Capítulo 13

–¿Por qué me abrazas ahora? – Lene no esperaba este desenvolvimiento, volver a sentir aquella cálida sensación recorriendo su cuerpo. Por eso estaba desorientada, la resolución con la que había entrado comenzaba a flaquear.

–¿A qué te refieres? No sabes lo preocupada que he estado por ti. –Celeste hundió su rostro en el cuerpo de Lene, buscando grabar nuevamente el aroma que había estado faltante todo este tiempo. Sin embargo, Lene se separó abruptamente.

–No te entiendo, Celeste. ¿Por qué dices que me extrañas cuando fuiste tú quien me humilló y expulsó de la villa?

Celeste al escuchar la pregunta se mordió el labio, sabía que había ido demasiado lejos, pero en aquel momento su mente no pensaba con claridad debido al enojo. Lene había ido en contra de sus órdenes delante de todos, por lo que debía ser castigada para conservar el honor. También estaba el asunto de la brujería, la herida más grande que tuvo el corazón de Celeste fue debido a que Lene nunca se lo confesó.

–Es cierto, en ese momento estaba enojada y no lo pensé bien. A pesar de que quería molestarte un poco, nunca fue mi deseo lastimarte…

–¿Qué piensas que siente alguien cuando es insultado y despojado de su honor en público? Aunque, te agradezco que no me entregaras en aquel momento a la iglesia.

–¿Qué? ¿Cómo crees que haría eso? Siempre eres igual, nunca cambia. ¿Tan poco confías en mí?

–Cuando más lo necesité acudí a ti, mostrándote lo que realmente soy. ¿De verdad crees que no confío en ti?

–Lene entonces dime algo… ¿Por qué esperaste hasta ese momento para revelarme todo? ¿Por qué cuando te lo pregunté dijiste que no tenías la confianza que te escogiera? Yo siempre tuve algo claro y es que no importara lo oscuro que fuesen tus acciones, siempre te escogería.

–Celeste yo no confió tanto en mi misma tanto como tú conmigo…

–Entonces no confíes en ti, confía solo en mí. Si dudas de tus decisiones, acude a mí y tomémosla juntas.

Lene se llevó la mano al rostro, nunca nada salía como ella quería y se complicaban de cierta manera siempre. Es verdad que tenía un poco de rencor a la manera en que Celeste la había corrido de la villa, pero se sentía culpable por ocultarle cosas. –Celeste, si lo que yo ocultara fuera más oscuro que las espesuras de Buenaventura, ¿aún me escogerías a mí?

–Te escogería sin dudar.

–¿Por qué? Tu futuro como hija del Duque es brillante. ¿Por qué te arriesgarías a perderlo todo?

–Mi futuro no es tan brillante como aparenta, tú lo sabes mejor que nada. Lo único entre estas paredes que me da esperanza eres tú, lo único que puede convertir mi futuro en algo brillante eres tú. ¿Aún no lo entiendes?

Lene se volteó para regresar por donde mismo había llegado, marchándose a la terraza para detenerse por un momento. –Pensé que esta sería la última vez que te vería, pero me equivoqué, necesito tiempo para pensar…

–Entiendo, pero por favor ten cuidado. Hay alguien buscándote al parecer.

–Estoy al tanto.

Así desapareció en un parpadeo de la terraza, nadie la vio salir a excepción de Celeste, quien se dejó caer en su cama tapándose la cara. Al ver a su amante entrar en la habitación había creído que todo regresará a ser como antes. Había pasado un mes ya, hasta el momento los asuntos con respecto a la mansión habían mantenido su mente ocupada: pero este reencuentro había sacado a la luz nuevamente todas sus ansiedades.

De regreso en lo profundo del bosque se encontraba Lene, en su espalda cargaba con todos los suministros que había comprado en la plaza. Había extremado sus medidas preventivas ya que la última vez Jean se le había acercado sin percatarse. Asegurándose que nadie le seguía, entró en la cabaña abandonada y descendió por el pasaje. Frente a la escalera la esperaba Danilo, haciendo que saltara del susto al verlo parado en silencio detrás.

–Maestra, ¿ocurrió algo?

–¿Por qué dices eso? – Dejó las provisiones cerca del espacio donde dormían, mientras que Danilo la seguía pensativo. No pudo evitar sonreír al ver que el niño no se tropezaba y la seguía a la perfección.

–Seguí practicando como me dijo, en un principio me concentré en escuchar el goteo del agua que se filtraba a través de las piedras. Grabé ese goteo en mi mente hasta que en cierto momento pude saber a donde se encontraba, una sensación bastante rara. Lo mismo hice con el sonido de los ratones, estos son más difíciles ya que están en movimiento; fue entonces cuando usted llegó. No sé cómo, pero desde que entró siento una sensación de inseguridad que proviene de su cuerpo.

–¿Sensación de inseguridad?

–Sí, es como un hilo invisible que te guía hacia un lugar, pero sientes que si lo tocas este se desprenderá…dejándote solo en el vacío.

–¿Y dices que este hilo te guía hacia mí?

–Bueno, al parecer sí. ¿Paso algo mientras estabas afuera?

–Muchas emociones para un solo día y estas en lo cierto, me encuentro confusa en estos momentos.

–Si quieres puedo escucharte. Después de todo es lo único que puedo hacer. – Danilo se rascó la mejilla mientras se sentaba sobre el borde de una de las camas. Lene no dejó esto pasar desapercibido, la manera completamente natural con la cual lo había hecho difería al comportamiento en la mañana.

Parece que un mes de entrenamiento finalmente está dando frutos, pero, ¿en que podría ayudarme un niño con esta situación? ¿Qué espera hacer? ¿Consolarme? Solo necesito aclarar mis pensamientos para mañana.

–Eres muy pequeño para saber acerca del amor, un niño solo debe pensar en uno mismo a esa edad.

–Es cierto, nunca me he enamorado. ¿Cómo se siente estarlo?

–Es vivir en la prisión más cruel posible. Dudas de ti misma y de tu propio juicio, y cada palabra que te diga tu amante será suficiente para sacudirte. A veces me pregunto si vale la pena amar…

–¿Por qué piensas en su valor? Acaso no es algo que siente en lugar de pensar.

–Creo que ese es el problema, que no te deja pensar con claridad.

Danilo se acostó en la cama mientras bostezaba, ya estaba bien adentrada la noche y la única razón por la que aún estaba despierto era porque quería esperar a su maestra. –Maestra, creo que piensas mucho. Haz lo que quieras hacer, creo que la peor prisión está en nuestras cabezas. – Con esto Danilo guardó silencio.

–Ella me dijo algo parecido hoy. – Lene se acostó también, apoyando su cabeza sobre sus brazos. Miraba el techo rocoso como si pudiera atravesarlo y contemplar las estrellas; sin embargo, era su mente la que se encontraba volando en todos los recuerdos que tenía junto a ella. –Mañana iré a verla, entonces todo este asunto cerrará.

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