Unos ojos oscuros observaban atentamente el camino. Él presionó el acelerador.
—No te saldrás con la tuya
—Eso ya lo veremos —se rio. El sujeto miró a la mujer que estaba vestida de blanco.
—¡Ya déjame en paz! —quiso abrir la puerta del auto.
—¿Qué estás haciendo?, sabes que, si saltas, morirás, ¿verdad?
—Prefiero mil veces saltar que seguirte —amagó.
—¡No lo hagas! —agarró el brazo de la chica.
—¡Suéltame! —con su otra mano trato de liberarse de las garras de aquel sujeto.
Ambos forcejearon. El vehículo comenzó a moverse en forma zigzag.
Días antes...
En las afuera de la casa de Karen se reunieron varios oficiales
—¿Qué está pasando?
—Hemos encontrado pequeñas cámaras en diferentes partes de la casa.
La chica se tapó la boca con las dos manos.
—Lo ven, no estaba mintiendo. Él me está vigilando en estos momentos —miró hacia todos lados y comenzó a respirar con dificultad.
—Señorita, tranquila. No se altere.
—¿Cómo puedes decirme que no me altere cuando puede ser que la próxima vez no sobreviva? Esta vez tuve suerte, pero la próxima vez...
—No digas eso —apareció repentinamente Ricardo—. Yo estaré contigo.
Al oír la voz del muchacho, Karen se dio la vuelta y fue a abrazarlo con mucha fuerza.
Ágatha esbozó una sonrisa.
—¿Qué sucede? —preguntó Daniel.
—Esto podría funcionar —murmuró ella—. ¿Harías cualquier cosa para que lo atrapen?
—Sí. Quiero que lo atrapen lo más rápido posible.
—No permitiré que mi hija haga ninguna locura —interrumpió la madre mientras se acercaba al grupo.
—Mamá, no quiero volver a tener miedo. No sé cuál será el plan de la detective, pero quiero confiar en ella.
—Pero...
—Mamá, confía en mí, No correré peligro —miró a Ágatha—. ¿Verdad?
—C-claro. Ella estará bien.
La mujer dio un suspiro de resignación.
—Confiaré en mi hija —miró a Karen
La joven sonrió.
—Primero me encargaré de algunos asuntos y luego les comunicaré de cómo proseguiremos.
Los oficiales junto con los detectives se retiraron de la residencia.
Daniel miró de reojo a su compañera que estaba sentada a su lado, en el asiento del copiloto. ¿Qué estará planeando?, esa clase de preguntas aparecía en su mente.
Ágatha miró a Daniel.
Él desvió su mirada para concentrarse en el camino.
—Ya te enterarás cuando lleguemos.
—¿Cómo?
—Creí que querías saber sobre el plan que tenía en mente.
...*** ...
—No. No permitiré que hagan esa locura
—Señor, estoy segura de que funcionará. Confía en mí como lo hace la víctima y su familia.
—Ya te he dicho que no. Es algo peligroso
—Señor -interrumpió Daniel. Él estaba recostado en la pared, escuchaba toda la conversación.
—No insistas por ella.
—No iba a persuadirlo —miró a Ágatha—. ¿Podrías retirarte?
—Pero...
—Tengo que hablar con el señor Charles de cosas importantes.
—Esto también es importante.
—Ya terminó la reunión. Ya retírate.
Ágatha salió frustrada de la oficina.
Daniel se acercó al escritorio y luego arrastró la silla hacia el frente. Se sentó cruzando la pierna y juntando las manos.
Ágatha se aproximó a la puerta.
—¿Y bien, de qué querías hablarme?
Alex rodeó su brazo en el cuello de su amiga.
Ágatha se sobresaltó
—¿Qué estás haciendo? —susurró ella
—¿Qué estás haciendo tú?
—Chicos... ¿Qué hacen? —Mark elevó su voz.
—Shhhhh. Baja la voz
—¿Qué están tratando de escuchar?
Alex negó con la cabeza.
Daniel se levantó de la silla y caminó a la entrada. Abrió la puerta y por la pequeña apertura, sacó la cabeza. No vio a nadie.
—¿Qué sucede?
—Creí haber escuchado algo —cerró la puerta.
El corazón de Ágatha se aceleró. Ella respiró profundamente y luego dejó escapar un suspiro.
—Casi nos descubren.
Mientras caminaban por el pasillo, ella les comento el plan a sus compañeros.
—¿Entonces qué harás? ¿Te darás por vencida?
—Claro que no
—¿Quieres que hable con él? —preguntó Alex
—La respuesta será lo mismo. Él no es de los que cambia de opinión fácilmente.
—Eso es cierto —continuó Mark—. ¿Qué haremos?
—Continuar. Iremos a hablar con Karen y su familia.
—¿Me estás amenazando? -preguntó Charles
—Tómalo, como un recordatorio del pasado —se puso de pie y caminó hasta la puerta.
—¿Por qué repentinamente estás interesado en ella?
Daniel suspendió su mano derecha sobre el picaporte y permaneció inmóvil ante esa pregunta.
—¿Quién dijo que me interesaba? —murmuró apoyando su mano en el picaporte. Antes de salir, miró a Charles—. Ella no me interesa —salió.
—Veo que aún sigue empeñado en no olvidarla —se dijo para sí mientras veía a Daniel salir de la oficina.
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