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La Extra Y El Demonio.

La Extra Y El Demonio.

Status: Terminada
Genre:Demonios / Reencarnación / Fantasía épica / Completas
Popularitas:5.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

En una era de antiguos reinos y secretos ancestrales, Astrid D'Avalon, heredera de un linaje con profundos lazos con lo místico, se encuentra en el umbral de un destino marcado por la reencarnación. Tras una muerte injusta, su alma renace en un mundo donde las sombras danzan y los demonios tejen intrigas. Decidida a reescribir su final y el de quienes la rodean, Astrid busca una vida alejada de las complicaciones que una vez la atraparon.

Sin embargo, el destino tiene otros planes. Su camino se cruza con el enigmático Mason Dryad, un ser con un poder formidable y un pasado envuelto en misterio

NovelToon tiene autorización de Leydis Ochoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10

En una isla remota, envuelta en niebla, vivía Nimue, una hechicera de poder inmenso, cuya conexión con la magia antigua era inquebrantable.

El mar que rodeaba la Isla de las Brumas no se parecía a ningún otro que Astrid hubiera visto. No había olas, solo una superficie de mercurio líquido que reflejaba un cielo perpetuamente gris. La niebla era tan densa que Mason, Faelan y ella apenas podían verse las manos frente a sus rostros. No había sonido de aves, ni el crujido de la madera del bote; solo el latido sordo de su propio corazón, que Astrid sentía como un tambor de guerra en sus oídos.

—No te alejes de mí, Astrid —la voz de Mason cortó la bruma. No era una orden, sino una advertencia cargada de una extraña urgencia—. Esta niebla no es agua evaporada. Son los pensamientos de los que murieron intentando encontrar este lugar. Si dejas que se filtren en tu mente, te perderás antes de que toquemos tierra.

Astrid apretó el borde del bote, sus nudillos blancos por el esfuerzo.

—¿Cómo puede alguien vivir así? —susurró ella. El frío de la niebla se sentía como dedos invisibles acariciando su nuca—. Es como estar muerta antes de tiempo.

Faelan, en la proa, mantenía su lanza sumergida en el agua, usándola como un sensor mágico.

—Nimue no vive aquí por elección, sino por necesidad —explicó el guardián sin volverse—. Ella es el ancla que impide que este plano se disuelva en el caos. Para ella, nosotros somos solo mosquitos zumbando en su ventana.

De repente, el bote golpeó algo sólido. No era arena, sino una superficie lisa y tibia, como hueso pulido. Al bajar, Astrid descubrió que la isla no tenía tierra, sino que estaba hecha de un cristal opaco que vibraba bajo sus pies. A medida que avanzaban, la niebla empezó a arremolinarse, formando figuras que se disolvían apenas intentaban enfocarlas. Vio el rostro de su madre, el de Cedric con su espada ensangrentada, y luego una imagen de sí misma, vestida de blanco, cayendo en una oscuridad infinita.

—¡Basta! —gritó Astrid, cerrando los ojos con fuerza.

—Abre los ojos, pequeña alma viajera. El pasado no tiene dientes aquí, a menos que tú decidas dárselos.

La voz era melodiosa, pero tenía el peso de las eras. Frente a ellos, la niebla se abrió para revelar una estructura que desafiaba la lógica: una torre de cristal que parecía crecer de la tierra como un árbol, cuyas ramas se entrelazaban con las nubes. En la base, sentada en un trono de agua congelada, estaba Nimue.

Su apariencia era la de una mujer joven, pero sus ojos eran de un color violeta tan intenso que parecían galaxias en miniatura. Vestía una túnica de hilos de plata que se movía como si tuviera vida propia. A su lado, el aire mismo parecía chisporrotear con una energía que hacía que el cabello de Astrid se erizara.

—Nimue —dijo Mason, dando un paso adelante. No hizo ninguna reverencia; en su lugar, su aura oscura se expandió ligeramente, como si estuviera marcando su territorio—. Hemos venido por el conocimiento del ritual. Los sellos se están rompiendo y Balin tiene el Anclaje de Eterio.

Nimue se puso de pie, y el suelo de la isla vibró con su movimiento. Se acercó a Astrid, ignorando por completo a los hombres. Su mano, fría y suave, se posó en la mejilla de la joven.

—Así que tú eres la que ha vuelto —murmuró Nimue. Sus ojos recorrieron a Astrid, no con curiosidad, sino con una tristeza profunda—. Tu alma tiene tantas cicatrices... algunas son nuevas, otras son tan viejas que este mundo aún no existía cuando se formaron. ¿Sabes lo que eres, niña?

—Sé lo que todos dicen que soy —respondió Astrid, su voz temblando por la intensidad de la conexión—. Un puente, una mística, una reencarnada. Pero yo solo me siento como alguien que no pertenece a ningún lugar.

Nimue sonrió, una expresión carente de alegría. —La pertenencia es una ilusión de los mortales. Tú eres un catalizador. Y el ritual que buscas, el que despertará al Kraken y purificará la sombra, requiere algo más que magia y voluntad.

Faelan se adelantó. —Tenemos los mapas de los enanos. Sabemos qué hacer.

—Sabéis el *cómo*, pero no el *precio* —lo interrumpió Nimue, volviéndose hacia ellos con una gravedad que heló la sangre de Astrid—. La magia del Kraken es absoluta. No se puede despertar con simples palabras. Para que la Bestia de la Marea escuche tu llamado y se convierta en tu arma, debes ofrecer un pago que sea igual a su inmensidad.

—¿Oro? ¿Sangre? —preguntó Astrid, aunque ya sabía que la respuesta sería mucho peor.

Nimue negó con la cabeza, su mirada fija en los ojos de Astrid. —El ritual exige el sacrificio de un fragmento del alma. No de cualquier fragmento, sino de aquel que contiene tu capacidad de sentir una emoción específica. Puedes elegir perder tu capacidad de amar, de sentir miedo o de recordar tu hogar original. Pero una vez que lo entregues, ese vacío nunca se llenará. Serás poderosa, Astrid D'Avalon, pero serás menos humana.

El silencio que siguió fue absoluto. Astrid miró a Mason. El demonio, que siempre tenía una respuesta cínica o un desplante de poder, estaba extrañamente callado. Sus ojos ámbar brillaban con una angustia que no podía ocultar del todo.

—No —dijo Mason finalmente, su voz como un trueno bajo—. Ese precio es demasiado alto.

—Es el único precio —sentenció Nimue, desapareciendo entre la niebla mientras su voz seguía resonando en el aire—. Pensadlo bien. El mundo puede salvarse, pero ¿valdrá la pena si la mujer que lo salva se convierte en una cáscara vacía?

Nimue les advirtió que el ritual que buscaban tenía un precio terrible: el sacrificio de un fragmento del alma.

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Adrianis López
Que protagonista tan inútil y ridícula
Lelu 🇺🇾
maravillosa!!! 🥰🥰🥰 historia fantástica!! 👏👏 Redacción y ortografía impecables!! 😁 agradezco infinitamente el haber compartido tu trabajo 🥰🥰😍
Lelu 🇺🇾
🤣🤣🤣🤣🤣🤣 pobre Astrid!!! De Guate-mala a Guate-peor🤣🤣🤣🤣
Mónica Aulet
Que quería que los dejara vivos para tomar el té? todavía que la salva se queja porque los mato a todos
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