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Le Propuse Matrimonio Al Demonio... El Ahora Será Mi Espada

Le Propuse Matrimonio Al Demonio... El Ahora Será Mi Espada

Status: En proceso
Genre:Venganza / Traiciones y engaños / Fantasía épica
Popularitas:5k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Él ahora será mi espada.
En su primera vida, Cassandra amó al hombre equivocado.
El príncipe heredero, su madrastra y su propia familia conspiraron contra ella hasta llevarla a una muerte cruel. Pero el destino le concedió una segunda oportunidad.
Al despertar diez años atrás, Cassandra recuerda perfectamente el día en que comenzó su desgracia.
Esta vez no elegirá al príncipe que la traicionará.
Cuando el emperador le ofrece escoger a su futuro esposo como recompensa por su salvar a un miembro de la familia real, Rosalind señala al hombre que todos temen: Balkan Trudeau, el Demonio de Moldavia, heredero de un reino de guerreros que cabalgan dragones.
Él es cruel. Ella es vengativa.
Él descubre que su nueva prometida esconde un corazón tan oscuro como el suyo.
Y Cassandra solo necesita una cosa de su futuro esposo:
Que sea su espada mientras ella cobra cada deuda pendiente.

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La pregunta que nadie se atrevió a hacer

Con las llaves de la mansión colgando de su cinturón, Cassandra comenzó el inventario de las cosas de su madre. Era una tarea que nadie se había atrevido a hacer en diez años.

Al tercer día, durante el desayuno, colocó dos libros de cuentas sobre la mesa, junto al pan y la miel.

—He encontrado un pago extraño —dijo, con el tono de quien comenta el clima—. Durante dos años, cada mes, mi madre pagó a un tal Maestro Corvin por «visitas nocturnas». Pero el médico que firmó su acta de defunción fue el Maestro Belis.

Levantó los ojos, dulces y curiosos.

—¿Quién es el Maestro Corvin?

El sonido de la cuchara de Dorian contra el cuenco se detuvo en seco. Livia dejó de masticar. El conde alzó la vista de su plato muy, muy despacio.

—Cuentas viejas —dijo, con la voz tensa—. Deja descansar a los muertos, Cassandra.

***

—Yo los dejaría descansar, padre —Cassandra abrió el segundo libro, sin dejar de sonreír—. Pero hay alguien que no los deja. Su majestad el rey.

El silencio en el comedor fue absoluto.

—Él llamaba a mi madre *«hermanita»*. La quería como si fuera de su propia sangre. —Cassandra cerró el libro con suavidad, y el golpe seco hizo saltar a Livia—. Si algún día se entera de que la asesinaron, y de que esta casa lo ocultó… no preguntará quién lo hizo. Preguntará **quién lo calló**. Y no distinguirá entre culpables y silenciosos.

La abuela, en la cabecera, sintió un frío que no tenía nada que ver con la mañana.

—Solo quiero encontrar la verdad —Cassandra se puso de pie, recogiendo sus libros— antes de que el rey la encuentre a su manera. Para proteger a la familia.

Nadie pudo decir que no.

No sin parecer culpable.

***

Esa misma tarde, la abuela encerró al conde en su estudio.

—Si el rey se entera, ardemos —dijo la anciana, con el bastón de ébano temblando—. Encuentra a ese Corvin antes que la corona. Y si habla… que los dioses se apiaden de esta casa.

El conde envió a cuatro agentes al norte esa misma noche.

Pero no fue el único.

En la cripta, a la luz de una sola vela, Livia y Dorian le contaron a su madre, arrodillados, lo que la «niña» había preguntado en el desayuno. Lady Elara, que llevaba diez días alimentándose de pan, agua y miedo, sintió que el estómago se le convertía en hielo.

—Corvin —susurró—. Si llegan a Corvin, estamos muertos.

Agarró la muñeca de Livia con la fuerza de una ahogada.

—Encuéntrenlo antes que ellos. Y asegúrense de que **nunca** hable. Nunca.

***

Esa noche, en el balcón, Balkan le entregó a Cassandra un informe sellado con cera negra.

—Maestro Corvin —leyó ella en voz alta, sin prisa—. Oculto en una aldea llamada Vellmar, ejerciendo la medicina con nombre falso. Pero cometió un error: mató a la hija del magistrado del lugar. Y los magistrados no perdonan.

—Así que el magistrado lo capturará —dijo Balkan.

—Y lo traerá a la capital —terminó Cassandra—. Y cuando llegue, mi padre querrá hablar con él. Mi madrastra querrá verlo muerto. Y el rey… —sonrió, sirviendo dos copas de vino— querrá todo.

Balkan la observó, con las brasas encendidas bajo los ojos.

—¿Y tú?

—Yo —Cassandra le entregó la copa— serviré el té y los miraré devorarse entre sí.

1
EspirituCreativo
Cassandra marca su camino... Pobre del que trate de pararla
Belky Gonzalez0
Ho Dios...Casandra es de temer.. me encanta 🥰
EspirituCreativo
🤭 Jaja lectora
Enderlay Correa
🤣🤣🤣 se la comió
EspirituCreativo
Gracias, ☺️
Enderlay Correa
muy buena me gusta
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