La chica de ojos avellana miró por el espejo retrovisor. Vio a varios autos que los perseguían.
—Déjame ir y sálvate tú —dijo al joven que estaba del lado del conductor.
—No sé quiénes son, pero, No te dejaré en manos de ellos.
—No seas cabeza dura.
—Tú, deja de serlo —tomó su mano mientras presionaba el acelerador.
Los autos que los perseguían cada vez más se acercaban a ellos.
Daniel maniobró bruscamente el volante y en el proceso provocó que el auto se volcara. El vehículo giró y luego colisionó contra el piso.
—Te prohíbo que mueras —dijo él.
—Tú tampoco puedes hacerlo —contestó la chica con una sonrisa.
—Definitivamente, te volveré a ver.
Unas lágrimas recorrieron la mejilla de ella.
El auto explotó.
—Te amo —se escuchó decir.
Daniel se despertó al sentir un cálido cuerpo cerca de él.
Horas antes...
—Si —respondieron y comenzaron a marcar en sus teléfonos.
Ágatha entró a la oficina, ella caminaba de un lado a otro mientras sostenía su móvil.
—Por favor, contesta.
—Señorita —entró Mark
—¿Te pudiste contactar con él?
Mark negó.
Ágatha respiró profundo.
—¡Claro, ese número!
Ágatha marcó unos números en el teléfono y luego se lo llevó al oído. Nadie contestaba.
—¿Por qué nadie contesta? —dijo mientras buscaba en su contacto—. Ya sé a quién llamar. Alex, no puedo hablar, así que hazme el favor de encontrarme la ubicación de este móvil.
Al rato de cortar la llamada, recibió un mensaje con la ubicación.
—Ruta 27 —leyó.
—Los acompañaremos -dijo una voz
—Bien
Tres oficiales acompañaron a Ágatha.
Tras un largo trayecto hacia el lugar destinado, encontraron a varios patrulleros varados fuera de la carretera y con las puertas abiertas. Ágatha y los tres oficiales salieron del auto. Corrieron para ver si había algún herido.
—El de aquí está muerto —gritó—. Tiene un disparo en la cabeza.
—Este también tiene un disparo en la frente —contestó el otro.
—Detectives Rossi —llamó el tercero—. Miré allí —señaló.
Ágatha caminó hasta la patrulla, allí se encontraba Daniel. Ella se acercó a él y le tomó el pulso. No pudo sentir nada. Acercó su cabeza hasta el pecho y escuchó el latido de su corazón. Su corazón se aceleraba cada vez más.
Él repentinamente abrió los ojos.
Ágatha se incorporó inmediatamente.
Sus miradas se encontraron por un instante.
—¿Qué pasó? —preguntó adolorido—. Dónde está la chica —bajó del patrullero y la comenzó a buscar.
—Se la llevaron.
—¿Quiénes?
—No lo sé.
—Tenemos que encontrarla.
—Ahora no estás en condición de buscar a nadie —dijo mientras rodeaba el brazo del detective en su cuello. Él estaba algo débil y por eso no se podía mantener en pie.
Luka, quien se encontraba en el mismo vehículo que Daniel, estaba inconsciente.
—¿Por qué he vuelto a soñar con ella? —se preguntaba mientras observaba por la ventana del hospital.
—¿Ya te encuentras mejor? —preguntó un hombre.
—Sí, doctor —miró al doctor—. ¿Cuándo podré volver a mi casa?
—Aún debes permanecer por unas horas.
Daniel suspiró.
—Ya estoy harto de los hospitales —murmuró—. ¿Cómo se encuentra? —señaló al joven que estaba dormido en la otra camilla.
—Aún no lo hemos podido despertar
En la estación...
—Exijo que me hagan un monumento —dijo Mark con una voz animosa.
—¿Acaso te ganaste la lotería? —contestó Ágatha mientras se ponía de pie.
—Es algo mucho mejor.
—¿Qué podría ser mejor que eso?
—Explícate —continuó Charle.
—Esto —enseñó un cd.
—No me digas que son las grabaciones —interrumpió la detective
Mark asintió.
Él introdujo el CD en el reproductor de DVD.
Ágatha observaba con mucha atención la cámara de seguridad que había registrado el incidente. En el vídeo se podía observar a una furgoneta negra, esta interceptó a los patrulleros. Del vehículo salieron varias personas encapuchadas que tenían la misma máscara del video. Ellos, sin piedad, ejecutaron a todos los oficiales.
Uno de ellos, dudó en disparar a Daniel y por ello, con la culata del arma, lo golpeó en la cabeza.
Abrieron la puerta del patrullero y se llevaron a Martina.
Un enmascarado de arlequín miró directo a la cámara, era como si supiera de su existencia. Movió los brazos, parecía que estaba saludando o se estaba burlando.
Ágatha presionó muy fuerte el puño, sentía que se estaban burlando de ellos y eso no le gustaba.
—Señor, iré al hospital
—Está bien.
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