Existen muchas cosas a las cuales la humanidad teme, algunas surgieron por miedo y desconocimiento; mientras que otras provienen de las tradiciones de antaño. El bosque es uno de estos últimos, los cazadores se adentran confiados en él siempre que el sol se encuentre en lo alto, pero al caer la noche es un lugar donde no desearían estar. La razón varía en dependencia de la región, pero Buenaventura tenía una peculiaridad, su frontera con las Tierras Inexploradas. Se trataba una región salvaje de la cual poco se sabía, pero el puñado de exploradores que habían regresado solo tenían historias espeluznantes que contar sobre criaturas malditas. La mayor parte de los habitantes creían que estas criaturas se adentraban en los bosques de Buenaventura al caer la noche, y de atraparte te llevarían hacia aquella región.
Por tales cosas era difícil de ver la imagen de una mujer y un niño vagando en lo oscuro del bosque, adentrándose poco a poco en este. Danilo era guiado por una sirvienta, quien se detenía a cada rato para buscar unas pistas en el terreno antes de proseguir su marcha. Lene en un principio tenía la intención de acabar con la vida de Danilo, pero debido a su última petición no podía asesinarlo por ahora. Existían algunos códigos que debía respetar y eran muy antiguos, romperlos llevaría a una consecuencia terrible en su vida. Sin más remedio solo le quedó adentrarse en el bosque para darle solución a la petición de Danilo.
–¿Por qué debemos adentrarnos tanto en el bosque? – Danilo no paraba de mirar con recelo hacia atrás, si fuera abandonado en este lugar seguramente se perdería. Y siempre estaba el temor de ser atacados por una manada de lobos como la última vez.
–Porque las cosas hay que hacerlas como se debe – Lene dijo tajante antes de detenerse frente a una roca enorme esta tenía algunos símbolos grabados rústicamente en ella. Un patrón en forma de espiral apenas visibles por su deterioro y el musgo que ahora crecía allí. –Si quieres tener poder debes estar dispuesto a dar una parte de ti ¿Estás dispuesto?
–¿Dar una parte de mí? ¿Te refieres a una parte de mi cuerpo?
–Podría ser una parte de tu cuerpo, podría ser tu cuerpo entero. Incluso podría ser algo que este dentro de ti. Existen muchas posibilidades y cada quien reclama algo diferente.
–¿Quienes?
–Te lo diré si tienes alguna posibilidad, sino será una pérdida de tiempo hablar tanto– El deber de Lene estaba en darle una posibilidad, de fallar lo mataría tal como tenía planeado desde el inicio.
–No entiendo a qué te refieres…– Lene sacó de sus ropajes una aguja del tamaño de la palma de su mano, clavándosela levemente en el brazo a Danilo. Fue de una manera tan rápida que cuando el joven gritó del dolor ya la aguja estaba fuera de su cuerpo.
–No hay que gritar tanto, solo aguanta– Lene salpicó la sangre que estaba en la aguja sobre la piedra. Como si reaccionara a algo esta, la sangre fue dirigida en dirección al símbolo en espiral, recorriendo las fisuras del grabado hasta dejar un trazo de rojo. –Afortunadamente podemos llamarlo en cualquier noche y el requisito es pequeño.
Danilo sintió un ardor proveniente de su brazo, justo donde la sirviente le había clavado la aguja. Al míralo vio como un hilo de sangre salía de su cuerpo y ondulaba en el aire. Poco a poco el hilo tomaba la figura de una criatura antropomórfica, de tez oscura y carente de ojos o boca. La figura medía alrededor de tres metros de alto, lo cual lo llevó a inclinarse para acercar su cabeza a Danilo.
–No es para comer. Al menos aún no, el pequeño quiere hacer un pacto con un Assir y da la casualidad que eres el más cercano de esta región.
–¿Y? Pudiste haberlo asesinado y puesto fin a esto. ¿Por qué me traes otro frágil mortal sin voluntad? – Al escuchar las palabras de la joven, volteo la cabeza en su dirección. A pesar de no tener boca para articular las palabras, un eco retumbó por todo el lugar llevando así su mensaje.
–Porque las leyes dicen que debemos darles una oportunidad a quien busca el abrazo de la oscuridad, sabes muy bien que si me hubiera negado mi alma se rompería en miles de pedazos.
–Esa ley es para los Assir, no para los mortales.
Lene guardó silencio al escuchar esto, sabía lo que trataba de decir aquella figura, pero había cosas que no estaba dispuesta a romper sin importar la situación o lo conveniente que fueran. –Sharcath, no vine aquí a discutir. Simplemente escucha al niño y toma una decisión, es tu obligación, como la mía fue traerlo.
Esta vez fue el turno de la figura oscura de quedar en silencio, luego de unos segundos regresó su cabeza hacia Danilo, quien esperaba. El joven estaba pálido, había escuchado historia sobre demonios y brujas, pero frente a él estaba uno real. Lo peor de todo era que aquella criatura difería de todas las descripciones que había escuchado. –¿Qué deseas? – El eco volvió a retumbar entre los árboles.
Danilo trago saliva, sus manos temblaban por el miedo; pero sabía que era un momento crucial por lo que se las arregló para responderle. –Deseo poder.
–Todos desean poder. ¿Para que un niño desea poder? ¿Acaso tus padres no están muertos? ¿No quieres volver a verlos? Creo que ese sería un mejor deseo.
Danilo se sorprendió al escuchar sobre sus padres. Por su mente nunca había cruzado la idea de revivirlos, y sabía la razón de aquello. A pesar de ser un pequeño de campo, no era alguien estúpido; si no realista debido a las circunstancias en que vivía. –Los muertos no pueden regresar, pero yo aún no quiero morir. Quiero poder para caminar sobre aquellos que me desean mal, sobre aquellos que me desprecian.
–Qué extraño, un joven que no quiere poder para hacer el papel de un justiciero…
–Un justiciero no le pide poder a un Assir en lo oscuro del bosque– Lene fue quien le respondió con un tono sarcástico. Para ella había algo extraño con Danilo, cualquiera de su edad había contado con lujo de detalles lo que había sucedido en el bosque; más aún con sus circunstancias para tratar de ganar aprobación. Aun así, Danilo no había dicho nada, es como si esperase que las cosas fueran desde esta manera desde el inicio
–Dicen que para ganar el poder de un demonio debo ofrecer algo de mí. ¿Qué me pedirás?
–Dame tus ojos. Te prestaré poder suficiente para que aplastes a cualquier mortal, para que sometas a quien busque tu desdicha; pero jamás verás tus logros. Vivirás siempre con la pena de no poder ver tus frutos y hasta dónde has llegado… ¿Aceptas este pacto?
Danilo dio un paso atrás y bajó su cabeza para mirarse las manos. El pensamiento de perder la visión para siempre le aterraba, las dudas corrían por su mente. Pero más terrible que estos eran sus recuerdos, la manera en que le lanzaban piedra cuando se acercaba al pueblo, cuando desenterraron la tumba de sus padres y los tiraron al río, por miedo a que la enfermedad se difundiera. Le habían dado odio en toda su vida, el mundo que veía era uno que solo le generaba rencor, por lo que en ese momento pensó que el precio era insignificante.
–Puedes tomar mis ojos, si ese el precio para no temer a la muerte nunca más con gustos son tuyos.
La mano de la enorme criatura se acercó hasta cubrir la cabeza de Danilo, el joven permaneció quieto hasta que un fuerte resplandor emanó de la mano. El niño sintió como sus ojos ardían, dejando escapar un grito que sacudió las ramas de los árboles. Su cuerpo se estremecía mientras se aferraba a las gigantes manos de la criatura soportando el dolor; hasta que finalmente su cuerpo cayó en la nieve. Su rostro se encontraba ensangrentado, pero aún respiraba, señal de que permanecía con vida.
–¿Qué harás ahora Yvalnia? ¿Lo matarás como tenías pensando?
–Es molesto cuando miras la mente de los mortales– Lene se acercó y tomó el cuerpo de Danilo, cargándolo en sus brazos para regresar por donde vino. –El que yo haga con él, no es nada que te involucre.
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