adolescentes escandalosas

—Hola Gastón, ¿Así que entrenas con mi novia? —pregunta Audin dejándome aturdida.

—¿Tu novia? —preguntó divertido mi amigo, que se acerca a nosotros—. No sabía nada de eso, porque no me dijiste que tenías novio.

—Es que no es mi novio —digo mirándolo sin comprender y Audin comienza a reír y ¿Ahora que le pasa?

—Solo quería ver tu reacción —dice y yo aprovecho para ir a buscar mi ropa.

—¿Qué fue eso, idiota? —escucho que le pregunta Gastón a Audin— Acaso será que... —no termina la frase, eso me deja con intriga.

—Nada —la voz oscura nuevamente de Audin hace su aparición— ¿piensas meterlas en las peleas?

—No lo sé, no le he preguntado —no sé de qué hablan, pero me interesa.

—De que hablan —pregunto apareciendo al lado de ambos que están en una fría batalla de miradas.

—Se nos hace tarde, Sylvana comenzara a joder —dice y toma camino a la salida.

—¡Mándale saludo a mi Diosa! —le grita a su amigo y yo salgo detrás de Audin pensando de donde se conocerán este par, pero también intrigada de que se tratara eso de las peleas.

—¡Vete al carajo! —le grita Audin mostrando se dedo medio sin dejar de avanzar hacia la salida.

Yo me concentro en no tropezar mientras lo sigo, el movimiento de su trasero al caminar me tiene eclipsada. Tenía que tener un short que le marcaba tan bien la carne. Creo que dejo un rastro de babas mientras camino.

De pronto detiene su andar y como lo despistada que soy choco con su torneada espalda, roca eso es lo que parece.

—Ouch —me quejo y sobo mi nariz, él se da la vuelta y me mira.

—¿Distraída? —preguntó serio.

—Algo así —respondo sin mirar y me monto en su coche.

En el camino a su casa no deja de darme vuelta en mi mente eso que dijo cuando saludo a Gastón. ¿Por qué lo haría? Pero otra cosa llama más mi atención ¿Peleas?

—¿Qué fue eso de las peleas? —hablo de pronto. Lo raro que suelta un suspiro y se relaja, será que pensaba que le preguntaría otra cosa, cosa obvia pero que me interesa menos que lo otro.

La idea de pelear contra otros me llena de ideas y también me colma de ansiedad. Es raro para mí, cuando siempre estuve solo con mis tíos, pero las cosas nuevas son buenas ¿verdad?

—Peleas que espero no se te ocurra asistir —dice y me hecha una mirada. Mirada que le sostengo y ahora si aprovechare para incomodarlo un rato.

—¿Qué era eso de que eres mi novio? Apenas hablamos como para tener noción de algo por el estilo y muy importante no he venido a este país para empezar una relación y menos con alguien como tu —digo enojada y cruzándome de brazas. El auto repentinamente se detiene, lo miro y sus ojos doloridos me miran fríamente, un escalofrió recorre mi columna vertebral.

—¿Alguien como yo? —dice y me mira directo a mis ojos, otro escalofrió me recorre.

—Alguien demasiado serio, que no se abre y que me intimida y no por las estupideces que dicen de ti, aunque si lo pienso eso serian todas las razonas por la que estaría dispuesta a.… salir contigo —lo último lo digo más para mí, pero mirando por la ventanilla no quiero mirarlo.

El auto se pone en marcha y el resto del camino lo hacemos en silencio. Llegamos a su casa y me bajo del auto y desde esta posición puedo escuchar música procedente de una de las habitaciones de la planta alta de la enorme casa que tengo en frente.

—Arriba la puerta a la derecha y que tiene pintada el nombre de Sylvanas, es ahí donde están las chicas —me dice una vez dentro del inmueble.

Asistiendo me dirijo a las escaleras y subo a la segunda planta, pensando en lo que dije antes. Pero la música desde este punto es ensordecedora. Llego hasta donde está la puerta pintada de mi “Amiga” y golpeo, pero la música es tan alta que no creo que escuchen.

Lentamente abro la puerta y me asomo para mirar dentro. Las chicas están ahí, me miran y Sylvana enseguida me salta encima para que entre.

—¡Al fin llegas, pero amiga apestas! —grita sobre la música y yo sonrió, sí que apesto. Estuve entrenado que esperaba. Lo más lindo que su hermanito ni se quejó de eso, sonrió —Pobre de mi hermano, ¿acaso no se murió? —Cecilia rompe a reír y se tapa la nariz en una clara referencia a mi aroma.

—Lo siento, estuve entrenando y la verdad ni tiempo a lavarme siquiera, pero déjame pasar al baño para ducharme ¿Sí? —digo oliendo mis axilas—. Aunque tu hermano estaba muy a gusto a mi lado —digo más para molestar a la langosta de su amiga.

Cecilia me mira como queriendo matarme y Sylvi solo se ríe y sigue haciendo de las suyas con una lima en sus uñas. Me indica el baño y sin esperar más me dispongo a pasar un buen momento con el agua y quedar sorda en el intento de relajarme.

Me meto al baño que es más grande de lo que uno podría llegar a pensar, la ducha es exquisita y dan ganas de quedarse por media hora. Termino mi baño y en ropa interior vuelvo a la habitación.

Al ingresar ambas me miran y Sylvi baja, al fin, el volumen de la música. Me mira y luego se mira con su amiga, luego la miro dirigirse a su placar. Desde aquí puedo ver que tiene más ropa que una tienda. La veo sacar algo y luego dirigiéndose a mí me lo tiende, lo tomo sin entender y al analizar lo que me ha dado noto que se trata de un conjunto de ropa interior de encaje negro que sonrojan mis mejillas, en mi vida use algo así.

—¿Por qué me das esto? —le pregunto de verdad intrigada.

—Eso que llevas no va acorde con lo que se supone que uno utiliza para llamar la atención, querida —dice moviendo sus manos—. Esa ropa interior que usas será muy cómoda para deportes, pero para salir necesitas algo sexi y además un buen corpiño que levanten tus amigas y hagan que se vean enormes —dice poniendo sus manos en mis pechos y levantándolos.

—¿Y eso como para qué? —sigo perdida.

—¿Cómo que para qué? —responde colocando sus manos en su cintura— Acaso no quieres llamar la atención de algún chico, ellos adoran ver piel y más si es llamativa.

Asiento medio perdida aun y vuelvo al baño para colocarme el conjunto. Una vez que me lo coloco me veo en el espejo y me sorprendo, valla que realza mi busto. Miro mi reflejo en el espejo y volteo un poco para ver mi trasero al aire, mi piel lechosa parece brillar con el encaje. ¿Qué pensaría Audin si me viera así?

Salgo del cuarto de baño y nuevamente me reciben las miradas críticas de las chicas.

—¿Te depilas toda? —esta vez pregunta Cecilia. Niego.

—Mmm... soy lampiña —digo encogiéndome de hombros.

—O valla, que suerte —dice las dos a coro.

—Bueno veamos que te puedes poner —dice con cierto tono de alegría que me indica que me ve como su próximo proyecto artístico.

Mientras revuelve su ropa buscando algo adecuado para prestarme, llegan otras chicas que no recuerdo su nombre, nos saludamos como si fuéramos amigas de toda la vida y Sylvi al fin me pasa y vestido morado que parece que no entrare en él, de lo pequeño que es.

—¿Está segura que me quedara? —le pregunto mirando sudosa el trapo que me paso, porque es tan pequeño que parece eso, un trapo. Un trapo muy fino que resplandece bajo la luz la tela es brilloso.

—Si, se estira. Se te vera de lujo —dice tomándolo de mis manos y ayudándome a colocármelo.

Luego se aleja para ver cómo me queda y las cuatro chicas que tango en frente se quedan viéndome y suspiran en sincronía.

—¿Qué? —digo pasando mis manos por la tela y tratando de ver alguna imperfección.

—Nada, te queda envidiable —dice una morena de pelo rizado, creo que se llama Briza.

Enseguida la escena de espectadores ante mí se dispersa y como buenas adolescentes escandalosas comienzan a comentar sobre chicos, maquillaje, ropa y cosas así. Comienza el ritual de zapatos...

Todo un reto para mí, nunca use tacones y tratar de dominar algo tan peligroso es... adrenalina pura. Elijo unos de taco chino muy cómodos que me hacen ver más alta.

Luego de los tacones ahora le toca el maquillaje, ellas se ríen de mi al descubrir que casi no sé nada referido al tema.

—Vivía encerrada con mis tíos, que por cierto nunca me trataron como lo que soy —me defiendo.

—Suerte que te pudiste escapar de esa torre en la que te tenían —me dice Marion, una rubia soñadora, haciendo referencia a Rampunsel.

—Quisiera algo para tomar —digo.

—Ve a bajo la cocina queda a la derecha luego de las escaleras y de paso trae algo para nosotras —dice Sylvanas mientras se delinea uno de sus ojos violetas tan bellos.

Salgo de la habitación midiendo mis pisadas para no tropezar. El no haber caminado con tacones antes me tiene nerviosa. Bajo las escaleras casi agarrándome de la pared y cuando llego a la planta baja respiro tranquila.

¿Si bajar fue todo un reto como será volver a subir y encima con las manos ocupadas?  creo que moriré en el intento.

Miro a mi derecha y para llegar a la cocina debo pasar por una sala que al parecer está ocupada, las voces de chicos se escuchan desde aquí y enseguida me arrepiento de haber bajado. Me preparo para tratar de pasar inadvertida pero una voz en mi espalda me hace brincar.

—¿Qué haces? —me habla Audin. Me volteo para verlo de frente y me recorre con la mirada y traga— ¿Vas a salir así? —asiento pegándome a la pared como queriéndome fundir en ella— Voy a tener que cuidar tu espalda y tu frente, por lo visto —dice y lo último lo dice ten cerca de mí que puedo sentir su aliento a menta.

—Se defenderme —digo.

—Lo sé, pero todos se quedarán viéndote —me dice como queriendo marcar su punto, el cual no comprendo.

—¿Y que con eso? —se acerca tanto a mí que siento que roba mi cuota de oxígeno, sus coloridos ojos se posan en los míos, se queda así y cuando escucha el murmullo de los chicos en la sala rompe el contacto visual y lo dirige a su frente.

—¡Hay voy! —grita y su mano, que no sé en qué momento se posó en mi cintura, me aprieta levemente— ¿Vas a la cocina? —solo asiento, mi voz se ha perdido momentáneamente.

Toma de mi mano y me arrastra por la sala hasta la cocina, en el camino escucho los silbidos de sus amigos, pero él les muestra su dedo medio mientras estira sus labios en una sonrisa.

Me tiende un vaso con agua que tomo por inercia y recuerdo que debo llevar para las chicas.

—Me pidieron que lleve y la verdad temo caer por las escaleras haciendo tal tarea.

Mira mis pies y comprende a que me refiero. Saca de una de las gavetas una jarra y la llena de jugo de limón, toma unos cuantos vasos y me los tiende.

—No creo que eso sea complicado de llevar, yo me encargo de la jarra —asiento y salimos de la cocina.

Sigo el camino hasta las escaleras lo más rápido que puedo para evitar los comentarios masculinos y comienzo a subir mientras con una mano me aferro a los vasos la otra trata de engramparme a la pared con cada paso que doy.

Siento su mirada en mi espalda y cuando volteo lo veo mordiendo su labio inferior sin quitar la mirada de mi trasero, me ruborizo al instante.

—Deja de verme que me pones nerviosa —le pido.

—Acostúmbrate, esta noche serás el blanco de las miradas —dice y cuando ya estamos en la segunda planta me acorrala contra la paren poniendo la jarra en medio de los dos para que la tome.

—Tienes el mejor trasero que he visto en mi vida —dice y muerde sus labios. Lejos de querer estampar mi mano en su mejilla por atrevido, sonrió como idiota. Se aparta de mí y baja por donde subimos anteriormente.

Carajo estoy perdida. ¿Qué era lo que debía hacer aquí?

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Comments

lisbeth mijares

lisbeth mijares

me encanta 😍😍

2025-02-02

1

Lourdes Mendez

Lourdes Mendez

que romántico, que atrevido,y donde quedo el hombre callado???

2024-08-16

2

Anonymous Carmen diaz

Anonymous Carmen diaz

Audio si que la observaste pero le traerá problemas con la amiga de tu hermana

2024-05-29

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