Al borde de la muerte, nunca pensé tener que regresar a este estado. Pensándolo bien, es culpa de ella que me vea así. Mi cuerpo se encuentra lleno de heridas, mi brazo deja atrás un rastro de sangre y duele como mil rayos. Sí, es culpa suya que terminara así, por el capricho de salvar a esos insignificantes campesinos. ¿Por qué no puede pensar un poco más en el peligro en que me pone? Aunque, es culpa mía en parte, no podía quedarme y verla en ese estado. Sus inseguridades, sus temores rompen en lo profundo de mi, clavándose como una daga. Si ella me viera así... ¿Sentiría lo mismo que siento yo ahora? Lo mismo que yo siento por ella…
Igual, ya sea muerta o viva, tarde o temprano sabré la respuesta…
Celeste se encontraba de pie en su habitación, el miedo no la dejaba dormir. Se arrepentía de haber tomado aquella decisión, en su momento la había visto como un rayo de luz en la oscura noche. Lene se ofreció para ir en buscar de los secuestrados por los trasgos, en un principio Celeste pensó en rechazar aquella idea, pero no pudo. Desde que la conoció había llevado a cabo cualquier labor impuesta por su padre a la perfección. No sabía cómo, pero Lene era uno de los mejores al servicio de su familia y la única que estaba de su lado. Con esa idea había aceptado la propuesta, pero al pasar de las horas su confianza comenzaba a flaquear. Quería organizar un equipo para salir en su búsqueda, solo se lo impedía el juramento de no contarle a nadie que había le había hecho. Impaciente en la ventana mirando en dirección al bosque, Celeste sintió un ruido detrás de ella. Al voltearse vio el cuerpo de su amante saliendo de unas sombras en el suelo, hasta desplomarse sobre este
–No…grites– Con las palabras entrecortadas Lene le ordenó a su ama, evitando así un escenario indeseado.
Celeste se apresuró en llegar a ella, sus manos temblaban al ver el brazo de Lene parcialmente desgarrado. Sus perfectas ropas, siempre limpias sin importar si se encontrara en un establo, estaban bañadas en sangre y desgarradas. No pudo evitar llorar mientras trataba de levantarla, pero sus brazos fallaban una y otra vez.
–Cele, necesito que me ayudes. Voy a morir si tus manos se acobardan ahora– Lene, utilizando su mano sana intentó levantarse, debido al pacto que realizó había perdido bastante sangre y estaba en una carrera contratiempo. Celeste logró acomodar el brazo sobre su hombro para ayudarla a levantarse. –Bien…ahora llévame a la bañera.
La chica se acomodó en la bañera sin siquiera quitarse los ropajes ensangrentados, dejando que el agua rápidamente se tornara de rojo. –Dios…has perdido mucha sangre. Debo llamar a un doctor inmediatamente– Lene le agarró el brazo al escuchar sus palabras, con una fuerza para nada de acorde con la situación en la cual se encontraba.
–Que nadie sepa sobre mí. Dirígete a mi habitación, debajo de la cama hay una maleta…toma el frasco de color rojo– Celeste no sabía que decir, quería correr en busca de ayuda, pero la voz de su sirvienta era implacable y no dejaba espacio para una negación. De manera nerviosa salió, dejando a Lene completamente sola en aquella habitación.
Esto es malo, no puedo ocultárselo más a ella. Pero tampoco puedo explicar que yo fui quien los rescató en la cueva. Cuando exploren el lugar se darán cuenta de la masacre que sucedió y que no pudo ser obra de una espada, lo más seguro es que me acusen de brujería. Tampoco es que se equivoquen al hacerlo, pero eso significaría mi muerte con certeza. La pregunta es… ¿Podré sellarle sus labios sin necesidad de lastimarla?
Las dudas devoraban a una velocidad vertiginosa la mente de Lene, afortunadamente para ella Celeste estuvo de regreso en tan solo un par de minutos. En sus manos se encontraba un vial de gran grosor, el contenido era de un rojo rutilante y viscoso… –Lene ¿Es esto sangre? –
–Las preguntas luego…necesito que viertas eso sobre el agua.
Celeste se mordió el labio por un instante, había olfateado el contenido mientras regresaba y parecía ser sangre. Que pudiera recuperarse sin ayuda de un doctor significaba que utilizaría algún medio mágico para hacerlo, pero utilizar sangre era un gran taboo en el reino. –Tienes mucho que explicarme…– Dijo mientras vertía el líquido sobre el agua.
Lene desvió la mirada, quedándose absorta en dirección de la pared. Por otro lado, Celeste no pudo evitar mirar fijamente el brazo lesionado. En un principio la herida era lo bastante profunda para ver atisbos del hueso, afortunadamente ninguna arteria había sido comprometida. Frente a sus ojos, la piel comenzó a reconstituirse lentamente, cicatrizándose hasta recuperar la coloración normal. En pocos minutos la herida había desaparecido por completa, y el proceso no se detenía ahí, el rostro comenzó a perder palidez y tornó más vivo. Había sido testigo de los milagros mágicos concebidos por la Santa Orden, pero nunca de una sanación tan rápida como esta. Las dudas se mezclaron con el miedo, era su primera vez viendo brujería, la práctica mágica más perseguida por las órdenes de caballeros de todo el Valle de las Tormentas.
–Supongo que este es el momento en que me llevas a la hoguera– Lene agregó sin mirarla. No solo las heridas habían sido sanadas, toda la sangre perdida fue repuesta por lo que hoy no sería el día de su muerte. En un principio pensó reaparecer en su propia habitación, pero sabía que no tendría las fuerzas para arrastrarse por si sola. Sin pensarlo había decidido confiar en Celeste, aunque el destino era incierto para ella.
–Quiero escucharte primero. No solo mantuviste esto oculto de mi por todo este tiempo, conociéndote planeabas seguir ocultándolo hasta el final…
–El que estés pensando si entregarme o no, es la razón por lo que este secreto debía ser oculto. Aun así, sé que serías capaz de guardar silencio y ayudarme, al menos por un momento…
–¿Tan poco confiabas en mí? – Cierto rastro de angustia se escapaba de sus labios.
–No tengo tanta autoestima para pensar que pudieras escogerme por encima de todo lo que tienes, arriesgar perderlo todo por mí. No soy tan ególatra para…
–Odio la lengua que tienes, la manera en que blande cuchillos en vez de palabras. Estoy agotada de escucharte por hoy, mañana decidiré que hacer contigo–
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Comments
estoy ocupada
Tiene la lengua
Muy afilada
2021-07-21
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