—¿Si pudieras volver atrás... te enamorarías otra vez de mí? —le pregunté.
Dante no respondió enseguida.
Solo me miró con esa calma que siempre lograba desarmarme.
—La verdadera pregunta, Valeria... es si tú volverías a alejarte de mí.
No contesté.
Porque los dos conocíamos la respuesta.
Mi nombre es Valeria.
Durante mucho tiempo creí que las historias de amor estaban hechas para mujeres distintas a mí. Mujeres bonitas. Seguras de sí mismas. Mujeres que no tenían que vender su cuerpo para pagar el alquiler de un pequeño apartamento en Nueva York.
Entonces apareció Dante De Luca.
Un hombre del que todos hablaban, pero al que muy pocos conocían de verdad.
Yo pensaba que él sería el mayor problema de mi vida.
Qué equivocada estaba.
Porque enamorarme de Dante fue fácil.
Lo difícil fue sobrevivir a todo lo que llegó después.
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Capítulo 13 : La deuda
...DANTE...
Mi padre solía decir que el dinero movía el mundo.
Con los años descubrí que estaba equivocado.No era el dinero.
Era la información.
Quien sabía más que los demás siempre llevaba ventaja.Por eso no me gustaban las sorpresas, y mucho menos cuando ocurrían dentro de mi territorio.
Lorenzo dejó una carpeta sobre mi escritorio. Su expresión era más seria de lo habitual.
—Tenemos un problema.
Cerré el documento que estaba revisando y levanté la vista.
—Te escucho.
—Algunos empresarios están utilizando el club de Nora para cerrar negocios que usted nunca autorizó.
Fruncí ligeramente el ceño.
—¿El club está involucrado?
—No. Todo indica que Nora no sabe nada. Aprovechan las reuniones privadas para intercambiar información y mover dinero.
Guardé silencio unos segundos antes de volver a hablar.
—¿Algo más?
Lorenzo dudó un instante.
—Uno de los políticos que asistió a la última reunión está intentando utilizar a varias chicas para obtener información de otros empresarios.
Sentí un peso desagradable instalarse en el pecho. No porque aquellas mujeres trabajaran en un club, sino porque alguien estaba utilizándolas como herramientas sin autorización.
Eso jamás terminaba bien.
Me puse de pie.
—Voy a hablar con Nora personalmente.
Lorenzo levantó la vista.
—¿Quiere que la hagamos venir?
Negué con la cabeza.
—No. Si alguien está ensuciando mi territorio, soy yo quien debe presentarse.
El club era exactamente igual que la última vez.
Las luces seguían siendo tenues, la música envolvía el ambiente y el perfume se mezclaba con el olor del licor.
Pero aquella noche no entré como cliente.
Entré como el hombre al que todos reconocían sin necesidad de anunciar su nombre.
Los guardias enderezaron la espalda apenas crucé la puerta. Los empleados dejaron de hablar. No por miedo.
Por respeto.
Nora apareció pocos segundos después.
—Señor De Luca.
Nos estrechamos la mano.
—Gracias por recibirme.
Sonrió apenas.
—Esta siempre será su casa.
Habían pasado casi diez años desde la última vez que la ayudé. Otro grupo había intentado quedarse con el club utilizando amenazas. Nora se negó. Yo también.
Desde entonces trabajaba dentro de mi territorio con una única condición: ninguna mujer sería obligada a hacer algo que no quisiera y esa regla jamás había cambiado.
—¿Podemos hablar en privado?
Ella asintió y comenzamos a caminar por el pasillo.
Fue entonces cuando una voz llamó mi atención.
No era fuerte.
Era tranquila.
Extrañamente tranquila.
—Respira, todo va a salir bien.
Giré apenas la cabeza.
En una pequeña cocina, una chica muy joven lloraba sentada frente a una taza de café. A su lado estaba Valeria.
No llevaba maquillaje.
Tampoco el vestido elegante que usaba durante el trabajo.
Vestía unos pantalones cómodos y una camiseta sencilla. Era la primera vez que la veía así.
Sin artificios.
Completamente natural.
La joven temblaba.
—No creo poder hacerlo.
Valeria tomó sus manos entre las suyas.
—No tienes que demostrarle nada a nadie.
La chica rompió a llorar.
—Tengo miedo.
Valeria le sonrió con una tristeza imposible de fingir.
—Es normal. Yo también lo tuve. Pero no lo soporté sola. Nora estuvo conmigo, las demás chicas también... y ahora nos toca estar contigo.
La muchacha levantó lentamente la mirada.
—¿Y cómo hiciste para seguir adelante?
—Un día a la vez —respondió con suavidad—. Y escuchándome siempre a mí antes que a quienes querían hacerme creer que valía menos.
Hizo una breve pausa y apretó un poco más sus manos.
—Escúchame bien. Si algún cliente te hace sentir incómoda, sales de la habitación. No importa si se enoja o cuánto dinero ofrezca. Sales. Yo voy a estar aquí y no permitiré que pases sola por esto.
La chica asintió entre lágrimas.
Valeria le acercó la taza de café.
—Bebe un poco. Te hará bien.
Permanecí inmóvil durante varios segundos.
Aquella no era la mujer que recordaba.
O, mejor dicho...
Era mucho más de lo que había imaginado.
Nora siguió la dirección de mi mirada y sonrió con discreción.
—Siempre hace eso.
La observé unos segundos antes de preguntar:
—¿Qué cosa?
—Recoger los pedazos que otros dejan.
Guardé silencio.
Mientras retomábamos el camino hacia la oficina, Nora añadió:
—No sé qué habría sido de muchas de estas chicas sin Valeria.
Entramos finalmente al despacho.
Antes de cerrar la puerta volvió a hablar.
—Tiene el corazón más bonito de todas las mujeres que trabajan aquí. Lo triste es que es la única que todavía no lo sabe.
No respondí.
Pero aquellas palabras permanecieron conmigo durante toda la reunión.
La conversación confirmó mis sospechas.
Algunos empresarios estaban utilizando el club para negocios que Nora desconocía.
Le expliqué la situación y aceptó colaborar de inmediato.
—No permitiré que utilicen este lugar para hacer daño.
Asentí.
Nunca había dudado de ella , cuando salimos de la oficina, el pasillo estaba vacío.
Valeria ya no estaba allí.
No sabía por qué, pero mi mirada la buscó por un instante.
Solo un instante.
Después seguí caminando hacia la salida.
...VALERIA...
La chica nueva dejó escapar un largo suspiro cuando terminó el café.
—Gracias.
Negué con una sonrisa.
—No tienes que agradecerme.
Ella bajó la mirada.
—Sí tengo. Nadie había sido amable conmigo desde que llegué.
Acaricié suavemente su hombro.
—Entonces prométeme una cosa.
Me observó con atención.
—¿Cuál?
—Que nunca vas a creer que mereces menos de lo que vales.
Sus ojos volvieron a humedecerse.
—Lo intentaré.
Sonreí.
—Con eso basta.
Me puse de pie para llevar las tazas al fregadero.
Fue entonces cuando lo vi.
Dante De Luca salía de la oficina de Nora.
Mi corazón dio un vuelco.
Llevaba el mismo porte elegante de siempre.El mismo traje impecable por un instante pensé que no me había visto. Pero entonces levantó ligeramente la cabeza.
Nuestros ojos se encontraron.
No sonrió.
No se acercó.
Solo hizo un leve movimiento con la cabeza.
Un saludo breve.
Respetuoso.
El mismo que habría dedicado a cualquier otra persona y aun así... Sentí que el corazón volvía a latirme con fuerza.
Respondí al saludo de la misma manera.
Él continuó caminando hasta desaparecer por la puerta principal permanecí inmóvil durante varios segundos.
La chica nueva se acercó despacio.
—¿Lo conoces?
Aparté la mirada de la entrada y sonreí con una ternura que ni yo misma comprendía.
—No. La verdad es que no.
Guardé silencio unos instantes antes de bajar la vista.
—Y quizá... ese sea precisamente el problema.