Caminaba de un lado a otro de la habitación mientras pensaba. En un reojo a mi espejo, pude ver que a mis mejillas le habían salido unas febriles manchas rojas. Estaba tremendamente nerviosa, y el calor era terriblemente agobiante ese domingo.
—No tiene nada de malo que te guste tan rápido, Gianna —dijo Lily, en un intento de tranquilizarme.
—¡Lo conozco hace una semana! —exclamé, mirándola con los ojos muy abiertos.
—¿¡Y qué tiene de malo!? Al menos tienes unos días conociéndolo, yo me he besado con chicos que me han gustado en fiestas y con apenas unas horas de conocerlos.
—¡Es diferente! —repuse—. Tú no tenías que verlos en clases y enfrentarlos...
—Tal vez ni siquiera lo recuerde, ambos estaban borrachos —sugirió, encogiendose de hombros—. Y de igual forma solo fue un beso, no es para tanto.
—Es que no fue un beso Lily —dije, sentándome en la cama por fin, y mirándola con solemnidad—, fue el beso —expliqué, poniendo énfasis con las manos en la palabra beso, y con una leve sonrisa.
Ella sonrió y negó con la cabeza.
—Tal vez para ti lo fue, pero nada te asegura que para él también fuera tan especial. Mañana en la universidad, si él dice algo al respecto tú también di algo al respecto, de lo contrario actúa como si nunca hubiera sucedido.
—¿Quieres decir que me haga la indiferente? —le pregunté, frunciendo el ceño.
—No, quiero decir que si él no lo recuerda o finge no hacerlo, no vale la pena que sepa que tú sí.
Lily tenía mucha razón, no podía preguntarle de una vez si recordaba lo que había pasado porque sonaría desesperada, solo tenía que actuar tranquila, como si no fuera tan importante y solo hablarlo si él lo mencionaba primero. Aunque en el fondo creía que esa técnica era un poco anticuada.
—Esta bien —dije más tranquila, mientras expulsaba todo el aire que había retenido en mis pulmones—, esta bien, eso haré.
—Perfecto —dijo aliviada—. Ahora por favor, bajemos por una limonada, muero de calor —y agitó sus manos en un intento de refrescarse el rostro.
—Ay, yo también —apoyé levantándome de la cama, y dirigiéndome a la puerta con ella detrás mío.
Bajamos las escaleras y conseguimos a mis padres junto con mis hermanos, igual de afligidos por el calor. Grant estaba tendido en el piso en ropa interior, porque según él era la única parte de la casa que estaba fría; por otro lado George y mis padres, vestidos de forma ligera y fresca, servían el almuerzo y un té frío, mientras se apartaban el sudor de la frente.
—Tengan —nos dijo mamá, con una linda sonrisa, ofreciéndonos a Lily y a mí un refrescante vaso de té con hielos, que tomamos con mucho gusto, mientras nos sentábamos.
Comíamos mientras hablabamos de cualquier cosa para dispersar la mente, pero al final terminábamos quejándonos de nuevo por el calor. Así que mi padre quiso intervenir preguntándonos sobre la universidad, y sobre como se estaba sobrellevando entre los estudiantes y docentes la muerte del profesor Montilla. Yo estaba tan concentrada en comer que fue Lily la que se encargó de contestar.
—Bueno, señor Roberts, ha sido, al menos, todo un dilema entre los estudiantes. Han creado todo tipo de especulaciones y cuentos sobre eso, como si fuera una verdadera broma. Incluso juegan a que el profesor Montilla es un fantasma que recorre los salones. Es toda una pena que aunque la mayoría son adultos se comporte hasta mucho peor que un niño, sin conciencia ni respeto alguno.
Mi papá frunció los labios y negó con la cabeza, de forma reprochante.
—Que lastima que sean tan irrespetuosos con la memoria de un buen hombre como lo era él —dijo mi padre, con una triste sonrisa—. Tuvimos la oportunidad de toparnos con él y su esposa muchas veces, ¿verdad, cariño? —miró a mi madre, y ella asintió también con un semblante triste—. En el supermercado o en restaurantes, ambos eran realmente encantadores.
Todos asentimos de acuerdo con la cabeza.
—Y el profesor que lo suplanta... —continuó mi padre, mientras tomaba un sorbo del té—. Es bueno, ¿eh? He escuchado que eran amigos.
—Eso me dijo Abby —comenté, al tiempo que mordía un pan, y todos voltearon a mirarme—, supuestamente era de su entera confianza, y creo que se conocían de Reino Unido. Pero eso sí, aún no me cabe en la cabeza en que multiverso podrían haber sido amigos; el profesor Montilla, era tan amable, decente, encantador y... El profesor Morris es todo un molesto detestable y antipático.
—Totalmente —apoyó Lily, a la par que volteaba los ojos.
—¡Chicas! —reprendió mi madre mirándonos con seriedad.
—¿Qué? —protestamos al unísono, con una risita.
—Si un increíble hombre como Montilla... —empezó mi madre, con una mirada severa para ambas—, confiaba y era amigo de ese tal Morris, tiene que ser igual de bueno. Seguramente no se han dado la oportunidad de conocerlo.
Yo bufé y negué con la cabeza mientras me llevaba más pan a la boca. Era una técnica para callarme a mí misma o diría lo que realmente pensaba, y mi madre se enfadaría. Ella odia que hablen mal de casi cualquier persona, siempre encuentra lo bueno en todo el mundo. Aunque ni siquiera los conozca bien.
—La verdad es que él ni siquiera me da clases —admitió Lily, encogiéndose de hombros—. Pero por lo que he escuchado de Abby y Gianna, incluso de muchos otros estudiantes que él trata... Es todo un insufrible.
—Reitero, que lo más probable es que aún no lo conocen bien —repuso mi madre, con un voz dura al igual que su mirada, indicando que ahí se acababa el tema.
Todos nos quedamos en silencio a partir de ese momento, hasta que nos levantamos de la mesa, dando por terminada la comida.
Un rato después, Lily despidió y se fue a su casa, dejándome sola y aburrida en mi habitación mientras miraba el techo de madera y repiqueteaba con mis dedos en mi estómago, aún con mi cabeza llena de pensamientos que me hacían sentir más angustiada por un beso que no era para tanto... Bueno, Lily dijo eso, pero la verdad, es que seguía creyendo que no era algo tan sencillo, y que tampoco lo debía tomar tan a ligera, ¿no es así? Muchos poetas afirman que los besos son la expresión del alma —pero realmente no especificaron si incluían los besos en medio de una borrachera—. Creo que si hubiera sido un beso con cualquier otro con el que no sintiera una atracción tan grande, no me importaría tanto; pero es que es Dylan, él me hace sentir cosas, pero se que no son reales, por supuesto, no aún, no es posible, porque apenas lo conozco. Y no te puede gustar un desconocido.
Como sea, el punto es que el día siguiente al llegar a la universidad, haría exactamente lo que dijo Lily, bueno, lo intentaría, tiendo a llevarme mucho por mis emociones, y por mi terrible curiosidad por saber lo que sienten los otros por mí, y agregándole el interés que sentía por saber más de él, ya que habla tan poco de sí mismo y de su vida. Me iba a resultar tan difícil mantenerme neutra.
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