Luego de salir de esa cafetería vuelvo a mi residencia mirando cada tanto la foto que me dio Camila. La mujer que veo y es mi hermana, me deja una sensación de pertenencia. Al fin no estoy sola, aunque no sepa de mi me saca una sonrisa.
Mis tíos me criaron y sería una hipócrita si dijera que nos los quiero, son mi familia. Pero tener algo que me une a otra persona de una manera diferente como lo es esta hermana, es definitivamente diferente.
No sé cómo presentarme ante ella, tampoco sé cómo se llevará la noticia de que su padre dejo otro eslabón en este mundo tan jodido.
Mientras camino me choco con un cartel con la palabra “Gim” y tiene unos guantes de boxeo dibujados muy grandes. Definitivamente este es mi día. Guardo la foto en mi chaqueta y entro al “Gim”.
El lugar, esta algo oscuro. Pero a medida que me adentro escucho el murmullo de la gente y el ruido de puños al golpear, inconscientemente sonrió. El pasillo se termina y me encuentro con chicos de diferentes edades sudados, sin remera mostrando sus tablas para lavar ropa y brazos musculosos, esto es el paraíso...
Mi paraíso se oscurece cuando un viejo barbudo se para en frente de mí y me mira frunciendo el entrecejo, me muevo para seguir admirando tanta testosterona en el ambiente, pero nuevamente el viejo me bloquea, bufo y centro mi mirada en él.
—Creo que te has perdido, niña —me dice.
—NO, quiero entrenar —digo confiada y me paro firme como si así ganara más altura.
—Aquí no se da yoga, querida —dice burlón y se ríe de mí, mi mirada se oscurece y si pudiera le mordería.
—Ya lo sé, y no soy su querida —mi vos suena justo con entonación intimidante que quiero dar y escucho la risa de algunos de los presentes.
—Mira “Querida” —dice burlonamente, y yo rechino mis dientes—, acá se entrena para pelear. Ahora si tú quieres romper tus uñas no quiero reclamos, pero antes quiero que me muestres lo que tienes —ante sus palabras miro mis uñas cortadas prolijamente al Raz y luego enfoco mi mirada en el viejo para hacer una mucha.
—Bien, luego te disculparas conmigo si condigo serrar tu boca —digo segura de mí.
—Yo me disculpo cuando quiero, pero recuerda que estas en mi casa “querida” —responde y se gira para mirar al grupo de testosterona que está muy pendiente de nosotros—. Gastón, ven —escucho que llama a alguien.
Ese alguien se acerca acomodando sus vendas en las manos, dios esto parece un lugar de exposición de buenos físicos. Creo que ya me arrepentí, esta tan jodidamente lindo que me da pena tener que lastimarlo un poco, un poquito nada más.
—¿Si, entrenador? —pregunta el chico que mirándolo bien parece un muñeco de exposición con sus cabellos dorados, ojos azules y una tableta de chocolate blanco como pecho ¿Sera que se puede morder?
—Acá nuestra “Querida” niña insiste en entrenar —el susodicho me mira de arriba abajo y sonríe con galantería—. Serás que le puedes demostrar porque no entrenan mujeres acá.
Gastón hace una mueca y mira a su entrenador como buscando la burla en sus palabras, pero al ver la seguridad en sus facciones este niega rotundamente.
—Yo no peleo con mujeres —dice y en cierta forma me agrada escuchar eso, solo un poco, porque el machismo me enferma.
—¿Tienes miedo a que te humille? —mi voz suena en medio de sus silencios y ambos me miran y para mi pena comienzan a reír.
—No, linda, no quisiera que tu lindo rostro se estropee —menciona colocando sus manos en su cintura.
—Justamente yo pensaba lo mismo de ti —respondo cruzándome de manos sin amedrentarme en ningún momento.
La sonrisa de ambos se borra de sus rostros y luego de una plática muda, Gastón, me mira asiente y sale caminando hacia donde estaba antes.
—Bien te recomiendo que te cambies, si no tienes ropa puedes hacerlo en....
—Hay una tienda de deportes en frente enseguida vuelvo con lo necesario —digo y salgo casi corriendo.
Cruzo la calle y me adentro a la tienda, saludo al chico que atiende y pregunto donde se encuentra las calzas. El chico me señala el pasillo donde poder encontrarlas. Rápidamente me pierdo entre tantos estantes y encuentro lo que busco. Tomo uno de esas calzas que parecen calzones de lo pequeños que son, pero cómodos para la tarea. Luego hacia un costado veo colgado en diferentes perchas los sostenes deportivos como los que suelo utilizar para entrenar, tomo uno de mi talla y paso en frente de las musculosas para tomar una rosa fosforescente, a propósito, claro. Ya le voy a demostrar lo que esta “Querida” puede hacer.
Ya con la ropa llego a caja y recuerdo que mis zapatillas no son adecuadas y pido un par de mi talla en color negro para que combine con mi ropa. Bueno, después de todo soy mujer y en algo tengo que parecerlo...
Salgo de la tienda con las bolsas en la mano me adentro al gimnasio y pregunto por los vestidores, que de paso no hay para mujeres. Debí de imaginarlo ya que fueron claro que mujeres no. Me encojo de hombros y me cambio lo más rápido que puedo para que no me sorprendan en paños menores.
Recojo mi cabello y procedo a colocarme las vendas en las manos para no lastimar mis nudillos, pero presento que durara poco el raund.
Cuando estoy por salir del vestidor el viejo viene caminando.
—Valla, pensé que ya habías recapacitado y te habías evaporado —dice con sarcasmo.
—No soy una cobarde —digo y paso por su lado.
Llego donde se encuentran todas las testosteronas andantes y se quedan mirándome como si nunca hubieran visto una chica. Esquivo las miradas y me pongo a calentar un poco, veo que el rubio esta todo sudado de tanto pegar en una de las bolsas, se me seca la boca. Entrenar sola en el confín de la mansión solo con mis tíos solo me hace pensar en todo lo que me e perdido en mi vida.
Mas mi adolescencia que siempre fue confinada a la mansión ya que nunca me dejaron salir mas que una ves al mes y con alguno de mis tíos. Lo veía normal a eso, pero ahora veo que solo me sobreprotegían y no me dejaban crecer.
Aunque les debo agradecer que me hicieron fuerte porque nunca repararon en si me lastimaban con cada golpe que me daban. Se que no suena dulce pero la vida no lo es. Gracias a como me trataban, más allá de ser una mujer, estoy segura de que el golpe que le daré al rubio lindo les quitara toda duda de que también una mujer puede golpear fuerte.
—Bien linda sube al ring —escucho al rubio hablar y le hago caso.
Todos los que entrenan a nuestro alrededor dejan de hacer lo que hacen para concentrarse en nosotros. Me posiciono en una de las esquinas del cuadrilátero y observo como Gastón tira unos golpes al aire mientras se mueve marcando sus pasos eso me demuestra que es derecho y me da una fácil iniciativa de como atacarlo.
Mientras lo observo él se me acerca y me llama con su dedo me arco a él y me pongo exposición defensiva.
—¿Boxeo? —pregunta, yo sonrió, pero no respondo.
Tiro mi primer golpe solo para tantear su técnica, el mi lo devuelve y comenzamos una danza de tiros y esquives midiéndonos a cada uno. Yo estudio sus movimientos y cuando estoy segura que ya lo tango escucho que dice con fanfarronería.
—¿No que eras más ruda? —pregunta desde su lado del cuadrilátero y se ríe mira hacia el público gran error amigo.
Desde mi posición me agazapo y cuando me mira le sonrió y salto hacia él, enrosco mis piernas en su cuello me tiro hacia atrás haciendo que caiga en proceso. Rápidamente tomo su brazo derecho para retorcerlo mientras que con mi pierna sostengo su cabeza, su mano libre busca de liberarse, pero con otro movimiento mi otra pierna termina sobre ella y así lo inmovilizo en el piso.
Ajusto el agarre en su brazo derecho y cuando suelta un quejido más lastimero de los que viene dando, doy un sato hacia atrás y caigo sobre mis pies me vuelvo a agazapar esperando para un nuevo ataque, cuando el chico me mira su cara esta sorprendida, pero se tira para atrás como asustado.
—¿Esa técnica de donde la sacaste? —lo escucho decir agitado.
—Una chica tiene sus propias técnicas —admito y me coloco de pie, firme y miro al viejo que me mira con la boca abierta al igual que todos a mi alrededor— ¿Puedo entrenar?
—Primero dime que fue todo ese baile inicial —dice el chico a mi lado.
—Estaba estudiando tus movimientos, eres derecho, tienes que trabajar tu lado izquierdo —digo mirándolo a los ojos.
—Ok, si puedes entrenar aquí —dice el chico y yo lo miro como si tuviera un tercer ojo—. Soy el dueño, él es mi entrenador.
—Mmm... ok... —ahora la sorprendida soy yo— ¿Cuándo cuesta la cuota? —pregunto con la vista pegada a la tableta de chocolate blanco.
—No hay cuota, esto es un proyecto para el vecindario.
—Ok —digo y me hace pensar que algo raro debe haber de tras de todo eso, pero no me importa, tengo un lugar nuevo donde entrenar y no es yoga.
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Comments
Marlet Ramirez💕
Ay güey 😂
2024-09-19
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Lourdes Mendez
ni hablar les callo la boca a todos o les quedo alguna duda 🤔 🤷 🙄 😅 😐 😕
2024-08-16
1
Anonymous Carmen diaz
Es buena u tiene razón es raro que sea un lugar donde solo no aceptan chicas si es un proyecto también deberían dejarlas entrenar si ellas quisieran
2024-05-29
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