Dylan parecía divertido ante la situación. Toda mi familia, a excepción de mi padre, que por alguna razón desconocida no estaba con ellos, lo miraba de arriba abajo, pareciendo sorprendidos.
—Él es Dylan, mamá —comencé a decir antes de que la incomodidad se apoderara—. ¿Lo recuerdas? Estuvo en el velorio de Bill.
Mi mamá abrió la boca, pareció recordar.
—Sí, sí. Claro que sí, ¿cómo olvidaría a este jovencito tan apuesto? —él sonrió orgulloso ante el comentario.
—Vino por unos apuntes —aclaré.
Mi hermano George entrecerró los ojos y se acercó como un policía:
—¿Y qué tipo de relación tienes tú con mi hermana? —su voz sonó estúpidamente más gruesa.
—Somos... —Dylan me miró con dudas—. Amigos —ouch—. Amigos de la universidad.
—¿No te parece que es una hora inapropiada para buscar apuntes...?
—Perdónalo, por favor —interrumpió mi madre apenada por el comportamiento de mi hermano, jalándolo del brazo—. ¿Quieres quedarte a cenar?
Dylan sonrió ampliamente, como si hubiese estado esperando ese momento toda su vida.
—Sí, con gusto.
***
Mi mamá preparó una comida "simple", según ella, pero en realidad era todo un banquete. Lo hizo muy rápido, y mientras esperábamos, mis hermanos no dejaban en paz a Dylan. Unos minutos después, ya parecían amigos de toda la vida y bromeaban entre sí. No tenía mucha hambre, así que solo me serví un poco, a diferencia de Dylan, que tenía el plato a punto de reventar. Aunque noté su preferencia por los vegetales y muy poca carne, mi mamá también lo notó y se preocupó:
—¿Acaso no te gustó la carne? ¿Está demasiado dura? ¿O acaso está salada? —estaba muy angustiada.
—No, no, no —él sonrió de forma tranquilizadora—. No soy muy dado a comer carnes.
—Oh, ¿acaso eres vegetariano? Qué pena, si ese es el caso me lo hubieras dicho y te preparaba algo más a tu gusto.
—No, no lo soy. No se preocupe —respondió—. Mi hermano sí lo es, así que estoy acostumbrado a comer poca carne, pero sí la como.
—Ah, qué suerte —mi madre suspiró aliviada—. Igual si no quieres no la comas.
—No, si la comeré, se ve deliciosa —y echó más carne a su plato.
Mi madre sonrió complacida.
—No sabía que tu hermano era vegetariano —susurré y él asintió mientras masticaba.
—Está obsesionado con los animales y con cuidarlos, respetarlos y esas cosas —le restó importancia con un gesto y se volvió a distraer con otra pregunta de mi madre sobre Londres.
Me sentí bastante fuera de lugar; si mis recuerdos no me engañaban, la vez que los encontré agitados en el bosque dijeron que estaban cazando. Ahora, sabiendo que el señor Morris es vegetariano y defensor de los animales, no le veía mucho sentido.
—A mi esposo le hubiese encantado conocerte —mencionó mi madre, y volví a centrar mi atención en la mesa al mencionar a mi padre—. Salió con nosotros, pero tuvo una emergencia en el trabajo y tuvo que irse antes.
—Qué pena —suspiró triste—. También me hubiese encantado conocerlo. Ojalá haya solucionado el problema en el trabajo.
—Sí, seguro que sí. Era algo sobre un cliente difunto o algo así —recordó mi mamá vagamente y Dylan levantó las cejas interesado; parecía querer saber más, pero mi mamá cortó el tema y continuó hablando de otra cosa.
Cuando terminamos, recogimos la mesa y Dylan se ofreció a ayudar. Luego lo despedimos a la salida; sí, todos lo hicimos. Mi familia había quedado encantada con él.
***
Más tarde, mientras intentaba ponerme al día con las tareas acumuladas de otras clases en mi escritorio, me di cuenta de que no podía concentrarme. Todo cobraba sentido a raíz de lo que dijo Dylan sobre su hermano durante la cena. Eso explicaba el porqué había bebido más de lo que había comido, sin embargo, no explicaba por qué no había dicho nada en lugar de simplemente advertir a mi madre sobre la situación. ¿Por qué mentir y fingir haber comido algo del buffet, y por qué se había retirado de manera tan repentina? ¿Y por qué ambos mintieron al decir que estaban cazando? No tenía sentido. Suspiré estresada y decidí bajar por un vaso de leche para despejar la mente. Todo estaba apagado porque mi familia ya estaba en cama, a excepción de la luz de la oficina de mi papá; había llegado y ni lo noté. La puerta estaba entreabierta y pensé en pasar a saludarlo cuando volví de la cocina. Pero estaba en una llamada, así que estuve a punto de dar la vuelta para no interrumpir cuando mi padre nombró al profesor Montilla, me detuve en seco.
—Montilla no lo hizo, eso es evidente —fueron las palabras de mi padre—. Alguien más está detrás de esto, él jamás hubiera acabado con su propia vida. Ambos sabemos los planes que tenía.
Luego mi padre se quedó en silencio mientras escuchaba la respuesta de la otra persona por teléfono.
—Exacto. Yo también creo que se trata de ellos, y no dudo que también tengan algo que ver con la muerte de Bill...
El vaso se cayó de mis manos temblorosas sin poder evitarlo al escuchar lo último. Mi padre se dio vuelta y colgó el celular.
—Cariño, ¿qué haces ahí? —preguntó, parecía nervioso; cuando miró el piso y los vidrios rotos su cara cambió a preocupación —. ¿Estás bien? ¿Te cortaste?
No era capaz de formular una palabra.
—Gianna, mírame, ¿estás bien? —mi papá sacudía mis hombros.
Asentí.
—Sí, solo... Me asusté porque al tropezar se me cayó el vaso. Qué tonta —mentí, y pareció creerme.
—Entiendo, no te preocupes. Estoy aquí, tranquila —y me besó en la frente, mientras con cuidado me alzó hasta el otro lado donde no había vidrios— Ten más cuidado, ¿sí? Yo recojo esto, ve a descansar —asentí y él sonrió con ternura.
Mis piernas temblaban mientras subía las escaleras; sentía el corazón a mil por hora. Al entrar a mi cuarto cerré la puerta y me quedé apoyada en ella. Estaba en shock, no podía respirar; todo era borroso, no entendía nada. ¿La muerte del profesor Montilla y de Bill estaban relacionadas? ¿Habían sido provocadas? Resbalé hasta quedar en el piso y pegué mis piernas al pecho. ¿Y qué demonios tenía que ver mi papá en todo esto?
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