Capítulo 3

La noche engullía al mundo, tal vez de una manera sobrecogedora nunca antes vista. El silbido del frío viento recorría los árboles del bosque de Buenaventura, mientras que la nieve opacaba los pasos de una silueta encapuchada. En su mano llevaba una lámpara de aceite sin mecha, con rejilla abierta, en su interior revoleteaban decenas de luciérnagas prendidas en llamas. Las que se encontraban en el interior alumbraban su camino en la oscura noche, un par revoloteaban en el exterior guiando al viajero. Lene se movía entre los árboles a paso rápido, no tenía mucho tiempo que perder si quería satisfacer las demandas de Celeste.

–Confío en ustedes, pequeñas– Las luciérnagas en llamas aumentaban su brillo y se dirigieron hacia la base de un roble caído. Estaban bastante lejos del pueblo y ninguna patrulla llegaría a este punto, por lo que no podrían ver las pequeñas pisadas y los rastros que guiaban hacia dentro. –Como siempre, no hay nada mejor que un Assir para rastrear en la oscuridad–

Las pequeñas luciérnagas eran criaturas invocadas por Lene, al igual que había hecho anteriormente en el santuario oculto. Solo que estas eran más dóciles hacia su invocador y servían para rastrear en la noche. Lene desenvainó la espada que llevaba en su cintura e hizo regresar todas las criaturitas a la lámpara para adentrarse en una grieta enorme en el tronco; lugar que servía de entrada para una serie de cavernas. –Hay muchos sistemas cavernosos en esta región y ni están mapeados– La caverna estaba decorada con varios tótems de huesos, algunos dispuestos en forma de pilares mientras que otros colgaban; una clara señal de lo que le esperaba a pocos metros.

Pasos a su alrededor comenzaron a escucharse, eran tenues, pero no imperceptibles debido al eco creado por el lugar. Lene se preparó para la emboscada, a pesar que los trasgos no eran rivales muy peligrosos, en manada y en su territorio sería un tema totalmente diferente. Dicho esto, la chica no se sentaría a esperar la paliza, en su lugar lanzó una estocada hacia un túnel a pocos pasos sobre su cabeza, del cual provino un alarido seguida por su espada bañada en sangre. –Tendré que abrirme paso a la fuerza…–La lámpara de Lene estalló en un mar de fuego que comenzó a devorarse a los trasgos cercanos, pero no era más que una distracción para salir de los túneles angostos donde tenía desventaja.

Siendo guiada por el mar de llamas, Lene comenzó a correr por los túneles. Había realizado un pacto con las luciérnagas de fuego al ser invocadas y estas no se detendrían hasta encontrar al grupo raptado. Era como un sabueso infernal que devoraba en sus llamas todo a su paso hasta encontrar a la presa de su ama. Algunos trasgos intentaron emboscarla por detrás, lanzándose desde los túneles superiores hacia Lene, quien los ensartaba con su espada antes que la alcanzaran. Finalmente, el mar de llamas llegó al final del camino, la confluencia de todos los túneles del sistema cavernoso. Al cumplir su cometido este se avivó como nunca, iluminando el área por completo por un instante antes de extinguirse. En dicho instante Lene observó el cuerpo de los niños colgados de cabezas con sogas, inconscientes; otro ruido provenía en dirección contraria, los gritos de agonía de algunas mujeres al ser violadas por los trasgos.

–Al menos los niños no están muertos aún…– Murmuró Lene, mientras se corría a un lado esquivando el ataque furtivo de un trasgo. Las pisadas que había dejado detrás se comenzaban a acercar y a unirse con los que estaban en aquel lugar ya. Vencerlos a todos con una espada en mano era algo imposible, no importa a cuantos cortaran la rodearían para terminar igual que las demás mujeres. La única razón por la que había llegado intacta a ese lugar era debido al mar de llamas que purgó su camino. –Debe ser curioso ver a una humana pedir prestado el poder de los Assir, el terror de los hombres…– Ignorando el peligro eminente Lene agarró por la cabeza al trasgo que falló en atraparla. No podía ver nada, su oído y olfato era la única fuente de señal en aquellos lugares, pero tampoco ayudaban mucho. La criatura en su mano comenzó a retorcerse hasta lograr clavar sus dientes en el antebrazo de la chica. Al sentir la sangre corriendo por sus labios mordió más fuerte buscando desgarrarle la extremidad.

Lene observaba en silencio como el trasgo trataba de devorarle el brazo, su rostro no mostraba temor o dolor alguno. Salir de aquí sin sacrificar nada era imposible actualmente para ella, por medios normales claro. –El pacto esta hecho, el agresor confirmado, la víctima reclama venganza en esta noche. Busco al juez quien devora lo impuro, la ofrenda es la sangre derramada…– tras esas palabras la cabeza del trasgo estalló en cientos de pedazos, dejando la capa de Lene teñida de rojo vivo. Pero no se detuvo allí, un chirrido se escuchaba en las cercanías, luego otro y así alrededor de toda la cueva. La oscuridad no permitía ver los huesos fracturados, la sangre decorando las paredes y los chirridos de angustia de los trasgos. Aun así, el pago para la joven era enorme, su piel estaba pálida y sus labios agrietados; el sacrificio había sido una gran parte de su sangre.

Luego de unos minutos los chichillos se detuvieron y la cueva se tornó silenciosa, ya no se escuchaban pasos, solo unos sollozos que provenía de donde estaban las mujeres. –Justicia de sangre sobre los ofensores, un pago y una tarea completada– Estas palabras se convirtieron en eco en la cueva hasta finalmente desaparecer, fuese lo que fuese aquel ser había masacrado a todas las alimañas de la cueva. Lene se apoyó sobre su espada, quería caer al suelo y dormir, pero si lo hacía el esfuerzo sería en vano. A pasos lentos se acercó hasta donde estaban los niños, cortando sus sogas y agarrándolos para que no se golpearan al caer, el primero en despertar se horrorizó al ver a alguien con una capucha ensangrentada. –No temas, vine a salvarte... ¿Estás herido?

El niño movió la cabeza en silencio, respondiéndole la pregunta. Al no encontrarse muerto aún le hacía querer confiar en las palabras de aquella desconocida.

–Escúchame… hay que ayudar a las mujeres de allí, pero estoy muy herida. ¿Me ayudarías?

El muchacho ayudó a despertar a los otros niños para ir a recoger a las mujeres, algunas estaban seriamente lastimadas y malamente podían caminar, mientras que otras parecían haber perdido la cabeza debido al suceso. Desde el inicio había sido una carrera contra tiempo, una que Lene había aceptado solo por Celeste, ya que le era indiferente el destino de los de allí. Lene encabezó el grupo de regreso, salir de la cueva era difícil, para aquello solo podía guiarse por el olor a quemado que dejó el mar de llamas. El tener que confiar puramente en su olfato y apenas poder caminar retrasó mucho su paso, hasta el punto que uno de los chicos le hizo de apoyo para poder avanzar. Aun así, se las arreglaron para salir por el tronco que habían entrado y poner rumbo al pueblo.

–Primero trasgos y ahora lobos…– Pronunció Lene levantando su espada en dirección a una manada que salía entre los árboles, posiblemente atraídos por el olor a sangre de algunos en el grupo. –Hoy el destino realmente quiere que sea nuestro último día en la tierra– Lene clavó su espada en el suelo para apoyarse. –Puede que muera hoy, pero este hierro se hundirá en uno de ustedes.

La manada comenzó a aullar, el primero en lanzarse sobre Lene fue un lobo joven que la estaba rodeando desde el comienzo. Este calló sobre la chica, quien no pudo mover la espada a tiempo para ensartársela. Al ver que el ataque había tenido efecto la manada arremetió sobre el resto del grupo, quienes estaban indefensos. Era el final del camino, Lene no tenía fuerzas para oponerse ni a un simple lobo, que decir de una manada entera, entonces una flecha penetró la cabeza la criatura, derribándolo.

–¡Rápido, por aquí! – Se podían escuchar voces a lo lejos, junto a algunas antorchas que iluminaban el camino. Lene no sabía que hacían los milicianos del pueblo allí, pero no podía dejar que la encontraran. Si era descubierta tendría que explicar cómo asesinó a todos los trasgos en la cueva, cosa que no podía hacer. Aun así, estaba agradecida por la ayuda, había logrado sobrevivir a aquel fatídico día. Uno de los niños corrió hacia ella para intentar ayudarla.

–¡Vamos, sigamos las antorchas! – El niño apenas podía con el cuerpo del Lobo, pero logró quitárselo de encima y levantarla.

–Escúchame, ve con ellos y no mires hacia atrás.

–¡No puedo dejarte aquí, está herida! – El chico señaló la herida que tenía en el brazo. –Si te dejo…morirás–

–No te preocupes por mí. Soy un hueso duro de roer– El niño planeaba jalarla por la fuerza, cuando miró directamente los ojos de Lene. Hasta el momento no había podido verle el rostro, la oscuridad de la cueva no se lo permitía y no habían parado desde que salieron. Los ojos de la chica centelleaban en la noche, no eran los ojos de alguien que se había rendido o que estaba dispuesta a morir. Eran los ojos de alguien que se mantendría viva a toda costa. Sin decir más el niño echó a correr rumbo a las antorchas, sin mirar atrás tal como le había pedido su salvadora, por lo que no pudo ver como las sombras se tragaban el cuerpo de Lene en la nieve

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Comments

SleepyNeko

SleepyNeko

Trataré de ir sacando capítulos más rápido :D

2021-07-16

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fer

fer

Más Cap por favor

2021-07-16

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