una ciudad controlada por dos grandes mafiosos que se odian pero en el camino encontrarán enemigos en común será que los haran unirse?
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La prueba
El silencio dominó la cámara subterránea.
Antonio Romano, Víctor Moretti y sus hombres observaban a Valeria Cruz mientras ella mantenía la vista fija en la pantalla.
Nadie se atrevía a hablar.
Nadie quería escuchar la respuesta.
Pero todos la necesitaban.
—¿Qué quieres decir con que era una prueba? —preguntó finalmente Antonio.
Valeria tragó saliva.
—Exactamente eso.
—Explícate.
La mujer abrió el archivo completo.
Decenas de documentos aparecieron en las pantallas.
Mapas.
Informes.
Gráficos.
Planes estratégicos.
Y todos tenían el mismo encabezado.
PROYECTO FÉNIX - FASE FINAL
—Mauricio utilizó Ciudad Oscura para comprobar si su modelo funcionaba.
Víctor frunció el ceño.
—¿Qué modelo?
Valeria respiró profundamente.
—Destruir estructuras criminales existentes.
Crear caos.
Infiltrar instituciones.
Controlar información.
Manipular mercados.
Y luego reemplazar todo por una organización única.
El silencio regresó.
Porque aquello era exactamente lo que había ocurrido.
Mientras tanto, en la sala de control principal, Gabriel y Sofía analizaban los mismos archivos.
Verónica observaba cada página con creciente preocupación.
—Esto es peor de lo que imaginaba.
—¿Por qué? —preguntó Gabriel.
La mujer señaló un mapa.
—Porque no habla de una ciudad.
Gabriel siguió su dedo.
Y comprendió.
Los documentos mostraban varios países.
Puertos internacionales.
Empresas multinacionales.
Centros financieros.
Rutas comerciales.
Todo conectado.
—Dios mío...
Verónica asintió.
—Ahora entiendes.
Mauricio nunca estuvo pensando en Ciudad Oscura.
Pensaba en algo mucho más grande.
A cientos de kilómetros, Mauricio Varela permanecía en silencio frente a sus pantallas.
Uno de sus asistentes entró apresuradamente.
—Señor.
—¿Qué ocurre?
—Lograron acceder a parte del Proyecto Fénix.
Mauricio permaneció tranquilo.
Demasiado tranquilo.
—Ya lo sé.
—¿No vamos a detenerlos?
La sonrisa regresó lentamente.
—Ya es tarde para eso.
—¿Qué quiere decir?
Mauricio observó la pantalla principal.
—Que el proyecto ya comenzó.
En la base, Gabriel encontró una sección especialmente alarmante.
Se llamaba:
ETAPA DE EXPANSIÓN
Comenzó a leer.
Y cuanto más avanzaba, peor parecía la situación.
—No puede ser.
—¿Qué encontraste? —preguntó Sofía.
Gabriel giró la pantalla.
—Mira esto.
La joven observó el documento.
Y abrió los ojos con sorpresa.
—¿Son empresas?
—Sí.
—Muchas empresas.
—Demasiadas.
Verónica observó la lista.
—Empresas de transporte.
Constructoras.
Bancos.
Empresas tecnológicas.
Medios de comunicación.
El alcance era inmenso.
Y aterrador.
En la cámara subterránea, Antonio seguía intentando comprender la magnitud de la situación.
—¿Por qué hacer todo esto?
Valeria cerró algunos archivos.
—Porque Mauricio cree que el crimen organizado tradicional está muriendo.
—¿Y?
—Quiere reemplazarlo.
Víctor cruzó los brazos.
—¿Con qué?
La respuesta fue sencilla.
—Con algo que nadie pueda identificar como crimen organizado.
Aquella frase quedó flotando en el aire.
Y todos comprendieron lo peligrosa que era.
Mientras tanto, en Ciudad Oscura, algunos de los aliados de Mauricio comenzaban a notar movimientos extraños.
Transferencias.
Cambios de propiedad.
Negocios vendidos.
Empresas desapareciendo.
Muchos pensaban que era parte de la guerra.
Pero estaban equivocados.
Era parte de algo mucho mayor.
Gabriel continuó revisando archivos.
Entonces encontró algo inesperado.
Una lista de nombres.
Cientos de nombres.
Algunos conocidos.
Otros no.
—Verónica.
—¿Qué?
—¿Reconoces esto?
La mujer observó la pantalla.
Y se quedó inmóvil.
—No...
—¿Qué ocurre?
—Son candidatos.
—¿Candidatos para qué?
La respuesta tardó varios segundos.
—Para liderar las próximas etapas.
El silencio llenó la sala.
Mauricio llevaba años reclutando personas.
Preparándolas.
Evaluándolas.
Como si estuviera construyendo una organización completamente nueva.
En otra parte de la base, Valeria encontró algo todavía peor.
Un calendario.
Fechas.
Operaciones.
Objetivos.
Y una fecha marcada en rojo.
Dentro de apenas diez días.
—Tenemos un problema.
Antonio levantó la mirada.
—Otro más.
—Este es enorme.
La mujer giró la pantalla.
Todos observaron el calendario.
—¿Qué significa?
Valeria señaló la fecha.
—Ese es el lanzamiento oficial.
—¿Lanzamiento de qué?
La respuesta fue inquietante.
—Del Proyecto Fénix.
A varios kilómetros, Mauricio observaba la misma fecha en una pantalla diferente.
Diez días.
Después de décadas de preparación.
Después de años de manipulación.
Después de incontables sacrificios.
Finalmente estaba cerca.
Muy cerca.
Uno de sus asistentes sonrió.
—Lo logró.
Mauricio observó el horizonte.
—Todavía no.
—Pero estamos a pocos días.
—Precisamente por eso.
Sabía que los últimos pasos eran siempre los más peligrosos.
En la base, Gabriel decidió reunir nuevamente a todos.
La situación exigía respuestas rápidas.
Antonio, Víctor, Sofía, Verónica y Valeria se reunieron alrededor de una mesa llena de documentos.
—Tenemos diez días.
—¿Diez días para qué? —preguntó Antonio.
—Para detenerlo.
El mafioso soltó una risa amarga.
—Muy tranquilizador.
—Es la verdad.
Gabriel señaló los archivos.
—Si estos documentos son correctos, Mauricio está a punto de activar una red internacional.
—¿Y cómo la detenemos?
Nadie respondió inmediatamente.
Porque nadie tenía una respuesta clara.
Durante varios minutos estudiaron los documentos.
Finalmente Verónica habló.
—Existe una posibilidad.
Todos la miraron.
—¿Cuál?
La mujer respiró profundamente.
—Mauricio tiene una debilidad.
Aquello sorprendió a todos.
—¿Una debilidad?
—Sí.
—¿Cuál?
Verónica observó los documentos antiguos.
—Su obsesión.
—¿Con qué?
La respuesta fue inmediata.
—Con el control.
Antonio frunció el ceño.
—Eso no parece una debilidad.
—Lo es.
—¿Por qué?
Verónica cruzó los brazos.
—Porque necesita supervisarlo todo.
Necesita saberlo todo.
Necesita controlar cada detalle.
Gabriel comenzó a comprender.
—Y eso significa...
—Que todavía existe un centro de mando.
El silencio llenó la sala.
—¿Un lugar desde donde dirige todo?
—Exactamente.
Valeria observó varios documentos.
—Creo que tiene razón.
—¿Puedes encontrarlo?
—Tal vez.
Las siguientes horas estuvieron dedicadas a una búsqueda frenética.
Archivos.
Servidores.
Mapas.
Transferencias.
Todo era analizado.
Finalmente encontraron algo.
Una serie de comunicaciones cifradas.
Todas convergían en un mismo punto.
Un lugar que no aparecía en ningún mapa oficial.
Un complejo privado ubicado en una isla.
Lejos de Ciudad Oscura.
Lejos de cualquier autoridad.
Lejos de todo.
Gabriel observó las coordenadas.
—¿Ese es el centro de mando?
Valeria asintió lentamente.
—Probablemente.
Verónica observó la pantalla.
Y sintió un escalofrío.
Porque reconocía aquel lugar.
—No puede ser.
—¿Lo conoces? —preguntó Sofía.
La mujer tardó unos segundos en responder.
—Sí.
—¿Qué es?
Verónica observó las coordenadas una vez más.
—Es donde comenzó todo.
A cientos de kilómetros de distancia, rodeada por el océano, una isla permanecía oculta bajo la oscuridad de la noche.
Desde el exterior parecía una propiedad privada más.
Pero bajo la superficie existía algo completamente diferente.
Centros de comunicación.
Servidores.
Sistemas de vigilancia.
Equipos de seguridad.
Y en el corazón del complejo, Mauricio Varela observaba varias pantallas.
Miles de datos fluían constantemente.
Movimientos financieros.
Operaciones comerciales.
Comunicaciones internacionales.
Todo conectado.
Todo bajo su supervisión.
Todo formando parte del Proyecto Fénix.
La puerta de la sala se abrió.
Un asistente entró.
—Señor.
—¿Sí?
—Detectamos actividad inusual.
Mauricio sonrió.
—Ya encontraron la isla.
—Sí.
—Perfecto.
El asistente pareció confundido.
—¿Perfecto?
Mauricio observó las luces de los monitores.
—Porque ahora vendrán por mí.
La sonrisa se amplió.
—Y eso significa que podré terminar el juego personalmente.
La guerra había entrado en su fase final.
Y ninguno de los bandos pensaba retroceder.
Continuará en el Capítulo 24...