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NOCTURNE: La Sangre No Puede Amar

NOCTURNE: La Sangre No Puede Amar

Status: En proceso
Genre:Edad media / Vampiro / Fantasía LGBT
Popularitas:776
Nilai: 5
nombre de autor: Mariangel Suarez

En una mansión aislada entre bosques nevados, el antiguo clan Vane oculta secretos que podrían destruir el mundo vampírico. Julian Vane, un vampiro de doscientos veinte años, ha perdido toda conexión con su humanidad, hasta que conoce a Leo Ardent, un joven restaurador de arte cuya sangre guarda un misterio ancestral.
Atraídos por una conexión inexplicable, ambos se adentran en una historia de obsesión, secretos familiares, celos y deseos prohibidos. Pero mientras el pasado amenaza con repetirse, Julian deberá enfrentar una verdad aterradora: la sangre puede unir sus destinos, pero jamás garantizar que Leo llegue a amarlo.

NovelToon tiene autorización de Mariangel Suarez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9.

Encontraron el acceso poco después del mediodía.

Detrás de un tapiz que representaba una escena de caza había una puerta estrecha de madera oscura. No tenía cerradura, pomo ni ornamentación alguna.

Parecía una parte más del revestimiento de la pared.

Leo apartó el tapiz y examinó los bordes.

—La puerta es más reciente que el resto del panelado —observó—. Mira las bisagras.

Adrian se agachó junto a él.

—Tienes razón.

—Alguien la construyó para que pareciera invisible.

Leo presionó cuidadosamente distintos puntos de la madera. Finalmente, escuchó un clic.

La puerta se abrió unos centímetros.

Un aire helado escapó del interior.

No era el frío habitual de la mansión. Era un frío seco, antiguo, acompañado de un olor a polvo, madera húmeda y algo metálico.

Adrian dejó de sonreír.

—Leo, creo que deberíamos avisar a Balthazar.

—Solo voy a echar un vistazo.

—Eso es exactamente lo que dicen las personas antes de terminar involucradas en algo terrible.

Leo empujó la puerta.

Al otro lado había un corredor estrecho que descendía ligeramente hacia las profundidades de la casa. Las paredes estaban cubiertas de papel pintado descolorido. Unas cortinas pesadas ocultaban las ventanas y, al fondo, se distinguía una puerta abierta.

Leo encendió la linterna de su teléfono.

—Quédate aquí si quieres.

Adrian soltó una maldición en voz baja.

—No pienso dejarte entrar solo. Si Julian descubre que te he permitido hacer una estupidez, me lo recordará durante los próximos cincuenta años.

Avanzaron juntos.

La primera habitación contenía muebles cubiertos con sábanas. La segunda parecía haber sido un despacho, con una mesa volcada y libros esparcidos por el suelo.

En la tercera, Leo se detuvo.

Había fotografías.

Decenas de ellas.

Estaban colocadas sobre una pared de corcho, algunas protegidas por marcos de cristal, otras sujetas con alfileres oxidados. Eran retratos de personas que habían vivido en distintas épocas: hombres con uniformes militares, mujeres con vestidos antiguos y niños que miraban a la cámara con una seriedad impropia de su edad.

Leo se acercó a una fotografía tomada a finales del siglo XIX.

El hombre que aparecía en ella tenía su rostro.

La imagen estaba fechada en 1891.

Debajo había una inscripción escrita a mano:

Lucien Ardent. Último descendiente confirmado.

Leo sintió un nudo en el estómago.

—Adrian…

Su acompañante no respondió.

Estaba mirando otra fotografía.

En ella aparecía Julian, vestido con un traje oscuro y apoyado contra una pared de piedra. A su lado estaba Lucien.

No se parecían simplemente a dos conocidos.

La postura de Julian era distinta a la habitual. No había arrogancia en su rostro, ni frialdad. Su mano descansaba sobre el hombro de Lucien y ambos miraban hacia la cámara con una familiaridad que resultaba dolorosa de contemplar.

Leo se acercó.

En la parte inferior de la fotografía, alguien había escrito:

...París, invierno de 1891. Antes de la traición....

—¿Qué significa eso? —preguntó.

Adrian tragó saliva.

—No lo sé.

Pero su expresión sugería que, por primera vez, tenía miedo de descubrirlo.

Leo siguió examinando las fotografías.

En una de ellas, Lucien aparecía junto a una mujer cuyo rostro estaba parcialmente cubierto por una mancha de tinta.

En otra, sostenía un pequeño medallón de plata.

Y en la última fotografía, fechada apenas unos meses antes de su desaparición, Lucien estaba de pie frente a Blackthorn.

La mansión aparecía detrás de él, cubierta de nieve.

En una ventana del piso superior se distinguía una silueta.

Julian.

Leo sintió que la habitación se volvía demasiado pequeña.

Había llegado a Blackthorn para restaurar obras de arte.

Ahora estaba rodeado de pruebas de que su familia llevaba más de un siglo vinculada a una historia que nadie quería contarle.

Y la persona que parecía conocer todas las respuestas era precisamente aquella en la que menos debía confiar.

—Tenemos que irnos —dijo Adrian.

Leo no se movió.

Había descubierto un pequeño sobre detrás de uno de los marcos. En el frente, con tinta negra, estaba escrito su nombre completo.

Leo Ardent.

Sus dedos se quedaron inmóviles.

—Esto no puede ser posible.

—Leo…

Abrió el sobre.

Dentro había una única hoja de papel amarillento.

La letra era elegante, inclinada y extrañamente familiar, aunque Leo nunca la había visto antes.

...Si estás leyendo estas palabras, significa que la sangre ha encontrado el camino de regreso a Blackthorn....

...No confíes en los recuerdos que otros te entreguen. No confíes en aquello que tu sangre te haga sentir....

...Y, sobre todo, no permitas que Julian Vane decida por ti....

Leo leyó la última línea dos veces.

Al pie de la carta aparecía una firma.

Lucien Ardent.

1
Amy Katin
😱😱😱 esta historia se está poniendo intrigante.
Brisa Romero
/Doge/
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