Sara parte 1

La señora Catalina acababa de terminar de cocinar. Levantó la tapa de la olla y se inclinó hacia él con la intención de sentir su aroma.

Madre dijo una mujer mientras entraba en la cocina.

—Sara, estás de vuelta.

Ella simplemente asintió.

—¿Cómo la encontraste?

—Muy bien madre. Lo has hecho para Daniel, ¿Verdad?

—Sí, es su comida favorita. Me preocupa que no esté comiendo bien.

—¿Se lo llevarás?

Catalina negó.

—Entonces, ¿Por qué lo has cocinado? Sabes que él no vendrá a comer.

—Tú se lo llevarás.

—¿Yo? No sé dónde está viviendo.

—Te daré su dirección.

—Está bien, se lo llevaré sonrió.

Catalina sirvió la comida en varias loncheras y luego se la entregó a la chica de cabello oscuro.

Una vez que Sara llegó a la residencia, golpeó la puerta. Nadie respondió.

—Aún no ha vuelto.

Bajó las escaleras y caminó hasta la habitación con la numeración cero. En ese apartamento reside el encargado del lugar.

—¿Sí? —preguntó el hombre que abrió la puerta.

—Hola. Soy la prometida de Daniel.

—¿Daniel?

—Si

—¿El del diecisiete?

Ella asintió.

—Él me pidió que le alcanzará unas cosas, pero se le olvidó darme la llave. Me ha dicho que usted tenía una copia.

—Espera aquí —contestó mientras le cerraba la puerta en la cara—. Aquí está —le entregó una copia.

—Gracias —sonrió

Sara volvió a subir las escaleras.

***

Daniel se detuvo en la calle.

—Esta es la dirección —miró la casa que estaba pintada de blanca. Caminó directo a la puerta.

Toc, toc

Nadie respondió.

—Disculpe, ¿estás buscando al hombre que vive allí? —habló una mujer que sostenía una correa, a su lado se hallaba un pequeño perro que en todo momento estaba en alerta.

—Así es, ¿usted sabe dónde está?

—Lo he visto salir hace unas horas. Supongo que estará por volver.

—Contáctame cuando lo vuelvas a ver.

—Creo que no será necesario

—¿Cómo?

—Allí viene -señaló

—Muchas gracias —se alejó de la mujer—. Ricardo, ¿verdad? —preguntó al hombre que sostenía una bolsa de compra.

—¿Usted es...?

—Soy Daniel Wolf

—¿El detective?

Daniel asintió

—¿En qué puedo serle útil?

—¿Conoces a Karen Rizzo?

Ricardo dejó caer la bolsa en el piso.

—¡Ella es mi novia!, quiero decir... Ella es mi exnovia.

—La intentaron asesinar —dijo Daniel mientras veía al hombre inclinarse y levantar la bolsa del piso.

—Pero... Está bien, ¿verdad? —él abrió la puerta de su casa—. Pasa.

—Gracias —entró

El lugar se encontraba desordenado. Había juguetes en el piso, ropa en el sofá y algunos cubiertos en la pileta de la cocina.

—Siento mucho el desorden —dijo mientras despejaba la mesa—. ¿Desea tomar algo?

—No, gracias —se sentó en la silla de la cocina.

—Seguro estás aquí para preguntarme en donde estuve durante todo el día

—¿Cuál es su respuesta?

—Estos días no he salido a ningún lugar, estuve cuidando a los hijos de mi hermana. Ella podrá corroborar mi cuartada, escribió un número en un papel y luego se lo entregó a Daniel—. Ese es el número de mi hermana, ella le dirá en donde estuve.

—Muchas gracias. Sé que es algo incómodo que le pregunte esto, pero es parte de mi trabajo

—No se preocupe, puedes preguntarme lo que quiera

—¿Se podría saber la razón de su rompimiento? Por lo que tengo entendido, ustedes hace unas semanas que terminaron.

—Después de que comenzó a recibir mensajes anónimos, ella empezó a actuar de manera paranoica.

—¿Mensajes anónimos?, ¿qué tipo de mensajes? ¿De muerte?

Ricardo asintió.

—¿Sabes quién podría ser capaz de enviarle esos mensajes?

Ricardo se quedó pensativo.

—Había un hombre que la acosaba todo el tiempo.

—¿Recuerdas su nombre?

—Creo que se apellidaba Morel o algo así.

El teléfono del detective sonó.

—Tengo que contestar —se puso de pie y se alejó unos centímetros—. ¿Qué sucede?

—La señorita ha despertado —habló Ágatha a través del teléfono

—¿De verdad? ¡Qué buena noticia!

—¿Le pasó algo a Karen? —se asustó

—No te preocupes, ella está fuera de peligro.

—¡Qué suerte!, ¿lo puedo acompañar? Quiero verla.

—Claro

En el hospital...

Ricardo corrió para alcanzar al detective

—Creí que no podría alcanzarlo

—Tendremos que ir por allí

El brazo de Daniel rozo con el brazo de un hombre que iba a la dirección contraria a la de ellos, hacia la salida. Su mirada se desvió hacia el sujeto.

—Esa persona se parece mucho a él —continuó caminando.

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