Capítulo 14

En invierno las mañanas de Buenaventura eran heladas, especialmente en lo profundo del bosque. Algunos cazadores esperaban que el sol se elevara un poco en el cielo para comenzar su faena, por eso era el mejor momento para salir del bosque sin ser vista. Esta vez Lene no había recurrido a ninguna pócima adoptaforma, sería muy sospechoso que todas las veces llegara al pueblo una persona distinta. Los pueblos rurales no eran muy visitados excepto por mercaderes ambulantes, si muchos individuos comenzaran a llegar y desaparecer a la otra mañana levantaría sospecha en el templario. Lene había tomado medidas para asegurar que nadie la viera, a varios metros de ella, revoloteando en el aire se encontraban luciérnagas de color rojo escarlata.

Será mejor mantener un perímetro vigilado por las Luciérnagas Fatuas, debería emplearlas siempre que quiera moverme por el bosque ya que afortunadamente no necesito ofrecer nada para pedir su ayuda.

El viaje era largo por lo que sirvió para que la joven se sumergiera en su mente. Durante la noche no pudo apartar de su cabeza los pensamientos acerca de Celeste, lo que significaría perdonarla o simplemente desaparecer de su lado por siempre. No había podido llegar a una conclusión, comprendía que no importase que camino escogiese sería difícil para ella, pero había algo que tenía claro, necesitaba verla hoy y ponerle fin a la situación actual.

¡Como si fuera poco aún me esperan más dolores de cabeza! Necesito averiguar quien llamó a ese templario a Buenaventura. Celeste parece saber algo sobre el tema, así que será como ensartar dos aves con una flecha.

Como si se preocupara por sus pensamientos, una de las luciérnagas voló hasta posarse sobre el hombro. –Es una pena que no puedas hablar en esta forma, siempre fuiste buena con los consejos– El insecto se limitó a brillar, indicándole que ya estaban cerca de su destino.

–Tengo mucho que agradecerte. No pude decirlo aquella noche en la cueva, pero sin ti hubiera sido muy difícil. No sé cuándo nos volveremos a ver, pero espero hacerlo algún día…

Luego de una hora caminando finalmente había llegado a su destino, las Luciérnagas Fatuas la habían guiado hacia la parte trasera de la villa de Celeste. Sin emitir un sonido cada una comenzó arder hasta que solo una quedaba, la que se encontraba en el hombro de la bruja. Esta comenzó a revolotear hasta terminar en su frente y desaparecer con un tenue resplandor.

–Tonta, me dejarás una pequeña marca; pero agradezco que te preocupes por mí.

Entrar a la villa no era un desafío para la bruja, conocía todas las rutinas y los rincones que normalmente no se exploraban. Sabía al detalle en que esquina doblar y el momento exacto. Esta vez no podría usar el tejado ya que podía ser vista, así que se coló por la puerta trasera que daba a la cocina. A esta hora el cocinero no había comenzado a preparar el desayuno ya que Celeste se levantaba algo tarde y los sirvientes ya habían desayunado temprano. Moviéndose hacia el corredor pudo escuchar la voz de algunas criadas en el vestíbulo.

–Al parecer un caballero fue atacado en la anoche, cuando había niebla.

–También escuché que hubo un muerto y una desaparecida.

–Nada de esto había ocurrido antes, ¿algún criminal habrá escapado hacia aquí? Hasta ahora los caballeros del duque han mantenido la región en orden, pero es normal que los prófugos corran a este rincón del valle.

Siempre fui cuidadosa con mis víctimas, nunca tomé acción en la región de Buenaventura para no levantar sospechas. Es por eso que no entiendo la razón por la que ese templario fue atraído hacia aquí, por culpa de él me he visto obligada a remover un poco el avispero…

Sin dejar que su monologo la distrajera, Lene se escabulló hasta la segunda planta mientras trepaba por las columnas sin que las sirvientas la vieran. Llegar hasta la habitación de Celeste no era difícil, el corredor de la segunda planta no era frecuentado hasta que el primer piso no tuviera completa su limpieza. Esta vez sin titubear movió la manija de la habitación para colarse en ella. Como supuso, se encontró a Celeste completamente dormida en su cama, siempre había sido ella quien la despertaba. Incluso las cortinas aún se mantenían cerradas, dejando la habitación con cierta oscuridad. En silencio se movió hasta detenerse en la cabecera.

–Sabía que vendrías temprano hoy– Lene se sorprendió al percatarse que la perezosa había superado sus expectativas; tampoco esperó que la agarrara de la muñeca y jalase hacia la cama. La bruja solo tuvo tiempo para poner su mano sobre el colchón, evitando caer completamente sobre Celeste.

Celeste disfrutaba ver a Lene sorprendida, siempre llevaba una expresión seria, incluso cuando bromeaba por lo que verla así era gratificante par ella. –Me fue imposible dormir, sabiendo que en cualquier momento cruzarías la puerta– El agarre se apretaba cada vez más sobre la muñeca de Lene, impidiéndole liberarse. –No puedo vivir más con esta incertidumbre.

Lene recordaba aquella expresión, Celeste era una chica voluble en la superficie, quien siempre le expresó sus preocupaciones. Solo uno vez vio aquella mirada, sus ojos esmeraldas sin rastro de duda, como si centellearan en aquel cuarto oscuro. Su voz no tembló ni un ápice, en su lugar había sido como una orden dada sutilmente cerca de su oído. La única vez que actuó así fue cuando se conocieron, cuando Celeste se acercó a ella y la invitó a pasar el tiempo juntas.

–Lo he pensado por mucho tiempo, hasta el punto en que fue estúpido seguir pensando.

–Quiero escuchar a la solución que llegaste para finalmente descansar…

Lene dejó reposar su cuerpo sobre el de Celeste, hundiendo el rostro en su cuello. Amaba la fragancia de jazmín con frambuesa y fresas que siempre usaba, le hacía perderse en sus sentidos cada vez que se acercaba a ella. El corazón de Celeste no paraba de correr como loco al sentir la respiración de su amada tan cerca de ella, luego los labios recorriendo su cuello para terminar en un pequeño mordisco. –Nunca hubo una solución a la cual llegar– La bruja disfrutaba como el cuerpo de su amada temblaba ante sus mordiscos y caricias, no había pasado ni un día en que no hubiese extrañado esta sensación. –Solo hay una cosa algo que deseo en este mundo y eres tú.

Lene alejó sus labios del cuello, para observarla, quería verla por todo el tiempo en que no había podido. –¿Por qué te detienes? – Celeste cruzó sus manos alrededor de Lene para traerla hacia ella, dejando que sus labios se encontraran entre sí. Ninguna de las dos tenía dudas ya, solo quedaba el deseo y la pasión que inundó en la mañana aquella habitación.

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