imán

Llega el lunes y acá estoy tratando de disimular que cierto chico con tatuajes hasta donde no me imaginaba, unos ojos de arcoíris, la musculatura justa para dejarte sin aliento, me gusta.

Llego al colegio y lo veo apoyado en su motocicleta mirando su celular en una pose relajada, Scott está al frente suyo diciéndole no sé qué cosa. Lo veo desviar la mirada y conectarla conmigo, el mundo se silencia y siento que las piernas me tiemblan ¿Cómo puede ser que en tan poco tiempo me haya convertido en una piltrafa?

Soy consciente que cuando lo tengo cerca dejo de ser yo para convertirme en un flan. Si mi tío supiera me alejaría, alegando que es peligroso para mí. De cierta forma lo es, pero no quiero alejarme, al contrario, quiero fundirme, entonces quisiera ser un... ¿Queso?

Llego a su posición y me tiende su mano, la tomo y me atrae a él, besa la comisura de mi labio. Ahora el arcoíris debo ser yo.

—Buen día —me saluda y pasa su brazo por mi cintura para acercarme más a él.

—Buen día —le respondo colocando las manos en su pecho.

—Amy, buen día —saluda Scott a nuestro lado.

—Buen día Scott...

—Chicos los dejos para que se toqueteen en paz nos vemos en clases —dice el rubio alejándose.

—Bien ahora si puedo comerte la boca sin público —murmura Audin sobre mis labios, posa una de sus manos en mi nuca mientras cumple con su objetivo de comer mi boca.

Cuando nos separamos por la falta de aire, sus ojos se conectan con los míos y me sonríe. Toma de mi mano y nos encaminamos al colegio.

Si él creía que no teníamos público, creo que estaba en un enorme error. No sé si todo el instituto está a nuestro alrededor, pero eso es lo que parece. Tenemos varios pares de ojos sobre nosotros y lo peor es que no disimulan su asombro.

—¿Sin público? —Digo y escucho su risa.

—Ellos no cuentan... —dice muy tranquilo y la verdad tiene razón. Mas tranquila seguimos el camino y nos topamos con Sylvanas y las chicas.

—Hola picarones, desde temprano dando espectáculos —dice mi cuñada pegándose a mi brazo libre.

—Buenos días...

—Deja de molestar —le responde su hermano con una sonrisa en la cara.

Llegamos a mi casillero y tomo lo que necesito para la próxima clase, mientras que Audin se dirige al suyo. Scott se nos une con una sonrisita traviesa y luego todos nos dirigimos, juntos, al salón de clases.

La mañana pasa así, me siento la comodilla del día. En cada rincón todos murmuran o se nos quedan mirando cuando pasamos por los pasillos con las manos unidas, yo hablando con las chicas y el con sus amigos, pero sin separarnos.

A la hora del almuerzo me olvido de todos los ojos intrusos y me concentro en comer y en mis amigos, también en mi novio. Qué raro que suena eso, novio.

Mientras mastico lo que sea que tengo en mi bandeja pienso en la llamada que tuve anoche con mi tío. El insiste que me presente con mi hermana. Yo no sé cómo hacerlo.

Si bien ya se dónde reside no me he animado a llamar a su puerta, también la alta seguridad que rodea la casa me amedrenta un poco.

He pensado ir a la perfumería para ver si allí la puedo ver, pero con que pretexto me presentaría ante ella. ¿Qué le voy a decir? “Hola soy tu hermana” suena a locura hasta para mí.

Otra cosa que debo hablar con mi amigo, Gastón. Él se ha convertido en mi confidente. Es como el hermano que nunca tendré.

—¿En qué piensas? —me pregunta Audin, llamando mi atención y sacándome de la nube en la que estoy.

—En que me gustaría participar de esa pelea a le que te comento Gastón.

—No —responde serio.

—¿Por qué no? Sabes que soy buena.

—si lo sé, pero no quiero que te adentres a ese mundo —me dice.

—Entonces si yo no puedo tu tampoco —digo cruzándome de brazos como niña caprichosa.

—Yo hace rato que estoy metido ahí —me aclara.

—Ya sé, pero ahora las cosas cambian ¿No? O acaso tú puedes decidir por mí y yo no puedo decir nada al respecto.

—Está bien.

—¿Qué está bien?

—Una sola, si sales lastimada te borras —dice apuntándome con la mirada colorida, yo reacciono tirándome a sus brazos pasando sobre la mesa.

Los chicos a nuestro lado se quejan ya que en mi acción super alocada e tumbado todo lo que había a mi paso. Audin ríe tomándome en sus brazos, yo solo lleno su cara de besos.

—Ja, ja, estas locas, ja, ja —se ríe y rueda mi cintura con sus fuertes brazos.

—¡Amy! —grita Sylvana, la miro y no puedo evitar reír. Su camisa esta mojada con el jugo que cayó sobre ella—. Porque no puedes actuar como una persona normal rodear la mesa y luego atacar a mi hermano, no atravesarla.

—Es más divertido —me defiendo.

—La pobre no entiende de ciertas cosas —dice Cecilia limpiando su pantalón que está lleno de salsa, no se dé dónde habrá salido eso.

—Lo siento, chicas. La emoción me pudo —digo mientras me incorporo para mirar mi ropa y confirmar que ellas se llevan la mejor parte porque yo estoy toda enchastrada con todo tipo de mejunje—. Al menos la peor parte la tengo yo —digo señalando mi ropa y todos se ríen.

Audin me ayuda a bajar de la mesa y me acompaña hasta el baño para tratar de arreglar algo del enchastre que tengo. Llegamos y él quiere meterse conmigo.

—¿Qué haces? No tu aquí no entras. Ve a tu clase que llegaras tarde por mi culpa.

—No, déjame ayudarte —dice con una mirada picara.

—No quiero imaginar que pasa por esa cabeza tuya —digo negando. Entro al baño y haciendo caso omiso a mi petición él se mete conmigo.

Mientras estoy lavando mi ropa y tratando de sacar lo más que puedo las manchas que tengo él está apoyado en unas de las columnas mientras me observa y me comenta que cuando entrenemos quiere que le enseñe hacer esos saltos que hago.

La puerta del baño se abre y entran unas chicas, nos miran, cuchichean entre ellas, se lavan las manos y salen como entraron, pero esta vez riendo como estúpidas.

Miro a Audin él se encoje de hombros y seguimos platicando, termino de sacar lo que más pude de las manchas y me miro al espejo, doy pena. Bufo, él se para atrás mío y me abraza mientras mira nuestro reflejo en el espejo sonríe y besa la base de mi cuello.

Salimos del baño y llegamos a la clase, tarde. Recibimos un regaño de la profe. Él se sienta con su amigo y yo me dirijo a mi lugar.

Luego de la clase, ambos vamos primero a su casa que se quiere cambiar para ir a entrenar. Mi ropa está en mi mochila. Llegamos y mientras espero en la sala llega una señora gritando.

—¡Audin!!!! —grita y luego se percata de mi—. O lo siento no te he visto, ¿Te conozco? —pregunta mirándome y yo le sonrió tímidamente.

—Algo así —respondo.

—Ya recuerdo, eres compañera del instituto de mis hijos, Amy ¿Verdad?

—Si —respondo y veo que se acerca Audin colocándose una remera, mis ojos se abren, no es la primera vez que lo veo así, pero me deja de piernas flojas.

—¿Qué pasa mama? —pregunta al llegar a donde estamos.

—¿Tu hermana donde esta?

—No sé, con las otras malcriadas capas.

—¡Audin! —lo regaña—. ¿Dónde vas? —me mira sin comprender.

—Vamos a lo de Gastón.

—¿Van? —me mira—. A pensé que venias a buscar a Sylvanas.

—Está conmigo ma, ella viene conmigo de Gastón.

—A, ¿Eres la novia de mi ahijado? —pregunta y con Audin la miramos, yo niego.

—No mama ella está conmigo.

—¿Mmm? —nos mira, pero él no le da tiempo a que diga interrogando y toma mi mano para que salgamos de la casa antes que nos llene de preguntas.

—Adiós mama —el saluda de voladas y yo la saludo con la mano mientras soy arrastrada por su hijo.

—OK, adiós. ¡Luego hablamos jovencito!

—Si, sí. Chau...

Salimos y nos montamos en su moto para ir a lo de Gastón.

—¿Qué le dirás cuando te pregunte quién soy?

—¿Qué quieres que le diga? —me responde con otra pregunta—. Le diré que eres la dueña de mis sueños húmedos.

—¡Audin! —grito pegando en su hombro—. Ni se te ocurra decirle eso —el solo se ríe.

—Bien, le diré lo que eres, mi amiga.

—A —respondo no muy feliz, él se ríe.

—Eres mi novia ¿No? —dice—. Pues eso le diré.

—Asique soy tu novia —digo ahora de nuevo feliz y con una sonrisa estúpida en mi cara, en cualquier momento mis mejillas dolerán de tanto sonreír.

—Si, y yo tu novio, más te vale que lo publiques por todos lados —dice y me rio.

—¿Marcando territorio señor arcoíris? —digo afianzando mis brazos en su cintura.

—¿Tu qué crees?

—Que no hace falta, ya creo que todos saben que estamos saliendo.

—Bueno mejor así.

Llegamos al gimnasio y pasamos una hora haciendo ejercicio luego nos metimos en el cuadrilátero y trate de enseñarle maso menos como hago para colgarme de las personas, pero terminamos dando un espectáculo donde todos reían a cuesta nuestra.

Agotados y tirados sobre el ring él se da por vencido, no le sale y yo pienso que es por su tamaño. Miro que estamos solos, me subo a horcajadas sobre él.

—Eres muy grandote por eso te cuesta, pero con practica te saldrá.

—Sabes que en esta posición me dan ganas, niña —dice apretando mis caderas.

—¿A si, no me di cuenta? —digo y me rio cuando termino debajo de él.

El besa mis labios y como esta desprevenido, paso mi pierna izquierda para deslizarme por su costado y agarrando su brazo me subo sobre su espalda haciendo que su pecho quede pegado al piso. El brazo que tome lo retuerzo en su espalda.

—Demuestra tus ganas al piso, cariñito —le digo susurrando en su oído, me rio al ver como se mueve.

—Eres ligera, gata —se mueva rápido y al colocarse de pie caigo de espalda al piso él se ríe y yo le doy una patada en su pantorrilla, enrosco mis piernas en su pierna y tomando uno de sus brazos, lo hago caer de nuevo. Nos reímos los dos adoloridos en el piso.

—¿Ya terminaron de demostrarse amor? —dice Gastón haciendo que pegue un grito despavorido.

Los dos nos metemos a las duchas, el en una y yo en la que está al lado. Por las cortinas nos pasamos el shampoo mientras charlamos de pavadas del colegio.

—Algún día te voy a pasar más que el jabón en la ducha —dice el de pronto.

—¿A si? Muy confiado señor Del Re —digo riendo mientras termino de enjuagar mi cabello.

—Si —responde el a mi espalda haciendo que de un brinco al darme cuenta que entro a mi ducha— ¿Qué haces?

—Nada —dice y se pega a mi besando mi boca. Sus manos recorren mi cuerpo arrancándome jadeos.

—¡He, chicos! —grita Gastón—. Esto no es un motel, manga de calentones.

Nos separamos, más bien los labios y nos reímos. La sierra la ducha y me pasa la toalla, y toma la suya.

—Amy —me susurra pegándome a la pared de la ducha— Eres como un imán —me besa y sale dejándome casi fundida con la pared.

Salgo de la ducha y veo el área libre para poder vestirme, me cuesta un poco, tengo la mente algo nublada, ¿Sera que casi pierdo la virginidad en la ducha del gimnasio?

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Comments

Lourdes Mendez

Lourdes Mendez

pues en cualquier momento Amy porque parecen iman

2024-08-16

2

Romina

Romina

tanta insistencia me huele feo

2024-07-03

1

Anonymous Carmen diaz

Anonymous Carmen diaz

Par de calenturientos ambos y Gastón separándolos

2024-05-29

1

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