El chocolate es lo mejor, ¿ahora seguimos con el helado?
Creo que no elegí bien a la hora de desahogarme con alguien. Amo el chocolate, el helado y todas esas chucherías. Pero enserio ya me duele la panza y no entiendo cómo es que ella puede comer tanto sin tener un gramo demás en todo su sistema y lo peor de todo que no tiene fin, traga que te traga sin más.
Suspiro y me dirijo al refrigerador a buscar el dichoso helado. Mañana deberé de correr alrededor de veinte horas para bajar todo lo que he comido y todo por culpa de él.
Recordar me hace sentir nuevamente pésima. Mis ojos nuevamente se llenan de lágrimas y odio sentirme así. ¿porque no dejo que sigamos? ¿Sera que no me quiere? ¿no le gusto para nada? O no él sabe que soy virgen y a lo mejor sabe que no sabre muchas cosas y una de ellas es que lo deje con las ganas.
Frustrada vuelvo al lado de mi amiga y destapo el pote de helado, tomo una cochara y la cargo para llevarla a mi boca y llorar como una magdalena mientras el frio del helado atraviesa mi garganta.
Seguimos comiendo como almas en pena mientras vemos películas ridículas de amor que solo logran hacer me llorar más, todas esas malditas terminan teniendo un pedacito de cielo de sus parejas ¿y yo que obtuve? Una llave que me dejo dormida como un bebe, solo que este bebe estaba en tanga.
Gracias dios por elegir mi peor momento para morir virgen.
—No vas a morir virgen —dice mi amiga a mi lado y la miro, ¿acaso lee mi mente o solo lo dije en voz alta? —. Lo dijiste en voz alta —bien, ahora estoy loca.
—Vas a pensar que estoy loca —murmuro apenada tragando más helado, enserio ya me duele la barriga.
—No, no necesito pensarlo ya lo eres —dice muy tranquila y le pego un empujón—. Uch... Te gusta mi hermano, más loca que eso no creo que estes.
—No soy la única que gusta de el —refunfuño dejando el pote de lado.
—A mi parecer sí, pero bueno —la veo acomodarse en la cama y dejar la cuchara que tiene dentro del pote junto a la mía—. ¿Qué haras ahora?
—Tomare un vaso de agua y volveré a mi departamento y seguiré llorando como la perdedora que soy.
—¡Hay voy a matar a mi hermano, acaba de arruinar a mi mejor amiga! —suspira con las manos hacia el techo reprochándole no sé qué.
—Amas a tu hermano, no harás nada de nada —digo tomando mi celular y viendo cómo se ilumina la pantalla con la llamada entrante de mi querido y mentiroso tío.
Corto la llamada, veo que también tengo llamadas de Audin y decido apagar el aparato no me apetece hablar con ninguno de los dos.
—Podríamos hacerle alguna broma —dice con la mirada perdida—. No sé, ¿Qué tal si llenamos su ropa de mayonesa?
—Has lo que quieras yo no quiero saber nada de el —Solo de pensarlo y mis ojos de nuevo se llenan de lágrimas—. ¿Me acompañas?
—Hay amiga ni tú te la crees a esa, pero con respecto a lo otro... —hace una cara rara y se levanta de golpe—. ¡¡¡¡ME CAGO!!!!! ¡¡¡¡MALDITO DELICIOSO CHOCOLATE Y HELADO DEL CARAJO!!!! —pasa corriendo por mi lado agarrándose el trasero y se encierra con un contundente portazo en el baño. Sin querer me saca una sonrisa y cuando abro la puerta me quedo de piedra con la razón de todos mis males parado en la pared que da bien al frente de la habitación de mi amiga, ¿Dios porque tenía que ser su hermano? ¿Porque se tiene que ver tan bien? Lleva una bermuda y una remera ajusta a su cuerpo, sus brazos cruzados en su pecho una pierna apoyada en la pared y me mira triste o arrepentido, ya no se.
Mierda creo que me moje y no precisamente porque me haya meado del susto. Hago tripa corazón y apretando fuerte mi celular paso por su lado como si fuera miss universo y rapidito me dirijo a las escaleras, pero el hijo de su mama aprovecha que soy media torpe cuando estoy nerviosa, me atrapa cuando casi caigo al tropezarme con la alfombra. ¿Desde cuándo estaba esa cosa ahí?
—¡Suéltame! —grito pegándole en sus brazos para que me suelte, aunque no quiero, quiero que me lleve a su habitación me arranque la ropa y me haga lo que no quiere.
—Hablemos, por favor —dice sin soltar mi brazo.
No digo nada y me dirijo a su habitación. Entro como pancho por su casa y me detengo frente a su cama, me imagino todo lo que podríamos estar haciendo en ella si no fuera porque el estúpido este ahora quiere cuidar mi virtud, ¿Desde cuándo pasa eso en este siglo?
Me volteo y coloco mis brazos cruzados bajo mis pechos y con mi pie derecho hago ese movimiento irritante que sé que le molesta. Sus ojos caen en mi escote. ¡Si, nene ahora mira de lo que te pierdes por santurrón!
—Habla, no tengo todo el día —espeto mirando mis uñas como si nada, como si no me doliera nada, como si no tuviera los ojos en compota de tanto llorar, como si no tuviera ganas de que me pida perdón de rodillas mientras venera el piso por el que camino.
—Se que estas enfadada, pero quiero que sepas que no quiero que te sientas obligada hacerlo, por eso hice lo que hice —bufo y lo miro a la cara, el me mira cerio y como sé que no va hacer nada de lo que quiero me muevo a la salida de la habitación sin decir nada.
Él se mueve más rápido que yo y traba la puerta para no dejarme salir, no quiero pelear, solo lo miro mal.
—Déjame salir.
—Antes dime algo.
—Algo, ahora abre —me mira achicando los ojos y para no reír volteo desviando su mirada. Pasan los minutos y no digo nada, el tampoco—. Mira la cosa es simple. No necesito que me cuides, no quiero que sientas que quiero hacer algo por obligación porque estas muy equivocado —volteo y lo miro, creo que mis ojos están por lanzar llamaradas, la rabia invade mi cuerpo de pronto, lo señalo—. Yo te deseo desde siempre y creo que siempre fui clara en ese sentido, lo que pasa es que tu —golpeo su pecho con mi dedo e ignoro la corriente que recorre mi cuerpo— no tienes las bolas para admitir que no te causo nada y prefieres refugiarte en mi virginidad para no hacerlo cuando en realidad no me deseas como yo.
Mi relato termina y me quedo mirándolo con las manos en puño a mis costados, apretando los dientes y respirando agitada de la bronca que siento, pero también en el fondo, o en la superficie, por lo excitada que estoy.
El me mira y no logro descifrar lo que siente, por eso me desconcierta cuando agarra mi cara y pega su boca a la mía. Sus manos están en todas partes. Mi lengua juega con la suya, mis manos inquietas quieren arrancarle todo.
Él se ocupa de quitarme todo a tirones sin dejar de besarme, morder mi piel, mi cuello. Un gemido se me escapa al sentir sus manos en mi trasero ajustándose a él, pegándome a su virilidad.
—¿Cómo puedes creer que no te deseo? Me vuelves loco hasta en sueños, amor —susurra tomando mis manos, las besa y me mira a los ojos—. Te voy hacer el amor ahora mismo, y mañana y pasado y espero que no te quejes nunca...
—Entonces deja de hablar y hazlo ya —digo muy segura de lo que quiero, tomándolo de su pantalón para quitar su cinturón.
Es increíble como no me tiembla nada, solo quiero sentir su piel, que el sienta la mía. Quiero que sus manos me aprieten y no me suelte nunca.
Sus manos me despojan de cada prenda mientras que su boca se encarga de acariciar mi piel sensible. Su lengua toca mi piel y ahogo un gemido. Me recorre entera y se frena en mi entrepierna, las abre y me quedo de piedra cuando siento como se encarga de esa parte sensible de mi cuerpo.
Al rato su lengua logra arrancar gemidos de mi boca que cada vez son más sonoros. Llevo una de mis manos a mi boca para morder mi puño y así acallar mis lamentos. Cuando siento que mi centro se está por romper, mis manos caen en su cabeza y mis caderas cobran vida moviéndose sobre su boca.
Agitada caigo con los brazos en cruz mirando el techo con la respiración a mil. Él se aparta de mí y lo veo sacar su bermuda. Mi boca se llena de saliva al verlo tan cómodo con su desnudez. Me mira y camina para acomodarse entre mis piernas que se encuentran algo temblorosas.
Lentamente va entrando en mi sin dejar de mirarme, siento el dolor y cierro los ojos. El para, pero al rato se retira y vuelve a entrar, pero esta vez más fuerte y carajo mentiría si dijera que no me dolió.
Mis manos arañan su espalda y muerdo su hombro por el dolor que siento. El llena mi cara de besos y luego mete una de sus manos entre los dos, llega hasta donde esta ese pedacito de carne que al tocarlo me hace vibrar y lentamente lo frota.
Pronto el dolor se desvanece junto con sus movimientos. Con una mano en su trasero, le pido más. El enseguida guía una de mis piernas a su hombro y los movimientos se vuelven salvajes junto con todo lo que vino después.
Una hora más tarde estoy agitada, transpirada y acurrucada en el pecho agitado de Audin. No sé cuántos orgasmos tuve, perdí la cuenta cuando llego el tercero, pero me siento delirante. ¿Es normal querer más?
—¿En qué piensas? —pregunta Audin mientas sus dedos acarician la piel de mi espalda.
—En si es normal que quiera más.... —el a mi lado se ríe y besa mi cabeza.
Se levanta de la cama y me toma en brazos para llevarme al baño. Sin soltarme espera que su bañera tenga el agua suficiente para poder meternos en ella.
Una vez dentro el me coloca de frente a él, a horcajadas sobre él, toma su miembro y lo guía a mi entrada, roza mi piel arrancándome un gemido de placer.
—Ahora te toca a ti llevar el ritmo —susurra sobre mis labios.
***¡Descarga NovelToon para disfrutar de una mejor experiencia de lectura!***
Updated 23 Episodes
Comments
Leydi Aguilera
ya esta te dieron hasta la cedula diablilla 😈😈😈😈🔥🔥🔥🔥🔥 y de paso quieres mas glotona 😂😂😂😂😂
2025-03-17
0
lisbeth mijares
🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥
2025-02-02
0
Marlet Ramirez💕
El quiso respetarla porque ella estaba alcolizada y sintió que ella creería que se estaba aprovechando.
2024-09-19
0