Abrió el cajón de su mesita de luz, aún costado se hallaba el pañuelo negro con detalles dorados; este estaba doblada en cuatro. A su lado se podía observar una tela de seda.
Antes de salir, se observó en el espejo y cubrió su garganta con aquella tela.
—Perfecto —sonrió.
Salió de su departamento.
Desde hace un tiempo que el apartamento de al lado ha estado sin habitantes, sin embargo, la constante actividades que se comenzó a registrar en estos últimos días, le indicaba a Ágatha que pronto habría un nuevo inquilino.
Se detuvo a un costado de la escalera y dejó que los hombres de la mudanza continuarán su camino.
Al bajar, advierto a su taxi. Este acababa de llegar.
Subió al vehículo y se puso en marcha.
—Mark, llegaré un poco tarde —dijo mientras sostenía su teléfono—. Tengo que encargarme de algunas cosas —cruzó la calle.
Se detuvo frente a una casa de planta alta.
Con suavidad, abrió la puerta.
La ráfaga de viento chocó contra ella. La casa de sus padres siempre había sido cálida, pero por alguna razón, en estos días se había vuelto frío e irreconocible para ella.
Ágatha caminó hasta la habitación principal. En el lecho se hallaba una mujer dormida. Se acercó a ella y le tocó la frente.
—Me alegro de que te encuentres mejor —sonrió.
Su madre se acomodó de un costado, mirando la pared y siguió durmiendo. Salió de la habitación.
—¡¡Ya hemos hablado de esto!! —habló una voz masculina.
Ágatha se acercó a la puerta
—¿Con quién estará hablando a esta hora? —se preguntaba. Era la primera vez que ella oía a su padre de esta manera, él nunca perdía el control o al menos nunca lo había hecho en su presencia.
—No me importa ensuciarme las manos si eso significa proteger a mi familia.
—Ellos ya saben en donde se encuentra, tarde o temprano vendrán a esta casa y no podrán hacer nada. A ellos no les gusta jugar cuando se trata de algo que quieren.
—Los estaré esperando.
Ágatha llevó su mano hasta el picaporte y trató de abrir la puerta.
—¿Qué haces? —susurró alguien al oído de la detective.
El corazón de Ágatha saltó, sentía como si se le quisiera escapar de su cuerpo.
—Mamá... —dijo tomándose el pecho—. Te despertaste.
—¿Qué estás haciendo?
—¿Con quién está hablando papá?
Las dos se alejaron de la puerta.
—No sé —contestó—. ¿No deberías estar trabajando ahora?
—¿Es que no puedo visitar a mis padres antes de ir al trabajo? Si no quieres que esté aquí, me voy.
—No, no es eso.
Nora bajó la mirada hasta el cuello de su hija y al ver que este se hallaba cubierto con una tela, su expresión cambió a la de tristeza y preocupación. Estiró su brazo para luego tocar el cuello de Ágatha.
—¿Te duele?
—Ah, eso. Solo tenía frío y por eso me cubrí el cuello. No te preocupes, ya no me duele —sonrió.
Nora abrazó a su hija.
—Cariño, perdóname —le susurró al oído.
Ágatha cerró los ojos y abrazó a su madre.
La puerta del laboratorio se abrió.
—¿Qué está pasando? —preguntó Pablo Rossi.
—No, nada —contestó Nora mientras se secaba las lágrimas.
Una mujer de unos veinte años salió de aquella oficina. Ella sonrió al ver a Ágatha.
—¿Quién eres tú?
—Soy Martina -se acercó a Ágatha—. ¿Tú debes ser la hija del doctor Rossi?
Ágatha asintió.
—Así es, mi nombre es Ágatha Rossi —contestó extendiendo su mano hacia la joven de ojos color esmeralda.
Martina se rio.
—¿Por qué te ríes?
—No es nada.
Martina se abalanzó para abrazar a Ágatha.
—¿Qué está pasando? —pensó.
—Me alegro de volver a verte —le susurró al oído.
—¡¿Qué?! —se sorprendió.
—No dije nada.
—¿Habré escuchado mal?
Martina se incorporó y dio unos pasos hacia atrás.
—Toma.
—¿Qué es eso?
—Es mi tarjeta, comunícate conmigo cuando quieras.
—¿G-gracias? —agarró la tarjeta y la guardó en su bolsillo.
—Nos volveremos a ver muy pronto —dijo moviendo su mano mientras caminaba hasta la puerta.
—Qué extraña es...
Ágatha clavó su mirada a su padre y luego a su madre. Estaba segura de que ellos estaban escondiendo algo.
—¿Quién es ella?
Nora negó con la cabeza.
—No es nadie importante —respondió el padre.
—Si no fuera alguien importante, no estarías tan intranquilo como lo estás ahora.
—No tengo que darte ninguna explicación.
—Sé que no debes darme ninguna explicación, pero, ¿por qué ella estaba en casa a estas horas de la mañana?
—Cariño, no deberías irte a tu trabajo —interrumpió Nora.
Ágatha miró la hora.
—Ya se me está haciendo tarde —dijo mientras saludaba a sus padres con un beso.
—Cuídate —Nora movió su mano.
—Esto no quedará así, después me tendrán que decir la verdad.
Pablo vio a su hija desaparecer por la puerta, él suspiró.
—Aún con todo lo que pasó anoche, ella sigue siendo muy alegre —dijo Nora.
—No te preocupes, ella siempre te querrá —tocó el hombro de su esposa.
Ágatha subió al colectivo.
Al mismo tiempo que el autobús se ponía en marcha, ella acercó la tarjeta a la máquina.
Buscó con detenimiento un asiento, su mirada era igual a la de un águila en busca de su presa. Se sentó en la última fila en dirección a la ventana, ese lugar es su favorito.
Apoyó la cabeza en el vidrio y cerró los ojos. No dejaba de pensar en aquella mujer que acababa de conocer.
—¡Su identificación! —se acordó.
Sacó la tarjeta de su bolsillo y se quedó observando el nombre de la chica.
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Comments
Magda Alvm
Quien será esa mujer y que ocultan los padres 🤔
2024-01-31
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