El sol resplandecía en el zenit, proyectando su luz sobre las nevadas tierras de Buenaventura, una de las regiones más apartadas del reino. Los inviernos en esta región no eran tan inclementes como los que azotaban el norte, aun así, la mayoría de las personas preferían quedarse en su hogar o en la taberna más cercana. La excepción era una figura encapucha, con un ropaje que ocultaba su cuerpo por completo, quien se desplazaba entre la nieve por sus propias piernas. Sin quejarse por el frío que traspasaba sus botas de cuero o su grueso traje de cazador, continuó su camino a lo largo del bosque, cada vez aventurándose más profundo en él. Luego de varios minutos finalmente llegó a una especie de caseta abandonada, la madera estaba totalmente desgastada con las paredes rotas, demostrando que no servía como refugio contra el frío. Aún así, la figura entró, sin reparar sobre ningún elemento, caminando hasta una trampilla que se encontraba en el suelo por debajo de varios tablones de madera. La trampilla daba acceso a unas superficies rocosas que formaban una especie de escalera natural.
Una vez descendió hasta el subsuelo, la figura se retira la capucha mostrando a una joven de piel pálida y cabellos negros profundos. Lene se encontraba en el interior de una caverna sumida en total oscuridad, a tientas movió su mano sobre la pared hasta toparse con un trozo de madera. –Supongo que este es uno de los pocos lugares donde puedo utilizar mis habilidades libremente– Murmuró en voz baja para que luego sus manos dejaran escapar una pequeña ascua, encendiendo el trozo de madera. Lene tomó la antorcha temporal y se adentró por un sendero en la caverna, hacía un par de meses ya que la chica no regresaba a este lugar, tampoco es que le gustara hacerlo, pero un deber era un deber. Al final del túnel se pudo ver una luz irradiada por varias velas dispuestas alrededor de un altar.
Lene entró en el santuario para detenerse a pocos pasos del altar, metió sus manos en su bolso para sacar un cráneo blanquecino, el cual colocó. –Con esta ofrenda espero la presencia de un mensajero oculto en las tinieblas– Murmuró a la par que se alejaba a pasos cortos del altar. Hasta que fue detenida por una mano apoyada sobre su espalda.
–¿Qué busca la hija del hombre en este lugar? – Una aguda voz resonó detrás de ella, la sensación sobre su espalda se tornaba fría y penetraba dentro de suyo, ignorando por completo la ropa.
–Vengo a dejar una noticia para tu señor, aunque esperaba encontrar al anterior mensajero.
Con estas palabras la sensación sobre su espalda desapareció de golpe, emergiendo la figura de un hombre frente a ella. Su piel era escamosa y carecía de pelo, pareciendo más un réptil con la fisionomía de un hombre. Los viscosos ojos del sujeto se detuvieron sobre Lene, quien aguardaba en silencio la respuesta de la criatura. –Así que eres Yvalnia, esperé mucho por ti.
–Ese nombre ya no existe, así que no lo uses. Vengo cada dos meses a enviar los reportes así que ya sabes cuando esperarme.
El réptil se acercó más a Lene, un siseo escapaba de su boca con cada paso que daba. –Estar entre humanos te ha vuelto arrogante… podría quebrarte en cualquier momento.
–Parece que ya no saben seleccionar a mensajero, los requisitos deben haber caído– Lene se quedó mirando al réptil con total decepción en su rostro. La mayoría de los seres invocados por este método eran bastante molestos y más cuando trataban con humanos. Harta de tener que tratar con alguien así, sacó un pergamino envuelto y sellado. –Toma y lárgate, tu amo espera estas noticias, no le hagas perder más tiempo, a él y a mí.
Entregándole el pergamino se dio media vuelta para marcharse de la caverna, pero la sensación de frialdad volvió a acudir sobre su espalda nada más dar pocos pasos. –¿Quién te crees que eres? Me sería tan fácil romperte el cuello y darte como ofrenda…
–Te invito a tratar de hacerlo– Lene giró sobre sus talones, chasqueando sus dedos provocando que la habitación entera se llenara de ascuas que revoloteaban en el aire. –No serás el primer Assir que envíe de regreso en un ataúd.
El réptil retrocedió al ver aquellas ascuas, si bien no era una gran magia, al ser invocado se encontraba en un estado debilitado por lo que tener un enfrentamiento contra una maga en aquella cueva podía lastimarlo seriamente. En silencio regresó sobre sus pasos pasos, hasta que finalmente se desvaneció en el aire; sobre el altar el cráneo que fue puesto como ofrenda se convirtió en polvo. Lene se limitó a sacudir su mano, deshaciendo toda magia del lugar para marcharse.
Al regresar a la villa pasó primero por los establos, desde allí podía acceder a su habitación personal trepando por los tejados sin ser vista. Cuando salía a escondidas a menudo utilizaba esta ruta ya que los guardias pocas veces transitaban esa parte de día. Una vez dentro, tomó un baño rápidamente para deshacerse de los olores y se cambió a la habitual ropa de sirvienta para acudir al estudio de la señorita Cecilia. En sus manos llevaba la copia de un libro llamado “Enciclopedia del Valle de las Tormentas”, había salido de la mansión con la excusa de recoger aquel tomo para su ama. La realidad era que el encargo de aquel libro había llegado hace tiempo, pero Lene lo ocultó para usarlo como excusa en un momento dado.
–Regresaste rápido, pensé que te tomaría un par de horas más regresar de la ciudad– Detrás del escritorio se encontraba Cecilia revisando los documentos del presupuesto de la mansión, al ver que era su sirvienta quien llegaba puso de lado los documentos para saludarla.
–Había poco que ver en ciudad hoy, así que decidí regresar lo más rápido para traerte el encargo.
–Me alegro que lo hicieras, hoy llegó la noticia de la muerte de Ricardo de Leones, hijo menor del Barón de Leones…pero claro, tú ya sabes sobre eso. Debemos acudir al funeral que se realizará mañana al terminar los ritos fúnebres.
–¿Es necesario ir? – Lene frunció el entrecejo, odiaba a muerte a aquel muchacho que había acosado a Celeste en las clases prácticas de la Academia. Por lo general sería imposible para un Barón molestar a la hija del duque, sin embargo, la excepción era dentro de la academia donde las personas con habilidad podían aplastar a quienes no tuvieran.
–Gracias a mi encantadora criminal, sí, lo es. Sería impensable que la hija del duque y compañera de clases no acudiera.
–Tener que ver la cara de la familia de aquel cerdito me pone la piel de gallina…
Celeste arqueó una ceja a la respuesta de su sirvienta, la razón por la que su padre confiaba tanto en Lene era debido a sus habilidades y lo inescrupulosa que era para llevar a cabo sus tareas, permitiéndole ciertas libertades que formaban parte de su naturaleza retorcida. Por ello, pensar que habría algo que le pusiera la piel de gallina a su sirvienta era impensable. –¿Me gustaría saber por qué no me molesta tu actitud? La frialdad y la indiferencia con que mandas a las personas a su tumba; luego regresas a mi buscando amor…en vez de molestarme solo me causa…
Celeste se quedó en silencio por unos segundos buscando la palabra correcta, sabía cuál era, pero se negaba a aceptarla. Se negaba a aceptar que era igual de retorcida que su sirvienta, y que, encajaba a la perfección para lo que su padre quería emplearla. Después de todo, la maldad solo atrae maldad. Los cálidos brazos de Lene sacaron a Celeste de vagar por sus pensamientos, devolviéndola al mundo real. –Porque soy la mano que obra tus deberes y la espada que rasga a tus enemigos. Si tan solo me permitieras enseñarte no tardarías en acostumbrarte a la vida que te espera.
–Un noble defiende a los suyos. Protege sus tierras y representa la justicia sobre ellas. Eso fue lo que me enseñaron de niña…pero mi padre me pide que mis manos se tiñan de sangre por esa nobleza; y mi amante, que me deje llevar por mi naturaleza hasta confeccionar un jardín de huesos– Entonces guardó silencio mientras dejaba que Lene la envolviera entre sus brazos, solo quería escuchar el silencio junto a ella por ahora.
***¡Descarga NovelToon para disfrutar de una mejor experiencia de lectura!***
Updated 43 Episodes
Comments
estoy ocupada
Se lo tenia merecido
2021-07-07
0