Capítulo 11: Algo extraño está pasando.

La lluvia goteaba suavemente de las ramas, mientras yo frotaba mis brazos intentando darme calor, y el olor a tierra húmeda inundaba mis fosas nasales. Veía a Lily y Abby tomarse fotos entre sí, con el claro, bello, y profundo lago de fondo.

—¡Me quiero ir! —me queje.

—¡Solo un minuto más! —gritó en respuesta Abby, al tiempo que se ponía en cunclillas sosteniendo su camara para tener buen ángulo.

Resoplé y me crucé de brazos. Ya era la quinta vez que les pedía que nos fuéramos, pero, para ellas era más importante tomarse buenas fotos que el frío que yo tenía en ese momento. ¡Me daría hipotermia!

—Me iré en mi auto, y las dejaré aquí —les advertí, soplando mis manos con mi cálido aliento.

Ellas ríeron y voltearon los ojos. Sabían que no sería capaz de eso. A veces me molestaba que me subestimaran; aunque tuvieran razón.

—¡No bromeo! —repuse, mirándolas con los ojos muy abiertos, y ellas solo me ignoraron, y siguieron posando para sus fotos.

Ya me había quedado claro que tenía que esperar. Había pensado ir a mi auto y meterme en él junto con la deliciosa calefacción, pero ese lago quedaba en un especie de monte, habíamos tenido que caminar bastante para llegar ahí, así que mi auto estaba aparcado algo lejos, y me asustaba un poco la idea de quedarme ahí sola.

Lo único que hice fue sentarme en un piedra debajo de un árbol y abrazar mis piernas a mi pecho. Poco a poco me volví consciente de mi alrededor ya que no lo había podido hacer antes por estar quejándome del frío. Todo era muy verde, los árboles altos y pajaritos comían sus frutos. Otros cantaban.

Pensé que en realidad no estaba tan mal, y que si distraía mi mente con el paisaje tal vez mi cuerpo ignorara el frío. Así que me levante de esa incomoda piedra, y comencé a caminar alrededor del lago, y apreciar el entorno. Podía ver a las chicas de lejos, aunque ellas no parecían darse aún cuenta de que ya yo no estaba tan cerca, eso me causó gracia. Cuando de repente escuche un sonido proveniente de los arbustos detrás de mí, y giré mi cabeza. Supuse que sería una ardilla. Aunque la verdad no estaba muy segura; me acerque sigilosamente, un poco agachada, a la altura del arbusto, con una rama en la mano por si acaso, aunque lo más seguro es que fuera una ardilla, o un conejo, o cualquier animal muy pequeño..., o eso me obligaba a creer. Cuando estuve hincada totalmente mi mal equilibrio me hizo caer, haciendo que mis manos, rodillas, y frente tocarán el asqueroso pantano.

—Ugh —me lamenté de mí misma, de manera que intentaba limpiar con mis palmas sucias mi frente aún más sucia.

—Debes tener más cuidado con a quien te le arrodillas, querida —articuló esa voz tan conocida.

Alcé mi cabeza rápidamente, y la sutil sonrisa burlona de Dylan me recibió, al tiempo que estiraba su brazo ofreciéndome su mano—. Vamos, levántate —murmuró.

Le tomé la mano aun un poco desconcertada por su presencia. ¿Acaso me seguía? Había visto demasiados programas de investigación policíacas como para descartarlo. Lo escaneé con los ojos. Venía completamente de negro, y se veía algo extraño, como jadeante, como si hubiera estado haciendo algún tipo de esfuerzo.

—¿Qué haces tú aquí? —interrogué, con el ceño fruncido.

—¡Oh, Gianna! Por nada; en serio no fue ninguna molestia ayudarte —pronunció con ironía.

—Gracias —cedí, volcando los ojos—. Pero, de verdad, ¿que haces aquí?

—Uh-huh —musitó, restándole importancia—, no es nada, solo vine a cazar un monstruo del pantano, pero me encontré contigo. Y ahora que lo pienso bien... También me sirves...

—Dylan... —mascullé, con los ojos entrecerrados.

—En serio—se defendió, con una sonrisa inocente—. No soy un acosador, lo prometo, no sabía que estabas aquí. La verdad es que vine a cazar con mi hermano...

—¿Con tu hermano? —mi frente se arrugó.

—Sí, con Lucas.

Al instante no le creí y lo miré con cierta desconfianza ya que antes él mismo me había dicho que su relación no era buena. Sin embargo, toda esa duda se dispersó en cuanto entre los árboles la figura también vestida de negro del profesor Morris apareció, sacudiéndose sus manos con guantes. Me miró con clara sorpresa, y buscó respuestas en los ojos de su hermano, el cual solo alzó un hombro y meneo la cabeza como restándose culpa.

—Señorita Roberts —dijo por fin el profesor, mirándome entera y parando sus ojos en el pantano de mi frente—. ¿De paseo...? —inquirió, con los ojos entrecerrados.

—Sí —titubeé—, con mis amigas —y señale al lago, donde ellas se encontraban.

Él asintió, pero su mandíbula se apretó.

—¿Y ustedes... de caza? —me atreví a preguntar.

Me miró un poco confundido, pero apenas Dylan empujó ligeramente su hombro pareció darse cuenta de algo, y asintió con rapidez.

—Sí, sí, vinimos a cazar —admitió, un poco vacilante.

—Amm, vale —logré responder, junto con una sonrisa que ambos correspondieron al tiempo que se despedían, y seguido se dieron la vuelta y se fueron con prisa.

Se me había pasado la sorpresa y la curiosidad había ocupado su lugar. De alguna forma sentía que algo no estaba del todo bien, ¿de verdad estaban cazando? Es que ni siquiera llevaban armas, ¿eso es acaso posible...?

—¡Gia! —gritaron a mi espalda, haciendo que volviera a la realidad—. Ya terminamos —indicó Abby, al tiempo que me miraba con el ceño fruncido—. ¿Qué te pasó?

—Me caí —confesé, y me miré a mí misma—. Pero estoy bien, solo me ensucie —le tranquilice antes de que se pusiera paranoica mientras sacudía mi ropa.

—¿Segura? —preguntó alarmada, acercándose a mí.

—¿Qué pasó? —ahora era Lily acercándose a nosotras.

—Se ha caído. Y creo que se ha roto un hueso —exageró Abby.

—¿¡Qué!? —exclamó Lily.

—Sí, la debemos llevar a urgencias ahora mismo.

—Por supuesto, yo conduzco...

—Hey, hey, chicas —intervine—. Ya he dicho que estoy bien. No me duele nada.

—¿Segura? —preguntaron al unísono.

—Sí, segura —las tranquilicé, y ambas suspiraron aliviadas.

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