–Uno…dos, mal. Repetimos el movimiento desde el inicio.
–No es tan sencillo como me dijiste, maestra– La voz del pequeño Danilo fue apagada al caer un palo sobre su cabeza, la culpable era Lene, quien se encontraba en una sesión de entrenamiento con su nuevo aprendiz.
–Nunca dije que fuera fácil, pero es mejor que andar chocando en la oscuridad, ¿verdad? – Otro golpe descendió de manera vertical sobre la cabeza de Danilo, pero esta vez se las arregló para esquivarlo por los pelos. –Que no puedas ver no significa que no puedas escuchar, los guerreros veteranos llegan a adquirir esta habilidad de manera natural; pero entrenarla tomaría años.
Danilo escuchaba con atención las palabras de Lene, así había hecho durante el mes que había transcurrido desde que incendiaron la cabaña. Su maestra lo había llevado al corazón del bosque, donde los habitantes pocas veces se aventuraban. En aquel sitio, oculto en el subsuelo, donde yacía un santuario dentro de las cavernas. Era un lugar frio y húmedo, pero el pequeño estaba acostumbrado a vivir en esas condiciones, por lo que se adaptó rápidamente.
–La brujería tiene una gran diferencia con respecto a la magia ortodoxa, necesitas un contratista para poder efectuarla. Puede parecer una gran desventaja, pero para ti es una buena noticia. Puedes sentir el exterior a través de él y ampliar tus sentidos.
–Entiendo esa parte, pero Sharcath no me deja conectarme con él.
–Ningún Assir te lo permitiría, al menos la gran mayoría. Por eso las brujas no podían confiar en sus contratistas en ciertos momentos.
–¿Qué debería hacer entonces? –Esta vez el golpe que lanzó Lene, mientras explicaba, fue a parar en el brazo de Danilo, provocando que soltará un quejido.
–No grites, aunque te lastimen nunca debes gritar. En una situación donde no sepan tu ubicación con certeza controlarte te será ventajoso. ¿Cómo esquivaste el anterior golpe?
–De alguna manera sabía que venía, en mi mente se dibujó tu figura atacándome.
–Entonces tienes parte de tu respuesta. Hay dos aspectos de la brujería, la primera es la magia en sí, la cual consiste en la manipulación o proyección de un concepto externo. Para lograr esto necesitas pedir prestado el poder de un Assir, aun así, su poder tiene sus límites. Por otro lado, tienes la ventaja del pacto, el cual aumenta tus percepciones, aún sin sincronizarte con el Assir.
–Maestra…me lo puedes resumir. No entendí ni la mitad de lo que dijiste.
Se pudo escuchar el suspiro de Lene a través de toda la caverna, no era buena simplificando elementos, menos cuando asumía que era un conocimiento básico. –Sin la ayuda Sharcath puedes percibir más fácil algunas cosas, por ejemplo…– Sin darle tiempo a terminar sus propias palabras, lanzó una estocada con su palo hacia la frente de Danilo. El joven, con un áspero movimiento, se lanzó al suelo, dejando pasar la estocada por encima de su cabeza. –¿Cómo sabías que apuntaba a tu cabeza?
–Sentí una ligera vibración acercándose hacia aquí…– Luego de levantarse, Danilo se señaló el entrecejo, justo donde el golpe iba dirigido. –Las veces que logré esquivar tus golpes es porque algo similar pasaba.
–Es porque tu percepción se encuentra aumentada, las sensaciones que antes ignorabas o no podías sentir se vuelven más apreciables. La razón por la que aún recibes golpes es debido a que las ignoras o no sabes identificarlas.
–Si lograra dominar esto, ¿me beneficiaría como brujo?
–Te ayudará en la vida diaria y más adelante como brujo, pero por ahora enfoquémonos en que puedas valerte por ti mismo.
Nunca más podrá ver, pero eso no significa que dependerá de otros. Tardará un par de meses, tal vez un año, para que domine lo básico. Hablando sobre el tiempo, no he regresado al pueblo desde entonces, hace un mes que no sé nada de ella. ¿Estará bien? ¿Sabrá que no regresé a la mansión principal o simplemente no le importará? Tal vez sea el momento de darle una visita rápida al pueblo.
Lene se alejó de Danilo para dirigirse a un espacio donde tenían unas camas improvisadas por ella. Hacía tiempo que abandonó su traje de sirvienta, por lo que vestía ropajes de cuero reforzado, parecidos a los que llevaban los cazadores de la región; pero por precaución hurgó en su maletín buscando un frasco en específico.
–¿Las clases terminaron por hoy? – Danilo al escuchar los pasos alejándose bajó la guardia y los siguió con cuidado de no chocar.
–Sí, quiero regresar al poblado para conseguir más provisiones y recopilar información; pero quiero que te quedes entrenando aquí.
–¿Solo?
–Sí, esta caverna solo puede ser accedida por una escalera que asciende a una cabaña abandonada; mientras no la subas será imposible que abandones el lugar. Pon en práctica lo que te enseñé y trata de vagar guiándote por tus sentidos.
–Lo intentaré, creo que será mejor que quedarme sentado esperando.
–Quiero que sepas que mientras más rápido domines lo básico, más rápido podré enseñarte eso que tanto ansías.
Lene sacó un frasco de color púrpura y realizó una mueca, el sabor del brebaje era imposible llevarlo a palabras por lo que raramente lo usaba, así de desagradable era. Luego de bebérselo de golpe y aguantar sus ganas de vomitar sintió como su cuerpo cambiaba lentamente; sus ojos se volvieron marrones y su cabello de un leve tono rojizo. Llevándose las manos a su rostro pudo sentir que sus mejillas habían engordado un poco y su nariz achatada ligeramente, por lo que asumía que difícilmente sería reconocida.
–Me marcho por ahora, recuerda practicar.
Y con aquellas palabras se dispuso a salir de la cueva, buscando salir directamente a los caminos en vez del. Era imposible medir el tiempo en la cueva, por lo que se alegró al percatarse que el sol aún estaba en todo lo alto. –Sería problemático llegar en la noche. – El camino era algo largo por lo que se entretuvo recitando mentalmente su coartada, hasta que el crujido de una rama la alertó.
–Discúlpeme si le asusté señorita…– Entre los árboles emergió un joven lo bastante alto para sacarle algunos centímetros a Lene en tamaño, quien ya de por sí era bastante alta. Llevaba una capucha que cubría gran parte del cuerpo, pero por el grosor se podía asumir que portaba una especie de armadura debajo. –Deambulaba por el bosque cuando me la encontré, se me es inconcebible dejar sola a una dama en el bosque.
–¿Un joven caballero? ¿O un rufián? Dudo que un galante caballero vagase por el bosque…
–Ciertas son sus palabras, pero no vago, busco…y lo mismo se podría preguntar de usted.
–Entonces somos dos que buscan.
El encontrarse con un hombre armado en la foresta mayormente terminaba siendo un bandido, pero la postura en que el sujeto permanecía, manteniendo una distancia de varios metros, daba a entender que no tenía intención de apresurarse hacia ella. Aun así, nadie se aventuraba tan profundo en el bosque de Buenaventura, a pesar de ya encontrarse cerca de la zona de caza.
–¿Una joven que busca algo en el bosque? Lleva ropa diseñada para cazar, pero no veo su arco, tampoco un cuchillo en la cintura…pero disculpe mi descortesía, no me corresponde inquirir sobre sus intenciones. Mi nombre es Jean.
–Un placer Jean. Entiendo su preocupación, como también espero que me comprenda al desconfiar un poco en usted. Mi nombre es Daniela y me dedico a preparar ungüentos curativos, me encontraba buscando algunas plantas, pero creo que hoy no es mi día de suerte.
–Un placer conocer a una joven sanadora. Para aliviar su temor, le ruego a que observe esto…– Con un lento movimiento deslizó la parte de la capa que cubría su pecho, mostrando la insignia de un sol saliendo detrás de una colina. –Como puede ver, pertenezco a la Santa Orden, por lo que no tiene que temer de mí. Si quiere la puedo escoltar al pueblo.
–Nunca pensé que sería un templario, me disculpo por mi descortesía; siendo así me gustaría aceptar su oferta.
¿Por qué? ¿Por qué hay un templario en Buenaventura? ¿Por qué está vagando por el bosque? Y lo peor de todo, ¿A quién está buscando?
A pesar de lograr mantener su sonrisa, Lene se encontraba asustada y apenas se las arreglaba para mover sus piernas de aquel sitio. La Santa Orden no solo era un grupo repleto de fanáticos religiosos, su cuerpo armado era uno de los más poderosos en todo el valle. Sus caballeros nunca se movían a no ser que estuvieran cazando herejes o buscando reliquias de antaño.
–No hay nada que disculpar, aprecio mucho el trabajo que hacen las sanadoras en las regiones alejadas del valle. Entonces, ¿regresamos?
–¿No buscaba algo?
–Alguien, pero dudo que la encuentre por el momento. Así que déjeme escoltarla sin temor alguno, no le aseguro que el próximo que se encuentre en este lugar sea alguien con buenas intenciones.
Lene con una sonrisa radiante, pero forzada, le asintió con la cabeza a Jean. Como un caballero, el joven se acercó hasta quedarse a dos pasos detrás de ella y comenzaron a caminar en dirección del pueblo.
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