Mark no paraba de hablar.
Alex solo quería escapar corriendo. Dirigió su mirada a Ágatha.
—Solo soportarlo —decía la sonrisa de la oficial
—No seas mala —expresaban los ojos de Alex.
Los dos parecían entenderse a la perfección.
En el momento en que Ágatha se puso de pie, Alex sintió que ella era su salvadora, su ángel.
Ella se alejó del escritorio y se acercó a los dos oficiales que se encontraban sentados en el sofá.
Alex suspiró de alivio.
—Ahora vuelvo —ella sonrió.
—Eres cruel —se dijo mientras veía a su angelical amiga transformarse en un demonio.
Después de un rato, Ágatha volvió a ingresar a la oficina.
—Mark, tenemos que irnos.
—Está bien —contestó poniéndose de pie y dándole una palmada a Alex—. Nos vemos después.
Ágatha tomó su chaqueta. Parece que hace un poco de frío, aunque en época de otoño la temperatura es inestable. A ella le encanta la primavera, esa es su estación favorita. No hace frío ni tampoco calor, es una estación que equilibra muy bien el clima frío del calor. Además, en esa época se puede sentir en el ambiente el amor, todo es colorido y hermoso. El otoño es su estación menos favorita por el simple hecho de que es inestable. Son días pegajosos y húmedos como lo es ahora.
Los dos salieron de la estación de policía.
—¡Mark!
—¿Qué pasó? —respondieron a dúo mientras giraban hacia aquel grito.
—Charles te está buscando.
—¿En serio?, yo no escuché nada.
—Yo tampoco —contestó Ágatha.
Alex miró a Mark, él parecía que trataba de decirle algo con la mirada.
—Ah, ya entendí —sacó su teléfono del bolsillo y se lo llevó hasta la oreja—. Si señor, ya voy para allá —antes de alejarse, los dos se miraron con complicidad.
—Voy contigo —dijo mientras caminaba hasta su amiga.
Ágatha se le quedó mirando por unos instantes.
—¿Qué estás esperando? ¡Vámonos!
—Lo hiciste a propósito, ¿verdad?
—¿De qué estás hablando? —abrió la puerta del conductor.
Ágatha le volvió a clavar la mirada matadora.
—Ya deja de mirarme así
—Solo dime la verdad —cerró la puerta del copiloto.
Alex suspiró.
—Está bien, lo admito. Nadie llamó a Mark —el auto se puso en movimiento.
—Lo sabía
—No se te escapa nada.
—Es solo que te conozco.
Alex y Ágatha son amigos desde hace varios años. Se habían conocido cuando ella ingresó por primera vez en la escuela de policía. En esa época, él estaba en tercer año.
Años antes...
—S-señor
—¿Qué sucede? —voz era gruesa.
—E-ese es m-mi lugar —cerró los ojos
—¿Qué has dicho?
—N- nada.
—¡Ey tu...! —Ágatha corrió hasta la chica
—¿Yo? —contestó el hombre de gran tamaño
—Debes ir a formar fila como todos
—¿Quién eres tú para darme orden?
—Señorita, a mí no me molesta
—¿Lo ves? A ella no le molesta que me adelante.
—Escucha, no debes ser así. Tú estuviste por mucho tiempo formando fila como para que este —miró al hombre que estaba delante de ella—. Sé cole en la fila.
—No me importa de quien seas hija, si te vuelvo a ver...
—¡¿Qué me harás?!
El hombre caminó enfadado hacia ella.
—¡Pelea!, ¡pelea!, ¡pelea! —gritaron varias voces
—No tenemos que llegar tan lejos —se rio ella—. En que me estoy metiendo —pensó
—Ahora te acobardas.
Ágatha dio unos pasos hacia atrás.
Ella se sentía como un cachorrito delante de un feroz león, que la comería viva si es que bajaba la guardia en algún momento.
—¿Qué está sucediendo? —preguntó una voz.
Alex pasó por medio de la aglomeración.
El hombre ejerció fuerza hacia Ágatha.
Ella cerró los ojos e inconscientemente se protegió el rostro con los brazos.
Alex detuvo el golpe con una sola mano.
—Ese tipo de cosas están prohibidas aquí
—Ella comenzó —habló el hombre.
—Eso no es cierto
—Tendré que reportar este incidente a los directivos.
—Por favor, no lo hagas. Me expulsarán de aquí y no quiero eso.
Alex se quedó pensativo.
—Está bien, pero... discúlpate con ellas
El hombre frunció el ceño.
—Me disculpo por todo esto, la próxima vez haré la fila como todos —miró al piso y luego se retiró
—¿Están bien? —preguntó el chico de los ojos marrones.
—Sí, estoy bien.
Ágatha giró hacia la chica de anteojos
—¿Qué hay de ti?
Ella asintió.
—Yo soy Ágatha, ¿Cuál es tu nombre?
—Elena.
—Elena, tengo la impresión de que seremos muy buenas amigas en el futuro.
—¿Cuál es tu nombre? —preguntó Elena al chico de cabello corto.
—Yo también quiero saber tu nombre.
Antes los ojos de Ágatha, el chico que estaba frente a ellos era como un príncipe que llegó en su corcel blanco justo para salvarlos
—Soy Alex pasó su mano por su sedoso cabello castaño claro.
El auto seguía en movimiento.
—¿Te acuerdas de cómo nos conocimos?
—¿A qué viene esa pregunta?
—De repente me vino ese recuerdo en la mente.
—Nunca podría olvidarlo.
—¿Recuerdas cómo era Elena?
—Sí, era totalmente diferente a la actual Elena —el auto disminuyó su velocidad—. Antes usaba anteojos, pero las lentillas la han cambiado, le dio más confianza en sí misma.
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