Capítulo 3: No se cómo llegaron ahí.

Volvimos a bajar a la fiesta, pero esta vez nos quedamos en la sala de estar y nos unimos a Ted y a Lily, ésta última no pudo evitar expresar con su rostro cierta sorpresa al mirar lo que yo traía puesto, pero no dijo nada.

Un rato después bebíamos, mientras pasábamos un buen rato, contando anécdotas agradables; pero con  la última ronda de cervezas, ya empezaba a sentir el efecto del alcohol en mis mejillas, haciendo que todo se empezara a tornar más bonito a mi alrededor y la conversación más divertida, mientras no podía parar de reír por cada cosa que decía tanto Lily como los chicos.

—¿Pero entonces, sí era un burro? —pregunté a Ted, con mucha curiosidad.

—No, era un perro, uno muy gordo —contestó, y todos estallamos de risa, y la verdad ya ni siquiera recordaba por qué estábamos hablando de burros y perros, o el porqué era tan divertido.

—Una vez estaba tan borracha que me lanze a nadar a una piscina sin agua —comentó Lily, dándole un trago a su cerveza y todos volvimos a reír.

En ese punto ya no quería permanecer sentada, así que me levanté del sillón bruscamente, y mi alrededor pareció girar un poco por un repentino mareo, pero estaba tan energética que lo ignoré y seguí mi camino. Me dirigí a la cocina —en realidad la encontré por suerte—, y curioseé la nevera, lo primero que se me antojo fueron unas enormes y jugosas fresas, tomé tres, me metí una en la boca, y cerré con mi pie la nevera. Me lleve un enorme susto al darme vuelta y encontrarme con la mirada divertida de Dylan.

—¿Está usted robando señorita, las fresas de mi desayuno? —preguntó, con los ojos entrecerrados y sonrió de lado.

—No —me apresuré a contestar con la boca llena, al tiempo que escondía las fresas detrás de mi espalda.

El rio y negó con la cabeza, se acercó a mí y me rodeo con sus brazos para desatar mis manos de mi espalda, y así dejar a la vista las fresas que había estado ocultando.

—¿Y qué esto? —preguntó, enarcando una ceja, yo abrí los ojos y abrí la boca con fingida sorpresa.

—No se como llegaron ahí —contesté, y enseguida tragué con fuerza las fresas masticadas que seguían en mi boca.

—¿No sabes como llegaron ahí?

—Nop —negué con la cabeza, él mordió su labio inferior intentando contener una risa y dijo:

—Es usted, querida, toda una mentirosa, pero le perdonaré solo porque se ve realmente dulce haciéndolo.

Y dicho eso, suspiré con alivio y le di un mordisco a una nueva fresa. Él se unió a mí y sacó todo el bol de frutas de la nevera y empezamos a comer juntos en un silencio, que poco después se volvió incómodo, pero, fue él mismo quien lo rompió, preguntándome si vivía yo en una residencia cerca de la universidad.

—No —contesté—, tengo suerte de que la casa de mis padres esté muy cerca, y aun puedo vivir en la comodidad de mi habitación.

—Eso es genial, debes ahorrarte mucho.

—Sí, muchísimo, pero me lo gasto en café —dije, y él sonrió—. ¿Y qué hay de ti? —le pregunté—, ¿Ted te cobra por la habitación?

—No; esa era la idea al principio, y él quería hacerlo, pero sus padres me conocieron y les agrade bastante, así que le obligaron a no cobrarme —sonrió—, yo me rehusé por supuesto, pero ellos también me obligaron e insistieron en que no pagará...

—Espera —le interrumpí—. ¿No conocías a sus padres?

—No, yo conocí solo a Ted en la secundaria cuando fue de intercambio a Inglaterra, nos hicimos buenos amigos, y después de que se fue seguimos en contacto y hace algunos meses  le conté de mi plan de venir a este país y él mismo me ofreció alojó aquí, en la casa de sus padres, (que por cierto, son unas personas encantadoras), justo ahora están en Italia por su aniversario y Ted aprovecho la oportunidad para hacerme esta fiesta de “bienvenida” —dijo, haciendo entre comillas con los dedos y con una sonrisa de boca cerrada.

—Entonces supongo, que él es uno de los seres queridos que tienes por acá —dije y él asintió—. Mhm... Y aparte de él tienes verdaderos familiares por aquí, ¿no? —pregunté, y él volvió a asentir con la cabeza—. ¿Acaso he tenido el placer de conocer algún familiar tuyo, sin saberlo siquiera...?

—Gianna —dijo con una voz suave—, no hablemos más de mí. Quiero saber sobre ti, cuéntame quien eres.

—¿Quién soy? —repetí.

—Sí, quien eres, pareces una buena chica, pero... —ladeo su cabeza y entrecerró los ojos, con una sonrisa—. ¿Realmente lo eres?

Yo agache la cabeza, reí y dije:

—Te aseguro, que no soy esas chicas buenas que ocultan un secreto o que asesinaron a alguien; solo soy yo y no tengo mucho más nada que decir.

Él me miró con cara de incomprensión y chasqueo la lengua.

—Estoy seguro que tienes mucho más que decir sobre ti Gianna.

—¿Como qué? ¡Dime que quieres saber! —pregunté, ladeé la cabeza y lo miré esperando su respuesta.

—Cuéntame tu mayor decepción —contestó—. Cuéntame tu mayor decepción y sabré quien eres.

—¿Mi mayor decepción? Hmm... Wow —lo miré con los ojos muy abiertos—, no lo sé, creo que cuando tenia siete y mi papá me sostenía en la bicicleta (cuando estaba aprendiendo) y me prometió que no me soltaría pero en cuanto me di la vuelta unos segundos después, ya él no estaba cerca, y lo podía ver desde lejos, mientras yo pedaleaba sola, me sentí muy decepcionada en ese instante...

—Gianna —dijo, riendo—, hablo en serio.

—Ok, ok, ¡no se si se puede catalogar como una decepción! —le aclaré—, pero así fue como se sintió.

«Todo empezó hace más o menos un año y medio, cuando mi exnovio, Chandler, se tuvo que mudar a París con sus padres, y ese año él empezaría la universidad, yo aun seguía en preparatoria, así que... Decidimos tener una relación a larga distancia...»

—Esas mierdas no funcionan —comentó Dylan, interrumpiendo, yo asentí con la cabeza y reí.

—Sí, no funcionan; como sea, yo creía que sí.

«Bueno, en realidad sí funcionó al principio, hablábamos todas las noches de cómo había ido nuestro día y todas esas cosas. Pero los últimos cuatros meses (como creo que le pasará a la mayoría, de ese tipo de relaciones), lo empecé a notar extraño, no me trataba como antes, apenas hablábamos, y ya ni siquiera sentía que lo conocía, ni que él me conocía a mí; pero yo seguí aferrandome, porque teníamos ya mucho tiempo juntos y no quería dejar morir la relación y decidí hacer algo al respecto; tuve que rogarle a mis padres para que me dejaran ir a París para visitarlo, tuve que rogarles y rogarles, hasta que finalmente cedieron, me compraron el pasaje de avión y me dejaron ir un jueves para que pasara el fin de semana allí. El vuelo fue de mas o menos diez horas, era un viaje clase económica, así que el trasero me dolía porque el asiento no era muy cómodo, ¡no te rías! Los únicos que lo sabían eran mis padres y los suyos, ellos querían que fuera una sorpresa, al igual que yo. Llegué el mismo día por la tarde, sus propios padres me acercaron en auto a la residencia donde él vivía y me dijeron el número de la habitación. Subí emocionada las escaleras busqué el número en la puerta, la cual estaba ligeramente abierta, me emocione aún más, me acomode el cabello como toda una tonta y abrí la puerta lentamente... Y efectivamente ahí estaba él... Pero no estaba solo, descansaba en la cama, con alguien abrazado, con sus cuerpos desnudos, que solo se tapaban ligeramente por una cobija, una cobija que yo misma le había regalado en navidad... Y tuve que reflexionar unos segundos para caer en cuenta que la persona que yacía con él ahí, era un chico; y no cualquier chico, era Erick, su mejor amigo».

—Oh —replicó Dylan, con una compasiva sonrisa—, eso sí que no me lo esperaba.

—Yo tampoco —contesté riendo—, no te sientas mal, ya lo he superado —le aclaré, mientras posaba una mano en su hombro—. El hecho es que —empecé a decir torpemente—, esa fue la decepción más grande de mi vida, y lo más loco fue que ni siquiera lo enfrente, después de verlo y sentir mi corazón hacerse añicos, me di la vuelta y me fui de ahí, dejándolo dormido con su nuevo amor; mi vuelo estaba programado para otro día, así que llamé a mis padres, mientras sollozaba sin parar y les rogué de nuevo..., pero esta vez para que me sacaran de París.

—Lo siento mucho —dijo, con voz dulce.

—Te dije que no lo sientas, de verdad estoy bien —le sonreí y proseguí—. Solo una semana después vino a visitarme (porque sus padres habían hablado con los míos y le contaron lo sucedido en Italia), vino a disculparse y naturalmente le perdone, él primero había sido mi amigo que mi novio y no podía odiarle, y menos porque sabía que si lo hacía él no iba a poder estar paz jamás. Ahora él está muy feliz con Erick, y por lo que sé , viven juntos, así que... No fue del todo malo.

—«No fue del todo malo», eso es lo que dices de la felicidad de una persona que te arrebató la tuya; eso solo me indica que eres una persona compasiva, con una gran corazón, piadosa y hermosa, eso es lo que eres, Gianna Roberts —dijo, mirándome intensamente, mis mejillas ardieron y supe que ya habían tomado un tono carmesí, él a notarlo sonrió y inclino su cabeza hacia mí posando lentamente su mirada en mis labios, mientras relamió los suyos y susurró:

—¿Podría también ser compasivo conmigo, y regalarme un pequeñito beso?

Sentí mi cuerpo derretirse ante esas palabras y sin pensarlo demasiado me lanze a él y lo besé, él tomó mis mejillas y me correspondió de inmediato, sus labios eran suaves y su técnica lenta, me mordía el labio y los separaba con su lengua, su beso sabía a una combinación de cerveza y menta, era simplemente magnífico. Nunca en mi vida, me habían besado de esa manera, y no quería que acabara pero no tuvimos que separar rápidamente cuando alguien entró a la cocina y nos interrumpió. Era Lily.

—Oh —dijo—. Lo siento, yo no sabía que ustedes... Hmm...¿Interrumpí algo? —preguntó, apenada.

Solo el mejor beso de mi vida estúpida.

—No, no —me apresure a decir—. No te preocupes.

Dije para tranquilizarla, pero en realidad quería lanzarle un zapato en la cabeza por haber logrado que acabará ese beso que tanto estaba disfrutando.

—Venía a buscarte para avisarte que ya está el taxi afuera, Abby lo pidió porque su hermano se emborracho más de la cuenta y lo quiere llevar a casa, ¿vienes o te quedas? —pregunto, mirándome a mí y a Dylan de manera jocosa.

—Creo que me iré, o mis padres se preocuparan —dije, levantándome de la silla y acercándome al lado de Lily—. Adiós, Dylan —me despedí, mirándolo con una sonrisa tímida, él se levantó de su asiento e inclinó su cabeza en una especie de pequeña reverencia, y sonrió con cierta complicidad.

—Adiós, Gianna.

descargar

¿Te gustó esta historia? Descarga la APP para mantener tu historial de lectura
descargar

Beneficios

Nuevos usuarios que descargaron la APP, pueden leer hasta 10 capítulos gratis

Recibir
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play