Una mañana agitada

El vapor fluvial desde lejos pasaba por debajo del puente, mientras que los pájaros revoloteaban por el cielo. Las gotas del rocío caían en el lago.

A lo lejos, él pudo advertir una silueta. Cuanto más se acercaba, podía distinguir la espalda de una mujer. Ella se inclinó a atarse los cordones. Daniel pasó de largo.

Mientras seguía corriendo, sintió como una brisa caliente golpeaba su semblante. A la distancia, escuchó un silbido que formaba una canción "Nemo - Nightwish". Esta melodía cada vez se acercaba.

Ágatha estaba detrás de él, unos auriculares cubrían su oreja. Ella levantó la mirada y fue allí que se percató de su compañero.

—¿Qué estás haciendo aquí? —dijo mientras bajaba el volumen de la música.

—Lo mismo que tú.

—Ah, claro —se rio— ¡Qué tonta! Por cierto, ¿no debería estar descansando?

Él negó.

—Estoy bien

—Pero...

—El doctor me ha dicho que no tenía nada malo, además, no me gusta perder el tiempo. ¿Sabes algo de Luka?

—Sí, el médico me ha dicho que actualmente está recibiendo bien el tratamiento, solo tenemos que esperar a que su conciencia reaccione.

—¿Has hablado con tu padre?

—¿Sobre qué?

—Ya sabes, sobre la mujer que había ido a tu casa.

—Aún no he podido hablar con él. Actualmente, se ha ido de casa y no sé cuándo volverá. Él siempre se pierde por unos días en sus investigaciones y después regresa a casa.

A la distancia, una joven mujer salió de su casa a toda prisa. Parecía estar aterrada.

—¡¡AYUDA!!

Daniel y Ágatha se miraron. No sabían qué estaba ocurriendo, pero de igual manera corrieron en su auxilio.

—¿Qué sucede? —preguntó Daniel

La chica temblaba y no le salían las palabras, tartamudeaba. Estaba muy nerviosa.

Ágatha miró hacia todos lados, no vio nada.

—Tranquilízate —dijo mientras se acercaba a ella. Ella chasqueó los dedos.

La cabeza de la joven parecía estar rígida, su mente se encontraba en blanco.

—Respira profundo como lo hago yo.

Ella obedeció.

—Muy bien. Ahora cuéntame qué pasó

La mujer tragó saliva y sin quitar la mirada de los ojos de Ágatha, comenzó a hablar.

—Mi hermana —las lágrimas comenzaron a recorrer su mejilla—. Creo que está muerta, se cubrió la cara con las dos manos.

Los detectives se volvieron a mirar.

—Quédense aquí, ahora vuelvo.

Ágatha asintió.

—Pero... puede que aquella persona siga allí.

—No te preocupes, él sabe lo que hace —contestó al ver a su compañero entrar a la casa.

En el momento en que ibas a subir la escalera, un quejido de dolor detuvo a Daniel. Él caminó hasta la cocina.

Sobre un charco de sangre se hallaba una mujer, ella estaba boca arriba. A poco centímetro del corazón, estaba el cuchillo sin mango.

—Fue él -se escuchó provenir de la víctima. Su voz era débil, pero se podía escuchar claramente cada palabra. Dejo de hablar.

Daniel se inclinó hasta el cuerpo y comprobó si aún tenía pulso.

—¡Es débil! —marcó a la ambulancia.

Cuando los paramédicos llegaron, subieron con mucha delicadeza el cuerpo de la joven en la camilla.

—¿Quién la acompañará? —preguntó uno de ellos.

—Soy la hermana —contestó la chica y subió al vehículo.

La ambulancia se alejó a toda prisa. Desde la distancia, aún se podía oír el sonido de la sirena.

La cinta se encontraba protegiendo la escena del crimen. Varios oficiales estaban buscando alguna pista. Levantó el cordón policial e ingresó a la casa.

—Buen día, señor —saludaron varias voces.

El inspector movió la cabeza.

Daniel subió la escalera y con mucho cuidado abrió la puerta de la habitación.

La cama se hallaba desarreglada y la ventana se encontraba cerrada con seguro, desde adentro. Según el detective, el atacante no pudo haber entrado ni escapado por ese lugar. Probablemente, el agresor debió haber entrado por la puerta, aunque, ahora que lo piensa... No vio ninguna señal de forcejeo en la entrada. Tal vez la víctima conocía al delincuente y por eso le abrió.

En la parte trasera, adyacente a la casa, pudo encontrar una marca de quemadura en el piso. Alguien parece haber querido deshacerse de algo en ese lugar. Tomó un papel que estaba abollado. Estaba intacto. Aliso el papel que debía ser algo importante como para que alguien quisiera deshacerse de él. Continuó registrando los alrededores, antes de seguir caminando, se detuvo, se inclinó hasta el mango de un cuchillo. Recordó a la víctima.

El cuchillo que había herido a la víctima, le faltaba el mango. Daniel tiene la sospecha de que el atacante, con el afán de terminar su trabajo, decidió deshacerse de la evidencia.

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Comments

Mr. Sophie

Mr. Sophie

Menudo atacante , se nota que es medio idiota , xq le quitó el mango al arma blanca pero no se deshizo del mango como se debía

2024-06-17

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