Capítulo 12: Y eso sí que no me lo esperaba.

El camino fue tranquilo. Me limpié en el auto, y rápidamente olvidé lo ocurrido. Luego me limité a difrutar con las chicas en un café donde habíamos decidido ir. Necesitaba algo caliente.

—Estoy un poco preocupada, chicas —comentó de repente Abby tomando un sorbo de su capuchino.

—¿Sobre qué? —curioseó Lily distraídamente dándole un mordisco a su cupcake.

—Es sobre Bill, estamos teniendo algunos problemas —explicó, con deje triste.

—Llevan demasiado tiempo juntos. Seguro ya se venció su amor —contestó con descaro Lily.

—¡No digas eso Lily! —le reprendí de inmediato—. Las relaciones son así, un sube y baja, no siempre se está bien —y miré a Abby con una sonrisa tranquilizadora.

—Pero no, no es eso, es que... —su rostro parecía demasiado preocupado y contenido—. Es que... él está diferente, ¿saben?... —miró sus dedos con nerviosismo—. Creo que... creo que está saliendo con alguien más —concluyó con un pesado suspiro.

Achiqué los ojos y la visualicé. No tenías que ser experta, para darte cuenta que no había dicho la verdad. Que no había dicho lo que realmente quería decir. Que no era el motivo real.

Me incorporé en mi asiento y le di una mirada a Lily que sé que comprendió. Ambas nos habíamos dado cuenta de que algo no está bien. Aún así no dijimos nada, y le seguimos el tema respecto a lo que ella había sugerido.

—Puede que sí, pero se me es díficil imaginar a Bill siendo infiel. No creo que sea ese tipo de chico. Pero no lo descarto, todo es posible.

—Igual yo —me apoyó Lily—. Recordemos que es hombre, al final ellos siempre terminan arruinando todo. Les aterra la seguridad que una buena relación les brinda, son idiotas, y nunca dejan de buscar emoción en pecados callejeros.

—Sí. Como sea, tal vez no es la gran cosa —minimizó Abby, con una sonrisa que no termino de llegar a sus ojos.

—Hey, hey, no. Si te preocupa sí es la gran cosa, Abby. Como te sientes es importante, ¿de acuerdo? —le dije sonriendo, y posando mi mano encima de la suya.

—Deberías hablar de cómo te sientes con él, y pedirle una explicación —sugirió Lily, y Abby asintió con una sonrisa de boca cerrada.

—Eso haré, chicas. Gracias —y le dió un sorbo a su café con la mirada ausente a sus palabras.

***

Llegué en el momento perfecto, cuando ya mi madre preparaba la cena. Por otro lado, papá aún no se encontraba en casa. Y de alguna forma el haber visto al señor Morris ese día, me había recordado lo dicho en la anterior y extraña cena. En donde me enteré de la relación cercana de él con el profesor Montilla. Y pensé que sería el momento adecuado para inquirirle a mi madre el tema.

Me senté en el comedor de la cocina, y empecé a hablar con ella, y pregúntale cómo preparaba la ensalada. Sabía que era uno de sus temas preferidos, y así empezaría a hablar sin parar.

—... Y por eso, cariño, el aceite de oliva es mejor para las ensaladas, por su sabor frutal.

Y así culminaba su explicación de cinco minutos, sobre todos los tipos de aceites y aderezos para las ensaladas.

—Gracias, mami, nunca lo olvidaré —agradecí con una sonrisa, y me acomodé en la silla para comentar con fingida naturalidad—. ¡Puedes creer que hoy me encontré con el profesor Morris y su hermano en el lago! —enseguida giró su cabeza y me miró con el ceño fruncido.

—No me habías comentado que tenía un hermano —manifestó con voz calmada, sentándose al frente de mí.

—Sí, cierto, había olvidado decírtelo —sonreí ingenuamente, y me palmeé la frente—. Tiene un hermano. Estudia conmigo, compartimos justo su clase.

—¡Oh! Enserio inesperado. Juré verle pinta de hijo único con padres millonarios y estrictos —confesó con una sonrisa—. Como sea, deberías invitarlo a cenar. Esperemos y no sea como su hermano, y no se largué a la mitad de la cena —bromeó y ambas soltamos una carcajada.

—Sí. Y tal vez él tenga también otro secreto inesperado de mi padre; como que es el abogado del presidente o algo así —bromeé de vuelta, pero esta vez su risa fue un poco apagada.

—Cariño, si buscas información sobre eso, no puedo ayudarte. También me enteré apenas esa noche.

Y eso sí que no me lo esperaba.

—¿¡Qué, ni siquiera lo sabías tú!? —exclamé, verdaderamente sorprendida.

—No, no lo sabía —repitió con simpleza al encogerse de hombros—. Supongo que solo quería mantener las relaciones laborales y personales separadas, cariño.

—¡Mamá! Por dios, jamás nos había ocultado un cliente, incluso nos hablaba sobre sus casos. ¿Cuál era la necesidad de hacerlo esta vez? —espeté.

—Gianna, por favor no cuestiones así a tu padre. Si lo hizo debe tener sus razones, y seguramente buenas —me increpó con una sonrisa—. Lo más probable es que hayan firmado un contrato de confidencialidad. Como sea, no nos incumbe.

—¿No crees que oculta algo...? —añadí conteniendome.

—No, por supuesto que no —secamente aseguró—. Ahora si me permites, terminaré la cena —y dicho eso, se levantó y siguió en su labor anterior, sin una chispa de emoción.

Resoplé y cansada me levanté del asiento. Sin mirar atrás salí de la cocina. Ahora mi madre estaba molesta conmigo, porque como siempre, odiaba y le enfadaba que dudarán de la integridad y sinceridad de los otros. En especial de mi padre. A pesar de ello, sabía que en el fondo tampoco se sentía bien con que él le ocultara cosas, aunque jamás lo admitiría.

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