Capítulo 6

Danilo era un joven que vivía en la periferia del pueblo del pueblo de Buenaventura. Era un joven huérfano, su padre había sido leñador y su madre se dedicó por completo al hogar; pero ambos murieron de una rara enfermedad siendo Danilo un niño. Muchos del pueblo pensaban que se trataba de una enfermedad contagiosa y que el chico podía estar infectado, por lo que se le aisló en su cabaña cercana al bosque. Con el pasar del tiempo se demostró que el joven estaba más que sano, aun así, el miedo de los demás aldeanos los llevó a apartarlo por completo de ellos.

Danilo a pesar de no saber lo básico para vivir solo, se las arregló de buena manera. En un principio se alimentaba de bayas hasta que observó cómo los cazadores preparaban sus trampas y aprendió a fabricarlas. Para ganar algunas monedas cortaba algunas ramas de los árboles y las hacía leños, los cuales cargaba hacia el pueblo para vender. Ningún niño del pueblo jugaba junto a él, pero le gustaba esconderse y observarlos desde lejos, escuchando así las historias que se contaban entre ellos. Su única manera de aprender acerca del pueblo y los lugares vecinos fue esta. Así que el día donde los trasgos atacaron el pueblo no pudo hacer mucho para defenderse, no tuvo ni la más mínima oportunidad para escapar. Su hogar fue el primero en ser atacado al encontrarse en las cercanías del bosque, pero el destino no le permitió morir en aquel mismo instante. Fue llevado junto a otro grupo a lo más profundo de una cueva oculta en el bosque, sabía que le esperaría una muerte dolorosa antes de que los trasgos lo pusieran a dormir de un garrotazo en la cabeza.

Los trasgos eran una de las peores alimañas, se reproducían a gran velocidad y lo podían hacer con cualquier otra especie. También era conocida su brutalidad con respecto a los varones de otras razas, los cuales eran cocinados vivos o encarcelados en sus cuevas hasta el momento que dispondrían de ellos. Cuando un niño era secuestrado en el bosque, los padres lo daban por muerto rápidamente ya que para cuando lo encontrasen seguramente había sido devorado. El joven Danilo estaba al tanto de aquello, por eso se sorprendió al abrir sus ojos en la caverna, a pesar de no poder ver mucho observó una silueta humana frente a él. El olor a sangre emanaba desde todos los rincones y solo una voz femenina se escuchaba. Habían sido rescatado y todos los trasgos masacrados en aquel lugar, no podía verlo debido a la oscuridad, pero estaba seguro que toda la sangre dispuesta en el suelo provenía de estos. Le recordaba las historias de caballeros andantes que rescataban a los campesinos en apuros, aunque nunca esperó que algo como eso ocurriese realmente. Los caballeros nunca llegaban cuando se les necesitaba y muy difícilmente se adentrarían en una caverna a rescatar a unos plebeyos. A pesar de estar al tanto de aquello quería creer que la joven que le rescató era la más valiente de los caballeros a la orden del Duque y que había acudido en nombre del deber.

Lamentablemente, la joven estaba herida debido por la difícil batalla, así que Danilo tuvo que ayudarla en el trayecto de regreso hasta finalmente salir de la cueva. Allí pudo observar mejor a su salvadora, tal como pensaba, no era nada galante. No portaba ninguna armadura de hierro, más bien parecía alguien de procedencia dudosa que ocultaba su rostro y gran parte del cuerpo. Danilo quedó sorprendido al verla ya que a pesar de su aspecto y de caminar a duras penas, al ser rodeados por una manada de lobos nunca los abandonó. Su vida realmente podría terminar esa noche junto a la de ella, pero delante de él se encontraba una persona asombrosa. Cuando vio una saeta derribar al lobo, se apresuró en ayudar a su heroína a recomponerse, allí pudo ver finalmente su rostro con detenimiento. Un cabello tan oscuro como aquella noche, unos ojos marrones que centelleaban como un lucero, se grabó la imagen de aquella mujer antes de marcharse con la milicia.

Luego de los sucesos de aquella noche Danilo había regresado a su día a día. Completamente solo en el linde del bosque, donde tenía poco que hacer. Había guardado algunas monedas al vender leña a los del pueblo, aunque fue a muy bajo precio; por lo que tenía suficiente para comprar algunas verduras y preparar una buena comida. Tomando su ruta habitual, se aventuró a los caminos que conducían al pueblo, donde vio a una chica sentada sobre una gruesa maleta. Llevaba el traje de sirvienta de la villa del Duque, un traje fácil de reconocer ya que solo había una familia noble viviendo en aquellas tierras. Se dispuso a pasar en silencio frente a ella, pero no pudo evitar detenerse al verla al detalle. Su rostro se encontraba pálido y su mirada no centelleaba con ninguna convicción, a pesar de eso pudo reconocer el rostro de su salvadora, el rostro que juró jamás olvidar. –Disculpa ¿Necesitas ayuda? – Preguntó mientras se acercaba más a la sirvienta.

Lene miró al niño en silencio, sus ojos no mostraban ninguna emoción y era incapaz de juntar sus pensamientos en ese momento. Desde que abandonó la villa aquella mañana, se había quedado varada en los caminos mirando al vacío sin mover un músculo. Algunas personas se habían brindado en llevarla en sus carromatos, pero no obtuvieron ninguna respuesta de su parte.

–Si quieres puedes a comer conmigo, no tengo mucho, pero…– El niño se fijó que a pesar de que la chica miraba en su dirección, no lo estaba viendo a él. Podía dejarla allí y continuar su camino, pero su conciencia se lo impedía. Dejarla en aquel estado y en pleno invierno era peligroso, así que acercó su mano al brazo de ella, tomándolo para ayudarla a levantarse. Lene ni siquiera se molestó en rechazarlo, simplemente lo siguió de regreso a su pequeña casa en el linde del bosque.

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Geo Clamor

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2021-07-31

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