Se escuchó una serie de golpes sobre la puerta de la habitación, seguidos de la voz de una sirvienta de turno. –¿Puedo pasar, señorita? – Por lo general la señora de la villa ya habría abandonado su cuarto para ir al comedor. Por orden directa de ella, ninguna de sus sirvientas podía entrar en la habitación sin el expreso consentimiento de Celeste, incluso para cumplir sus labores como sirvientas.
Celeste dejó escapar un gruñido –No, no puedes. Ya iré a desayunar más tarde. – Ciertamente había perdido la noción del tiempo, tampoco es que le importase demasiado hacerlo. En una situación normal se habría levantado y dejado vestir por la sirvienta, pero apenas podía moverse. Lene tenía envueltos los brazos alrededor de su cintura, mientras reposaba sobre su cuerpo.
–Te ganarás la reputación de ama gruñona. – Lene dejó que sus labios recorrieran la espalda de Celestes, esperando que los pasos se alejasen de la habitación para poder hablar.
–Oh cierto, mejor dejamos que entre y te vea desnuda en mi cama. Al menos así no me llamarán gruñona…
Lene inclinó su cabeza para besarla en la mejilla esta vez. Obviamente se encontraba de broma, ya que de haber entrado la sirviente hubiera sido asesinada al instante por ella. Al percatarse que había pasado bastante tiempo soltó a Celeste renuentemente, para luego pegar un salto fuera de la cama. –¿Cómo haremos entonces?
–¿Sobre? – Celeste aún daba vueltas en la cama sin intención de levantarse al parecer, una conducta habitual en ella ya que solo le esperaban papeles en su oficina.
–Sobre tu y yo. ¿Quieres que me cuele todas las mañanas en la villa? Aunque, no me sería muy difícil…– La ropa de Lene se encontraba desperdigada por toda la habitación, por lo que tuvo que ir recogiéndola una por una –¿Cómo diablos fue a parar mi pantalón a la mampara?
–Lo lanzaste cuando comenzaron a estorbar– Celeste giró su cuerpo hasta el borde de la cama, donde se sentó para ayudarla a abrocharse la chaqueta de cuero. –El traje de sirvienta te queda mejor, deberías usarlo.
–¿Por qué lo llevaría? No es como si aún lo fuera.
–Eso se puede arreglar. Después de todo, necesito a alguien que sepa manejar ciertos asuntos de manera eficiente aquí en la villa.
–Debe haber cientos de trabajadores eficientes en esta villa, todos esperando a que les des la oportunidad de destacar– Al ver su chaqueta completamente abotonada, se sentó en la cama para terminar colocándose sus botas, fijándose que tenían lodo del bosque. –Ah mierda, creo que van a tener que limpiar la alfombra de tu cuarto…y del corredor también.
–No importa, justo ahí es donde quiero que ellos destaquen. Ven a la villa en la tarde, te recontrataré.
–Creo que deberíamos discutir algunos asuntos primeros, hay ciertas cosas que…
–No importa, sea lo que sea dudo que me enoje lo suficiente para no aceptarlo. Además, quiero disfrutar este momento.
–Me gustaría quedarme y acompañarte, pero tengo asuntos de lo que ocuparme. Regresaré en la tarde, mucho antes de la cena.
–Bien, pero antes, ¿me podrías alcanzar la tabla de dibujo, una hoja, pluma y tintero?
–Más fácil sería que fueras a la mesa.
–Sin duda, pero no tengo ganas de caminar– La sonrisa de Celeste dejaba en claro que no tenía ninguna intención de moverse de la cama por el momento. Permaneció en silencio mirándola mientras esperaba que le acercara las cosas. –Mi día a día ha sido difícil sin ti por aquí.
La bruja la miró de reojo antes de levantarse a rebuscar por lo que le habían pedido, afortunadamente todo estaba donde recodaba, señal de que nadie más había removido la habitación en su ausencia. Al regresar con todo, se sentó sobre las piernas de Celeste. –Aquí tienes, ¿Qué vas a escribir?
–Una carta, preséntala en la puerta y ven directamente a mi estudio. – La joven noble apoyó la tablilla sobre el regazo de la bruja, acomodando su mentón sobre el hombro para poder ver lo que escribía. –Sostenme el tintero para que no se caiga.
Al terminar de escribir, Lene se levantó con la carta, la colocó dentro de un sobre, y terminó colocándole el sello de la familia. Tenía que marcharse para preparar su regreso, pero no pudo evitar observar por un momento la habitación. Todo se mantenía como antes, incluso la manera en que ella había acomodado la ropa y los zapatos para Celeste, nada había sido alterado en su ausencia; saber eso la hacía sentirse de maravilla. –Me marcho entonces.
–Leneria, hay un templario buscándote. Ten cuidado de regreso y evítalo.
–¿Sabes por qué está aquí?
–Sí, es complicado y no se debe matar, al menos no ahora. Te lo contaré todo cuando estés de regreso.
Lene se acercó a la terraza, ocultándose entre las cortinas, al ver los guardias pasar de largo se lanzó hacia el jardín. No tenía que preocuparse por los perros guardianes ya que esto conocían su olor y no alertarían a los demás en la villa. Asegurándose que nadie la viera se apresuró hacia el muro, escalándolo y marchándose hacia el bosque. Llevaba la carta oculta dentro de su chaleco para no perderla en el viaje ya que era un poco largo.
En estos días he deambulado por el bosque más de lo normal, pero esta debería ser la última vez en un buen tiempo. Solo tengo que recoger a Danilo y mi maleta para regresar, aunque no sé cómo reaccionará Celeste al ver al niño. Cuando acepté lo tomé como pupilo no pensé en este desenvolvimiento de eventos…bueno, tomaré la palabra que ella me dijo cuándo traté de advertirle.
Esta vez Lene apresuró su marcha a través de la foresta, tomó una ruta que se desviaba un poco para evitar por completo la zona adyacente al poblado. Tardó un poco más de lo normal en llegar a su pequeño santuario, pero estaba completamente segura que nadie le había seguido hasta el lugar. A pesar de estar eufórica no permitiría que su juicio se nublase y metiese la pata al final. Descendió por las escaleras ocultas con suma velocidad, pero al llegar al fondo se detuvo al escuchar un siseo.
–Tiempo sin vernos joven humana…– De la oscuridad emergió una figura escamosa, Lene tardó un poco en recordar que se trataba del anterior mensajero que le habían enviado.
–¿Qué quieres ahora? Tengo prisa– Lene lo pasó de lado para dirigirse hacia donde estaban las camas ubicadas, pero no encontró a Danilo por ningún sitio.
–Buscas al ciego, lo puse a dormir por un momento. El tiempo ha llegado y el amo requiere un…
–¿Dónde está? – Las palabras del reptil fueron cortadas en seco por la pregunta de la bruja, su voz era nítida y clara, para que no hubiese espacio a dudas.
–Eso no es importante, el informe, ¿dónde está? –
–No lo repetiré otra vez, ¿dónde está mi pupilo?– Alrededor de Lene comenzaron a aparecer tenues ascuas, eran apenas imperceptibles, pero el Assir conocía el significado detrás de estos a la perfección por lo que comenzó a irritarse.
–Lo que haga con un humano es irrelevante, cierra tu boca y…
Esta vez no hubo más palabras, la habitación en solo un segundo se llenó de ascuas las cuales estallaron, envolviendo la cueva en fuego. A excepción de unas pocas cosas, el lugar entero fue abrasado, la cama y los sacos con comida ardían por completo. El fuego incluso se mantenía vivo en las paredes de la cueva y lentamente se dirigían hacia el reptil que había sobrevivido a la explosión. Entre las llamas la figura de Lene emergió completamente intacta, con cientos de Luciérnagas Fatuas bailando a su alrededor, caminaba en silencio hacia el reptil.
–Te crees demasiado para ser una humana…– El Assir no perdió un segundo, con un leve movimiento de sus dedos creó una miasma alrededor del cuerpo de la bruja. Los humanos eran muy susceptibles a la miasma, ya que esta atacaba directamente a su sistema respiratorio y los llevaba a la muerte en poco tiempo. –No comprendes lo frágil que es tu cuer…
Sus palabras no terminaron, solo pudo guardar silencio al ver la miasma ser devorada en un torbellino de llamas que impactaba contra el techo de la cueva. El fuego bailaba por la caverna, mientras Lene se limitaba a caminar hacia el Assir. La bruja no tenía palabras para dirigirle al reptil, le había dado dos oportunidades de salvar su pellejo. Se limitaba a acercarse junto al mar de llamas, entonces la otra parte comprendió el error que había cometido en no responderle donde estaba el niño en aquel momento
–Escucha, no lo he matado aún. Solo esta inconsciente cerca del altar más adentro– El reptil rápidamente soltó la lengua, pero era muy tarde. Lene ya estaba a un paso de él, las llamas lo rodeaban, cerrando cualquier ruta de escape. –Si me matas, ellos vendrán por ti, Yvalnia. No podrás escapar de la noche.
Al escuchar esas palabras, Lene no pudo evitar sonreír, estremeciendo al Assir por completo. Su sonrisa albergaba la mayor satisfacción del mundo, ningún humano podría albergar tanta arrogancia en tan solo una expresión. A ella no le interesaban las consecuencias, en su lugar las retaba a venir por ella. Entonces recordó todas las advertencias que había ignorado hasta el momento cuando le encargaron la tarea, desechó la más básica de todas “No le pises la cola al tigre”. La bruja tomó el cuello del reptil, apretándolo y levantándolo ligeramente para que abriera la boca dejando que todas las llamas en la cueva se tornasen en un torbellino y se adentraran en el lagarto. Gritar le era imposible, todo el interior de la criatura ardía a más no poder, lo único que podía hacer era sacudir su cuerpo hasta que finalmente su vida se consumió por las llamas.
En silencio la bruja arrastró el cadáver del Assir hacia el santuario en lo profundo de la caverna, allí encontró a Danilo sobre el altar. Al acercarse pudo escuchar su respiración. –Tienes muy mala suerte. Primero te encuentras conmigo, perdiste tus ojos y ahora te encuentras con la peor calaña posible. – Con cuidado Lene bajó Danilo y colocó en su lugar el cadáver. El mensaje sería enviado solo, por lo que cargó a su pupilo de regreso a donde había estado anteriormente; todo allí había ardido a excepción del maletín. Su contenido era muy preciado para perderlo en un arrebato de furia, así que lo resguardó de las llamas. De su interior sacó un frasco con un líquido verdoso y lo colocó cerca de la nariz a su alumno.
–¡¿Maestra?!– Sobresaltado el joven saltó del suelo y comenzó a girar su cabeza como si buscase algo. –Ya no siento a esa persona…
–¿Estas bien? –
Danilo se volteó en dirección de su maestra, no sabía por dónde empezar ya que apenas sabía lo sucedido pero el olor a chamusquina captó su atención. –Este olor es como el de aquel día–
–Es la segunda vez que te salvo. Aunque, esta fue muy culpa. – La bruja guardó el frasco de regreso en su maletín, para luego levantarse del suelo con él.
–Fui atacado por alguien. No podía reconocer su olor o su voz, solo que emitía un siseo.
–Lo sé, el olor de ahora es de su cuerpo quemado.
–¿Lo asesinó? – Danilo hizo una pausa, sabiendo que su pregunta era totalmente estúpida. La frase anterior daba a entender el destino de aquel sujeto.
–Nadie puede tocar lo que me pertenece y salir vivo. Dejemos el tema por ahora, debemos prepararnos para partir.
–¿Ya no es seguro vivir aquí?
–Más bien ya no es cómodo, solo guarda silencio mientras te explico por el camino.
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