Capitulo 19: Las no consecuencias

Thomas Lucas Morris: El día viernes de la tormenta.

“Las acciones tienen consecuencias". Dios mio, como deseaba que eso fuera aplicable con Dylan. Siempre se salía con la suya, y siempre había alguien que arreglaba su desorden. Ese alguien casi siempre era yo.

—Tenia que hacerlo, quería hablar. No tuve opción —se justificó mientras lavaba sus manos y su rostro. El rastro de agua que chorreaba era rojo.

—Dylan, pedazo de mierda. ¿Qué, acaso piensas acabar con todos las personas relacionadas con este caso? —le di una palmada en la nuca y él solo se rio—. ¿Nos quieres dejar en evidencia, estúpido?

—Hermanito, hermanito —dijo negando con la cabeza como si yo no entendiera nada—. Solo era un estúpido sirviente de Montilla, nadie lo extrañará. Era el único testigo, era necesario.

—No entiendes que ahora será más que obvio, no hay forma de que solo pase como un accidente o de voluntad propia. Ahora los tendremos encima, esto nos atrasará muchísimo...

—Ugh, que fastidio. Siempre le quitas la emoción a todo, Lucas —puso los ojos en blanco.

—¿Emoción? —quería matarlo—. Esto no tiene nada de emocionante. ¿Qué le vamos a decir a Hans?

—A él no le importará.

—La vida de ese hombre, no, obviamente no le importará —admití—. Pero el retraso en el hallazgo de evidencias, sí.

—Yo sé que lo calmaras. Siempre lo logras —me dio una palmadita en el hombro y salió del baño.

— No, no lo haré. Esta vez tu solito apaciguarás a Hans —dije con voz firme, eso pareció preocuparlo.

—No, Lucas. Por favor, no hagas eso. Sabes que eres su favorito, contigo es más fácil que entienda las situaciones...

—No. Estoy cansado de dar la cara por ti.

—Esta última vez, lo juro. Seré más prudente a partir de ahora.

—Siempre dices la misma mierda. Ya no te creo.

Se lanzó en la cama y soltó una bocanada de aire.

—Llámalo ahora mismo, que no se entere por otros —le aconsejé.

—No creo que encuentren el cuerpo hasta mañana...

—Dylan —le interrumpí con voz sería. Él se quejó y empezó a revisar sus bolsillos.

—Mierda —masculló.

—¿Qué sucede?

—Mi celular... mi puto celular no está.

—¿¡Acaso lo dejaste en la escena del crimen!? —grité.

—¡No lo sé! —gritó él de vuelta, levantándose, y escudriñando de nuevo sus bolsillos—. Maldición, creo que sí. Ni siquiera me di cuenta cuando se cayó, tal vez fue cuando el idiota ese intentó zafarse de mí y lo tuve que perseguir por toda la casa.

—Ahora que vamos a hacer, ¿eh? Aparte de que eres imprudente haces las cosas mal —pasé las manos por mi cabello desesperado.

—Iré por él —se levantó decidido y lo detuve.

—No, no puedes hacer eso. No tienes forma de saber dónde está específicamente y qué tal si te encuentra alguien allí, ¿eh? El celular es nuevo, ¿no? Lo compraste cuando nos mudamos acá, no debes tener nada incriminatorio ni forma de determinar que es tuyo, solo los usamos para comunicarnos con Hans y él siempre usa diferentes números de teléfono desechables...

—De hecho... —comenzó y puse mi mano en la frente.

—No me digas que diste tu número de contacto a alguien y tienen historial de llamadas y mensajes —su mirada me lo dijo todo—. ¿Eres idiota? Sabes que nunca usamos los celulares para esas cosas. ¿Con quién era? ¿Con quién hablaba?

—Solo con ella.

—¿Quién es ella? —pregunté al no entender.

—Gianna —mi respiración se detuvo.

—¿Gianna? —repetí, él asintió—. ¿¡No te dije que te mantuvieras alejado de ella!?

—Tú no eres quien para decirme que hacer...

Di un paso hacia delante con toda la intención de romperle la cara, pero suspiré para calmarme.

—Te advierto de nuevo, Dylan. Deja a Gianna en paz. No la involucres en esto.

Él se levantó, parecía retarme.

—¿O si no qué? —entrecerró los ojos—. Nunca antes te había importado que me relacionara con las mujeres en nuestro trabajo, ¿por qué insistes tanto con ella?

—A diferencia de las otras, que eran egoístas niñas millonarias sin sentimientos. La señorita Roberts tiene una vida corriente y tranquila —expliqué—. No la arruines.

—Quieras o no, ella se verá involucrada. Su padre lo está, así que ella también de alguna forma se verá afectada.

—Aun así...

—Lucas, ya está bien —pareció rendirse—. Me mantendré al margen con Gianna, lo prometo —casi sentí alivio—. Pero a cambio... tendrás que encargarte de este pequeño error, ya sabes, lo del celular y lo de Hans —le restó importancia con un gesto con las manos—. Digo, sin tanto te importa “la vida tranquila” de ella.

Cerré los ojos con fuerza y tomé una bocanada de aire. Este maldito siempre lograba lo que quería.

—De acuerdo —acepté a regañadientes, con tal de que ella estuviera a salvo.

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