Capítulo 7

La casa no se encontraba en un buen estado, se podía sentir el aire filtrándose entre algunas tablas de madera, inclusive se podían ver remaches de madera en un intento de mejorar la situación. A pesar de aquel esfuerzo la única fuente de calor provenía del centro de la casa, una hoya metálica puesta al fuego del cual escapaba un tenue olor a guisado. En silencio alrededor del fuego se encontraba la sirvienta mirando fijamente al niño frente a ella, este desollaba a un conejo para ir cortando la carne con cuidado. Lene no podía evitar desviar su mirada del cuchillo, la manera en que se movía; y con este sus pensamientos se encontraban un caudal sin fin.

¿Debería regresar a la mansión con el Duque? No puedo dejar ir mi posición tan fácilmente, no…hay una tarea que debo cumplir a toda costa. ¿Por qué fue que vine en un principio a esta región tan alejada? Solo siguiendo a esa chica, como si esperara ganar algo, como si fuera a ser correspondida en algo. Tal vez sea momento de regresar, o de….

Su mente borró por completo las últimas palabras de la frase, no deseaba pronunciarla ni siquiera en su interior; pero la verdad dicha, Lene no tenía idea de que hacer. No sabía ni donde se encontraba en esos momentos, ya que ignoraba los intentos de comunicarse del joven. Una sensación de calor recorrió las palmas de su mano, evocando así un recuerdo indeseado, al menos en este momento. Recordó las suaves y gentiles manos de Celeste posándose sobre las suyas para entrelazarse, una sensación que ya le parecía muy lejana. Entonces en sus ojos se reflejó un cuenco de guiso, estaba en sus manos y frente a ella había un pequeño niño.

¿Dónde estoy? Debería estar en la carretera, esperando un carromato de viajeros.

Miró a través de la ventana para percatarse que la luna ya se hallaba en su máximo esplendor, la noche había caído y no tenía idea de cuánto tiempo llevaba así. Había algo que captaba la atención de Lene y se trataba de la mirada inquieta que tenía el niño hacia ella.

–¿Cómo te llamas?– Dijo después de probar un poco el guiso que le había entregado, asombrada por lo bien que el chico lo había preparado para su edad.

–Mi nombre es Danilo, señorita. Puede llamarme Dani– El pequeño respondió de una manera rápida, nervioso ya que finalmente su salvadora había abierto la boca.

–Podrá parecer extraña esta pregunta, pero ¿Qué hago aquí?

–Estabas en la vereda del camino, sentada sobre su maleta…parecía que tenía problemas así que te traje a mi casa para que el frio no te enfermara.

–¿Acaso los niños de hoy en día recogen a los extraños de los caminos?

Danilo guardó silencio por un momento antes de responder, no sabía cómo podría reaccionar la mujer frente a él a lo que estaba a punto de decir. –Solo a quien se aventuró al bosque para salvarme.

–¿Disculpa? – Lene no entendió su respuesta, pero un mal presentimiento comenzó a calar en su interior.

–En aquel momento lo vi señorita, su hermoso rostro bajo la capa. Su pelo oscuro, sus ojos, como podría olvidar a quien me salvó de aquellos monstruos.

El rostro de Lene palideció en aquel instante, no recordaba que nadie alcanzara a verla aquella noche. Su memoria estaba algo difusa debido a que a duras penas logró mantenerse consciente, el que existiera un testigo era bastante peligroso para ella. Una cosa se trataba de dejar que Celeste conociera acerca de esto, lo cual había salido mal, pero otra era dejar a un completo desconocido. Ambos quedaron callados, el chico devoraba el contenido de su cuenco sin desviar la mirada de Lene. Por otro lado, la chica no volvió a tocar la comida, toda su atención permanecía sobre el pequeño y en la búsqueda de una manera de deshacerse de él. Al pasar varios minutos Danilo terminó su comida y colocó el cuenco en el suelo para continuar con el tema.

–Señorita, primero que nada, quiero agradecerle por salvar a alguien como yo.

–¿Alguien como tú? – La sirvienta dejó salir las palabras con un tono de seco. Miró a su alrededor confirmando la situación precaria de la cabaña, pero a su entender no tenía nada de diferente de cualquier otra cabaña de la zona.

–Si el rescate hubiera sido realizado por la milicia…seguramente yo habría muerto allí.

–Aunque pudieras haber corrido mala suerte y morir antes que ellos les encontraran, creo hubieran llegado a tiempo…

–No me refiero a eso señorita…lo más probable es que me hubieran dejado a morir…

–¿Por qué harían eso? – El pequeño había captado el interés de Lene, sus ojos expresaban la genuina convicción que su vida pudo haber terminado aquella noche si ella no se hubiera presentado.

–Los demás del pueblo creen que tengo una enfermedad. Mis padres murieron hace años y desde entonces nadie quiere que me acerque al pueblo. Seguramente hubieran aprovechado esa oportunidad para dejarme en la cueva.

–¿Enfermedad?

–¡No se preocupe señorita, eso es falso! Si tuviera alguna enfermedad de seguro no estaría aquí…– Danilo se apresuró a decir por miedo a ser rechazado por Lene. Hacía tiempo que no comía acompañado de nadie y a pesar de estar en una situación incómoda, la prefería a estar nuevamente solo.

Así que por miedo la gente del pueblo lo aisló, nadie se enteraría si tuviera que matarlo para guardar el secreto. Posiblemente me agradecerían de llegar a descubrir el cadáver y ni informarían sobre el tema.

–Quisiera preguntarle algo ¿Puedo?– Danilo se rascó la mejilla esperando la respuesta de la chica, quien con una sonrisa vacía asintió. –Al verla con una espada pensé que era un espadachín y que se había encargado de todos los trasgos con su arma. Sin embargo, en el pueblo todos dijeron que los cadáveres de los monstruos parecían haber sido dejados atrás por una bestia. ¿Qué fue lo que realmente ocurrió en aquella cueva?

–¿Realmente quieres saberlo? – Daba igual si le contaba al chico la verdad, lo asesinaría y todo el asunto quedaría oculto. De cierta manera poseía un rencor hacia el muchacho, si no fuera por él y el resto nunca hubiera tenido que llegar a esta situación. Si bien matarlo no regresaría el tiempo atrás, serviría para desahogarse. Danilo asintió con su cabeza, ansioso de escuchar la respuesta. –Como bien dicen en el pueblo, la masacre dentro de la cueva no fue realizado por un humano, sino por un demonio. Uno que convoqué con mi misma sangre.

–Entonces… ¿Eres una bruja? – El pequeño preguntó, buscando confirmar algo. Su mirada parecía contener más preguntas aún.

–Exacto, por lo que me tendrás que disculpar por ponerle fin a esta conversación– Lene se llevó la mano a su espalda para buscar una aguja oculta que siempre llevaba con ella. Planeaba atravesar el cuello de Danilo en un solo movimiento antes de marcharse del lugar; pero unas palabras la detuvieron en el lugar.

–¿Podrías enseñarme brujería? – Danilo preguntó sin desviar su mirada. Sus ojos marrones miraban con un brillo frio a la sirvienta, esperando una respuesta clara.

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