El silencio en la Catedral no era de devoción, sino de asfixia. Frente al altar, dos herederos de familias rivales se miraban, no con amor, sino con el frío reconocimiento de quienes han sido convertidos en peones. Mientras el sacerdote iniciaba los votos, el peso del deber familiar sellaba un destino que ninguno de los dos eligió, transformando el día de su boda en el inicio de su mutuo cautiverio.
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Ambos personajes se perdieron en la inmensidad del bosque
Los perros iban decididos a lanzarse hacia Natasha, pero una voz brotó a lo lejos:
¡Sandor, lobo, quietos!, Damián llegó corriendo hacia donde estaba Natasha, ¿estás bien?, le preguntó.
Sí, por poco y no lo cuento, dijo ella.
Es obvio, pero ¿acaso intentabas huir?
No es eso, lo que pasa es que no me siento a gusto en esta mansión; no podía dormir por eso me levanté.
Y aprovechaste que era de madrugada para escapar, pero no te acordaste que los perros andan por ahí en las noches. Ahora, regresa a tu habitación y no salgas de ahí hasta que yo lo ordene, ¿estamos?
Está bien, Natasha dio un suspiro y regresó a su habitación e intentó dormir lo que restaba de la noche.
Pronto se llegó el nuevo día, Nati despertó y lo primero que vio fue a Vianey.
¿Qué haces aquí?, preguntó.
Su baño ya está listo, señora. El patrón la espera en el comedor.
¿El patrón?
Don Damián, susurró Vianey.
En cuanto estuvo lista, Natasha bajó al comedor, acompañada del guardia y Vianey.
Siéntate, mi amor, el almuerzo está servido, Alma preparó todo con esmero.
Natasha no quería levantar sospechas y comió tranquilamente.
Vianey, dijo Damián, en cuanto almorcemos quiero hablar contigo.
Sí, señor.
Rato después, Damián permitió que Natasha vagara por la mansión mientras hablaba con Vianey.
El guardia la vigilaba con discreción.
Natasha buscaba disimuladamente la llave del sótano, el ruido que escuchó ahí la atraía enormemente.
Mientras que en el despacho...
Platícame qué pasó con Natasha.
Ella se desapareció un rato, pero estaba dentro de la mansión.
¿Eso quiere decir que la descuidaste?, dijo Damián con tono amenazador.
Solo fui a prepararle un sándwich, dijo Vianey a modo de defensa.
Hiciste mal, hubieras entrado con ella a la cocina, ahora ya no hay remedio, pero tendrás tu castigo, una semana a pan y agua. ¡Guardia!, lleva a esta mujer al cuarto de los castigos.
Por favor, no me haga esto, ella no salió de la mansión, suplicó Vianey.
Natasha debe de ser vigilada día y noche, ¿sabes dónde estaba hoy en la madrugada?, estaba tratando de huir, si no llego a tiempo los perros la hubieran tragado.
Eso fue culpa de Salomón y Enzo, ellos cuidaban en la noche.
Y encima te quitas responsabilidades. ¡Llévatela ya!, ordenó a Salomón.
Vianey fue llevada al sótano, entre jadeos y gritos de su parte. Salomón le ordenó bajar.
Lo siento mucho, pero así son las cosas, le dijo.
Tú también tienes la culpa, ella se salió del cuarto porque tú estabas dormido al igual que Enzo.
Vamos, baja las escaleras, más tarde vengo a traerte tu ración de pan y agua, jajajaja.
¡Por favor, no me dejes aquí!, Vianey estaba toda desesperada.
Adiós, dijo Salomón, cerrando la puerta tras de sí.
Vianey estaba realmente, asustada.
Será mejor que mantengas la calma, si no quieres qie sea peor, dijo una voz apenas audible.
¡Ayyy!, Vianey gritó asustada. ¿Quién eres tú, y por qué estás aquí?
Perdón si te asusté, llevo dos semanas aquí, o eso creo, ya perdí la noción del tiempo.
¿Por qué estás aquí?
Me da vergüenza decirlo, pero me metí con Natasha, su esposo se dio cuenta, por eso estoy aquí, ¿y tú?
Yo soy Vianey, soy la doncella Natasha, la descuidé por unos minutos y el patrón me castigó a pan y agua durante una semana.
Menos mal que solo es una semana, yo no sé cuánto tiempo más estaré aquí. Quisiera saber si alguien me está buscando.
¿Por qué lo dudas?, seguro alguien te busca, dijo Vianey, dándole ánimos. Entonces, ¿tuviste relaciones sexuales con Natasha?
Ella era mi novia antes de que se comprometiera. Su mamá la obligó a casarse.
Lo siento, ahora debemos ver como salir de aquí, conozco una puerta secreta, pero tendrás que ayudarme, yo sola no puedo.
¿Cómo puedo estar seguro de que no es una trampa?, sugirió él. No te conozco.
Yo tampoco te conozco, pero confía en mí, así como yo confío en ti.
Aldair suspiró, está bien, y que sea lo que Dios quiera.
Aún no me has dicho cómo te llamas.
Aldair, dijo sin más.
Pues vamos, entonces.
Suéltame primero, ¿no?
Perdón, tienes razón.
Vianey soltó a Aldair, y ambos trataron de abrir la pesada puerta.
Parece que está sellada, dijo Aldair.
Es muy vieja, por eso se atora, pero estoy segura que con un poco de esfuerzo lo lograremos.
De nuevo lo intentaron, sin buenos resultados.
Lo siento, estoy muy débil. No he comido nada en dos semanas.
No te preocupes, descansemos un poco.
Más tarde...
Vianey, aquí está tu ración, ríndela porque ya no habrá más hasta mañana.
Salomón le dio la "comida" a través de un cuadro de la puerta.
Gracias, dijo ella.
Y todavía me agradeces, debes de estar loca de remate.
Vianey solo se encogió de hombros.
¡Bah!, dijo Salomón y cerró la pequeña puerta.
Anda, cómete este pan.
¿Y tú?, dijo él.
No te preocupes por mí.
Aldair se comió el pan, que por cierto tenía algo de relleno.
¿Quieres la mitad del agua?, dijo él.
No, gracias.
Aldair se tomó toda el agua, estaba muy sediento.
¿Crees que ya podamos abrir esa puerta?, preguntó Vianey, muy sutil.
Sí.
Lo intentaron varias veces y por fin la puerta cedió.
Rápido, huyamos, dijo Vianey, tomando de la mano a Aldair. ¿Podrás correr?, le dijo.
Lo intentaré.
Ambos huyeron sin que nadie los detuviera.
Espera, debemos sacar a Natasha de esta casa, dijo Aldair, no podía abandonar a su amor.
Por el momento no será posible, hay guardias y Damián no la va a dejar escapar. Te prometo que intentaremos sacarla, pero después. Ahorita no es posible, vámonos.
Ambos personajes se perdieron en la Inmensidad del bosque.