confía en mi

El frio de la roca en mi piel me incomoda, pero no tanto como pensar que mi beso le pude saber a mierda. Me giro para ver su rostro y lo veo sonriente, su mirada se conecta con la mía y me pierdo en la profundidad de su arcoíris. ¿Sera que al final del camino habrá una olla de oro u otra cosa?

Sus manos se ajustan a mi cintura y besa mi mejilla, apoya su mentón en mi hombro y seguimos contemplando el horizonte, por mi mente vuelan un sinfín de cuestionamientos que no sé cómo hacer para que den paso a la vocalización.

—¿En qué piensas? —susurra en mi oído y un escalofrió me hace tiritar.

—E.. Mmm... —¿Por qué será que me pongo tan tonta en su presencia? —. Solo quería... saber... que te pareció... besarme —concluyo mirándome los dedos.

—¿Por qué lo preguntas? —dice rozando mi cuello con su nariz, me hace perder el hilo de mis pensamientos.

—Es que no se hacerlo y quería saber si te pareció bien —respondo casi susurrando.

Él se separa de mi para mirarme mejor como incrédula. Yo no sé cómo interpretar su reacción, me pongo incomoda, seguro que me manda al carajo.

—¿Nunca besaste a nadie? —pregunta algo sorprendido.

—No, nunca. Por eso no se si lo hice bien —se queda mirándome fijamente y luego vuelve a tomar mi cara para juntar sus labios con los míos.

Esta vez su lengua reclama la mía con más fervor. Sus manos en mi cintura me pegan más a él. Estoy incomoda ya que al estar sentada de la forma que estoy debo inclinar mi cabeza hacia atrás, por ello decido moverme y sin importar que mi vestido se haya convertido en un extrapole me doy la vuelta y acomodo mis piernas en torno a sus caderas. El me mira con deseo, una de sus manos acaricia mi nuca y me vuelve a besar.

Su boca parece que quiere dominar la mía, su lengua rosa la mía a la vez que sus manos no dejan de acariciarme. Pronto siento qué mi piel arde bajo su contacto. Quiero sacarme el maldito pedazo de tela que me asfixia, pero eso solo lleva a un camino que no quiero explorar todavía.

Lentamente se separa de mi boca y nuestras frentes quedan conectadas, agitados y con los ojos cerrados no quedamos así un momento hasta que siento que mi respiración se regulariza.

Al abrir de nuevo mis ojos me encuentro con que el me mira, le sonrió y el me devuelve la sonrisa.

—Creo haber aclarado tus dudas ¿verdad? —dice sin apartar sus bellos ojos de mí, asiento como respuesta.

Desvío la mirada hacia abajo y casi exclamo al ver las fechas que llevo, literalmente mi vestido parece un strapless, la tanga de encaje que me dio Sylvanas se ve clarita, hasta la cintita de en frente brilla. Me suelto de él y llevo mis manos para cubrirme, él se ríe.

—No te cubras, eres muy bella —dice tomando mis manos—. Aunque solo yo quiero verte así.

—¿No te parece un poquito apresurado querer verme en paños menores? —ríe a la vez que niega.

—Tu cuerpo me tiene loco, pero no hare nada que tu no quieras, así te me pasees desnuda por enfrente mío.

—¿Seguro? —digo, de pronto me siento atrevida y sin un poquito de pudor.

—Segurísimo.

—Bien —digo y me incorporo en frente de él.

Lo veo tragar y sin dejar de mirarlo me saco el diminuto vestido. Lo miro un momento y me tiro al agua. Mala idea esta heladísima, pero resisto.

—¿Qué esperas? ¡Ven! —su cara esta desencajada y su boca casi toca el suelo.

Lo veo erguirse y sacar su ropa, su bóxer casi no pueden esconder su excitación. Lejos de incomodarme me hace sentir grande. Él se arroja al agua y emerge a un pie de mí, mueve su cabeza salpicando mi cara con la fría agua y asiendo que ría a la vez.

—Esta heladísima, ¿Cómo haces para aguantar?

—Costumbre capas —digo recordando como a mis tíos le encantaba tirarme dentro de las lagunas todavía escarchadas para que aprenda a resistir el frio.

Se acerca a mí y yo escapo entre risas, comenzamos un juego. El trata de atraparme y yo me escabullo, incluso la dejo atraparme, pero como me enseñaron, puedo libarme fácilmente de él. Luego terminamos arrojándonos agua como dos niños pequeños.

Agitados y con una felicidad que no creía poder reconocer nunca salimos nuevamente del agua y nos sentamos en la roca, el me abraza para que el frio merme un poco. Nos quedamos así un momento y luego nos vestimos.

De camino a donde dejo su moto, caminamos tomados de las manos. Quisiera saber que piensa en este momento.

—¿En qué piensas? —pregunto.

—Trato de entender cómo es eso de que estas acostumbrada al frio del agua —murmura pensativo.

—Digamos que mis tíos me dieron otro tipo de educación.

—Pues no me gustaría ni imaginarme qué tipo de educación será, ya con verte en el ring con Gastón me es suficiente.

—Hablando de eso ¿De dónde conoces a Gastón? —recuerdo de pronto.

—Es hijo de una amiga de mi madre.

Llegamos a la moto que estaba aparcada en la carretera y nos montamos, nuevamente en frente suyo aprisionada entre sus fuertes brazos. Poniéndonos en macha volvemos a la ciudad.

—¿Te llevo donde vives? —pregunta y la verdad no quiero separarme de él.

—¿Es muy atrevido que quiera quedarme contigo? —siento como roza la piel desnuda de mi cuello y deposita un beso, creo que le gusta la idea—. Vallamos a mi apartamento.

—¿Tus tíos no querrán hacer una cartera con mi pellejo? —pregunta apartando su cara de mi cuello.

—NO lo sé, pero si quieres lo podemos averiguar.

—Solo indícame el camino.

Rio y le doy la dirección, no tardamos en llegar. Me bajo de la moto y al ver que no se mueve me vuelvo a reír. Tomo su mano y tiro de él.

—Vamos estoy sola, ellos no me acompañaron a este viaje —lo veo soltar aire que se ve que contenía y más aliviado baja de su moto para seguirme.

Subimos unas escaleras hasta llegar a las puertas de mi diminuto apartamento y luego de girar el pomo de la puerta ingresamos al interior, la oscuridad nos recibe. Tanteo la pared hasta que encuentro el interruptor para iluminar la estancia.

—Pasa —digo, el me hace caso y mira a su alrededor—. Es pequeño, pero me sirve —me justifico ante la falta de lujos y por lo comprimido que es el lugar, pero me siento cómoda en él.

—Me gusta, huele a ti —dice y me atrae a él mientras que con un pie termina de cerrar la puerta y estirando su brazo pone el seguro. Luego su boca busca la mía y me arrastra hasta la cama que no está muy lejos de donde estamos.

Caemos en ella y me besa a la vez que sigue tocando mi cuerpo como si del suyo se tratara.

—Audin... —murmuro en un gemido al sentir sus labios atrapar el lóbulo de mi oreja. Una electricidad recorre mi cuerpo.

—Te comería a besos —dice y se aparta de mi para acomodarse a mi lado y atraerme a su pecho—. Ahora será mejor que durmamos un rato.

—Audin —susurro el me mira y yo le sonrió. Acaricia la punta de mi nariz y luego deja un tierno beso sobre mis labios y así nos dormimos abrazados.

Mis ojos se abren lentamente y lo primero que ven es un pecho tatuado, me incorporo sobre mi codo para ver mejor. No recuerdo en la noche en qué momento se ha quitado la camisa que llevaba, pero ahora puedo apreciar mucho mejor su cuerpo tatuado.

Pensar que solo sus brazos estaban marcados en tinta me da la pauta de lo equivocada que estaba, todo su pecho también lo está. Inspecciono cada detalle de su cuerpo y mis manos quieren rozar su piel. Lo miro y me encuentro con sus arcoíris viéndome.

Vuelvo mis ojos a sus tatuajes y mis dedos comienzan a recorrer cada marca que lleva. Su brazo derecho se alza y se posa debajo de su cabeza y miro su rostro, esta relajado con los ojos serrados. Su mano en mi cintura se ajusta mejor y siento su pulgar moverse en torno a ella.

Miro todo su cuerpo y mis ojos se abren al ver la carpa que tengo en frente. Trago, ver que esta excitado, lejos de incomodarme, me hace sentir acalorada. Apoyo mi cabeza a la altura de su corazón y escucho sus latidos tranquilos que me relajan a la vez.

—No me di cuenta en el momento que te has quitado la camisa —digo con voz pastosa.

—Estabas muy dormida —su voz suena ronca—. También muy pegada a mi —se ríe al decir esto último.

—¿Te duele? —pregunto intrigada al ser consciente que pasa el tiempo y no veo que se baje.

—¿Qué cosa? —pregunta y levanto la mirada para mirar sus coloridos ojos.

—Tu ….

—Aa... —dirige su mirada a su carpa y hace una mueca—. Es incomodo, algo molesto pero aguantable.

—Me pregunto... ¿si te toco se ira a bajar? —pregunto intrigada ya que al no haber tenido nunca ningún tipo de relación más que la de amistad con algunos de los sirvientes, no entiendo mucho de estas cosas.

Claro que he leído algunas novelas, pero en ninguna se refería a lo que puede llegar a sentir un chico cuando esta excitado y como ayudar a que eso no sea doloroso o llevadero.

—No creo que se baje si me tocas, es más será peor —lo miro y mis cejas se juntan interrogándolo con la mirada—. Se nota tu inexperiencia, pero para iluminar tu cabecito si me tocas es muy probable que acabe.

—¿Y eso es bueno? —pregunto. Él se remueve a mi lado, su mano que estaba en su nuca se dirige a ese lugar y con su palma frota sin dejar de mirarme.

—Solo que digas eso me pone más, creo que usare tu baño para darme una buena ducha fría.

—Pero... —quiero tocarte, pienso. El me mira.

—No creo que estés lista para este tipo de contacto —dice con la voz demasiada ronca.

—Hay muchas cosas para las que no estoy lista —digo—, pero en este tipo de cosas las quiero explorar contigo.

—¿Ósea que quieres que yo sea tu conejillo de indias? —preguntó divertido.

—Quiero que seas todo la que no sé, pero si quieres llamarlo así por mí no hay drama.

Él se ríe, me abraza y toma mi mano para dirigirla a su entrepierna, sobre la ropa. Quiero ver, pero no me deja, su mano hace que lo mire mientras que con su otra mano se encarga de que lo toque enseñándome cómo hacerlo.

Mi mano explora, puedo sentir el calor atreves de la tela, además del espesor y el gran tamaño que tiene. No tengo como comparar, pero si eso se supone que debe encajar ahí abajo, carajo estoy segura que termino partida a la mitad. Sus ojos se cierran y gime cuanto presiono un poco.

Aflojo el agarre y suspira agitado, me vuelve a ver y su mano que estaba guiando mi mano sobre su miembro llega y se ajusta a mi cara, rosa mis labios y sin dejar de mirarme me besa.

Siento como palpita y fascinada al sentir algo que nunca sentí mi mano en su cadera trepa a su cintura y lo aprieto.

De pronto me encuentro sobre él, sus manos en mi nuca tiran de mi pelo, mientras su lengua se pelea con la mía. Mi centro roza el suyo provocando que gima, una corriente magnética recorre mi cuerpo haciendo me quiera mover entorno a él.

Sus manos bajan para sostenerme y frenar mis movimientos, mi centro late y estoy tan agitada que no entiendo nada. Siento como los gemidos que salen de su garganta se van calmando al igual que los latidos de su miembro, mis ojos se abren, creo entender lo que paso.

—Creo... que... —asiente y vuelve a juntar su boca con la mía.

—No sé cómo decirlo, pero tengo un desastre en mis pantalones —dice, provocando que ambos riamos.

El movimiento de nuestros cuerpos al reír hace que nuestros centros se rocen de forma sugerente y nuevamente ese calor que antes me había acometido, lo siento recorrerme entera.

—Hora del baño frio —sugiere.

Los dos entramos a la ducha, si, con ropa claro. No me atrevo a tanto. El solo con su bóxer. Descubro que también sus piernas están tatuadas. El lugar es tan pequeño que reímos porque casi no nos podemos mover.

Él se encarga de enjabonar mi cabello mientras yo trato de lavar mis piernas, la ropa complica un poco las cosas. Me siento incomoda, no puedo bañarme vestida. Bufo.

—¿Qué pasa? —me pregunta.

—Tener la ropa puesta hace que no me pueda bañar bien —murmuro.

—Pues quítatela —me volteo para mirarlo—. Puedes confiar en mí.

Me pierdo en sus coloridos ojos por un momento y no sé, pero es cierto siento que puedo confiar en él, sé que puedo mostrarme desnuda ante el que no actuara a menos que se lo pida. El problema es que quiero que lo haga sin que se lo tenga que pedir, así de loca esta mi mente.

Enseguida mis manos se deshacen de mi ropa, toda ella. El me recorre con la mirada, traga y su mirada se oscurece.

—Dios, eres perfecta —dice, me volteo y continuamos con nuestro baño, ahora si necesito que el agua largue témpanos de hielo.

Luego de ese baño que subió mi nivel de confianza con él, nos encontramos buscando algunos de mis pantaloncillos que pueda usar en lugar de los suyos. Lleva una toalla envuelta en su cintura.

—Mira este es amplio —le muestro uno rosa chicle y rompo a reír por la cara que me pone cuando le sugiero esa prenda.

—Deja, mejor llamo a Gastón para que me alcancé algo de su ropa —sugiere estirándose sobre la cama para alcanzar su teléfono celular que esta sobre la mesilla de noche.

Mientras él llama a nuestro amigo en común yo me encargo de preparar algo para desayunar. Después de una mañana cargada de arrumacos, mi estomago está que arde.

Termino de preparar y escucho que tocan a la puerta me acerco para ver quién es y me encuentro con la mirada sonriente de mi amigo que me mira con sus brazos cruzados, me inspecciona de arriba abajo.

—Pasa y deja de especular ¿Quieres? —digo haciéndome a un lado.

Entra y mira que Audin está sentado en mi pequeño sofá mirando algo en la tela, al verlo con la toalla me vuelve a mirar.

—¿Ya desayunaste? —pregunta para tratar de desviar sus pensamientos.

—Puedo tomar un café —dice y tira la bolsa que trae hacia donde esta Audin.

—Gracias —lo escucho decir mientras se dirige al baño para cambiarse.

Nuevamente Gastón me mira como esperando una explicación, no es ni mi padre no mi hermano, pero se comporta como si lo fuera.

—No hicimos nada de lo que piensas, asique borra esa cara —le digo apuntándolo con una cuchara.

—Si, claro y yo me llamo Pelotudencio.

—Piensa lo que quieras de todos modos no te incumbe.

—Eso confirma mis pensamientos Amy —dice serio—. Creí que no era tu novio.

—No sé qué somos, pero pienso descubrirlo. Mientras tanto solo te diré que me gusta y mucho.

—Espero que se protejan, no quiero ser tío aun —dice tomando la taza con el humeante café que le tiendo—, es buena persona de eso me deja tranquilo.

—Eso ya lo sé —coincido con él.

Audin entra a la cocina con una remera ajustada a su cuerpo y un pantalón deportivo. La boca se me llena de baba. Se sienta a mi lado y le paso una taza de café para él y toma una de las galletas que prepare mientras esperábamos a que viniese Gastón.

—Cuida bien de mi hermanita si no quieres un enemigo —habla Gastón en tono sobreprotector.

—No hace falta que lo digas —responde Audin y me mira. Sus coloridos ojos tienen un brillo que me deja sin pensamientos por un momento. Me nublan la mente.

—Dejen de comerse con la mirada —nos reta mi amigo—. Supongo que hoy no entrenaras —dice dirigiéndose a mí.

—¿Por qué no lo haría? —su mirada se clava a mi lado.

—¿Quieres entrenar con nosotros? —pregunto mirando a mi lado.

—Bueno, y ¿pelearas conmigo en el ring como lo hiciste con él? —pregunta y puedo ver la ansiedad en sus palabras.

—Si te animas —digo retándolo.

—Claro, nena —responde y me da un beso dejándome en las nubes.

—Mierda, ahora me toca lidiar con las babas también —dice Gastón y siento como Audin lo patea por debajo de la mesa.

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Comments

Lourdes Mendez

Lourdes Mendez

son tofo una comidilla 😅😅😅😅😅😅😅😅😅🫠🫠🫠🫠🫠🫠🫠🙃🙃🙃

2024-08-16

1

Anonymous Carmen diaz

Anonymous Carmen diaz

Sifón eres celoso y posesivo y Gastón se siente su protector debes ser más tranquilo ella no sabe como tratarte además que sea mostrado ante ti confiada no la defraudes

2024-05-29

2

Rosalinda Quintanilla

Rosalinda Quintanilla

chicos de hoy, van demasiado rápido

2024-05-04

2

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