Keile después de cometer muchos errores y ganarse el odio de su enigma tuvo que ver como la vida se le escapaba a la persona que más amo , no solo lo vio morir el fue su verdugo y vivió cada día en el arrepiento pero ahora el destino a decido darle una oportunidad volviendo al momento antes de que la luz de su egnima fuese apaga¿cometerá keile los mismo errores de su vida pasada?
NovelToon tiene autorización de feliannys Jiménez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
El Vals de las Esencias
Caminar por este salón siempre me había parecido un ejercicio de aburrimiento absoluto. El aire estaba saturado; no por los perfumes caros de los humanos, sino por el choque violento de jerarquías. Alfas intentando marcar territorio con aromas a cuero y tabaco, Omegas destilando dulzura para suavizar la tensión... una cacofonía de feromonas que normalmente yo lograba silenciar con solo entrar.
Mi esencia de Enigma era mi mejor arma: ese aroma a lluvia en una tormenta mezclado con la profundidad del bosque. Era relajante para quienes yo quería someter, pero indescifrable y aterrador para quienes osaban desafiarme.
Entonces lo vi. Keile estaba allí, con ese uniforme impecable que siempre me había divertido ensuciar con mis juegos. acercarme a él era como entrar en una cámara frigorífica; su aroma a metal frío y eucalipto era rígido, defensivo, casi asustado de su propia naturaleza. Me encantaba ver cómo se tensaba cuando mi tormenta envolvía su menta helada.
Pero hoy... hoy el aire cambió antes de que yo siquiera abriera la boca.
Me acerqué con mi habitual sonrisa de suficiencia, listo para lanzarle una de mis pullas y ver cómo se refugiaba en su manual de conducta.
—Soldadito... —ronroneé, dejando que mi esencia de bosque mojado se deslizara hacia él como una hiedra—. Hoy pareces una estatua de hielo. ¿Te han pulido demasiado el uniforme o es que tienes miedo de que mi tormenta termine por oxidar tu preciado metal?
Inhalé profundamente, esperando el habitual retroceso. Pero Keile no se movió. No hubo rastro de la duda que recordaba de él.
De repente, su aroma a metal y eucalipto se expandió con una potencia que me golpeó el pecho. Ya no era un muro defensivo; era una red de acero que se cerraba sobre mí. Era un frío que no quemaba, sino que reclamaba. El eucalipto se volvió tan penetrante que sentí cómo se filtraba por mis pulmones, obligando a mi lobo a levantar las orejas.
—La lluvia no oxida el acero de calidad, Brayan —respondió él. Su voz no era la de un oficial dando una orden, sino la de un Alfa que ha decidido dejar de pedir permiso—. Al contrario, lo limpia.
Dio un paso hacia adelante. Uno solo. Fue suficiente para que mi aroma a tormenta quedara atrapado entre su pecho y el mío. Estaba tan cerca que podía sentir el metal frío de su presencia vibrando contra mi propia piel. esperaba que él mirar hacia otro lado; en cambio, me sostenía la mirada con una intensidad que me hizo tragar saliva.
—Tu tormenta es fascinante —me susurró al oído, y su aliento mentolado me causó un escalofrío que no pude controlar—. Pero esta noche no me voy a limitar a verla desde lejos. Voy a entrar directamente en el ojo del huracán para ver qué es lo que realmente escondes tras tanto misterio.
Mi corazón martilleó contra mis costillas. Mi lobo, que siempre había visto a Keile como un juguete para pasar el rato, soltó un gruñido bajo de confusión y... ¿reconocimiento? No podía ser. Se supone que yo era el que jugaba. Se supone que yo era el que lo desarmaba a él.
—Cuidado, Alfa —logré decir, aunque mi aroma a bosque se volvió más denso, tratando desesperadamente de recuperar el control de mi propio espacio—. No querrás perderte en el bosque. Hay cosas allí que ni siquiera un soldado con tu entrenamiento sabría manejar.
—Entonces enséñame —me desafió, extendiendo su mano enguantada hacia mí.
Miré su mano y luego sus ojos. Ya no había un "Soldadito" frente a mí. Había un hombre que parecía haber vivido mil vidas y que no tenía miedo de perder la única que le quedaba. Mi orgullo de Enigma me gritaba que me diera la vuelta, pero mi instinto... mi instinto estaba fascinado por el frío de ese metal que ahora me invitaba a arder.
(Brayan egnima 25años)