NovelToon NovelToon
La Promesa Del Brujo

La Promesa Del Brujo

Status: Terminada
Genre:Reencarnación / Reencarnación(época moderna) / Pareja destinada / Brujas / Amor en la guerra / Familias enemistadas / Completas
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Estefaniavv

Ella no recuerda nada. Él no puede olvidar. Atados por una maldición que los obliga a renacer para perderse, Rose y Dagmar se encuentran de nuevo en el siglo XXI. Él es un brujo que desafía las leyes de la magia; ella, una estudiante de arte que ignora su pasado real. ¿Podrá esta vez, Dagmar cambiar el destino?

NovelToon tiene autorización de Estefaniavv para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10: Cumpleaños Leslie.

Clarisa me miró con fijeza.

—Solo si hubo contacto. Solo si se tocaron piel con piel. En ese momento, la marca se activa y la cuenta regresiva comienza. ¿Ya pasó, Rose? ¿Te ha tocado?

Recordé la meticulosidad de Dagmar al ponerme la cadena. Cómo había evitado rozarme. Cómo siempre mantenía una distancia de seguridad.

—No... nunca me ha tocado. Ni siquiera la mano.

Ambas tías soltaron un suspiro de alivio simultáneo, pero yo seguía incrédula.

—Tías, esto me sobrepasa. Siento que estoy en un programa de televisión y que en cualquier momento saldrán las cámaras a decirme que es una broma.

—Cariño —dijo Clarisa suavemente—, una pregunta: ¿tus pesadillas empezaron el mismo día que conociste a Dagmar?

Me detuve en seco. Hice memoria. Los sueños de los bosques, las ejecuciones, los vestidos largos...

—Sí... el mismo día.

—¿Y no sueñas siempre algo similar, pero en distintas épocas?

—Sí —admití en un susurro.

—¿Todavía no crees, ni un poco?

Miré a mi alrededor. Mi casa, mis tías, mi vida. Todo parecía igual, pero ahora tenía un tinte amenazador.

—No es que no quiera creerles, pero me están hablando de brujos, cazadores y reencarnaciones en un mundo que yo creía regido por la ciencia y la lógica. Es demasiado... me parece una locura.

Egle se levantó y me puso una mano en el hombro.

—Mejor duerme, descansa. Solo te pedimos precaución. Si fuera por nosotras, mañana mismo desapareceríamos de su vista. Nos mudaríamos a otro país si fuera necesario.

El pánico me invadió ante la idea de huir de nuevo.

—Tías, no me pidan eso. Estoy en mi último año de carrera, tengo mi vida aquí, mis amigos... a Leslie. No puedo simplemente borrarme. Trataré de pensar en todo esto, se los prometo, pero no me presionen. Y por favor... no hablemos de marcharnos todavía.

Subí a mi habitación tropezando con mis propios pies. Me dejé caer en la cama sin encender la luz. La cadena plateada emitía un calor tenue contra mi pecho, casi como un latido. Cerré los ojos y, por primera vez, no tuve miedo de dormir, sino de despertar en un mundo donde la filosofía ya no tenía las respuestas, y donde el hombre que me esperaba en la cafetería era, literalmente, mi perdición eterna.

La mañana siguiente nació teñida de un gris plomizo, como si el cielo mismo compartiera la pesadez que se había instalado en mi pecho. Salí de casa mucho antes de que el aroma del café de la tía Clarisa inundara la cocina o que los pasos rítmicos de la tía Egle anunciaran el inicio de sus advertencias matutinas. No tenía la fortaleza mental para enfrentarlas; sus palabras de la noche anterior seguían martilleando en mi cabeza como un eco persistente: linajes, brujos, cazadores, reencarnación. Caminé hacia la universidad sintiendo que el mundo que conocía se había vuelto bidimensional, una escenografía de cartón piedra que amenazaba con derrumbarse. Al llegar al aula de Filosofía, me desplomé en mi asiento habitual. Mis dedos acariciaron inconscientemente la cadena que Dagmar me había regalado, oculta bajo mi suéter. ¿Era posible que mi vida fuera una repetición infinita? ¿Que este rostro que veía en el espejo hubiera pertenecido a muchas mujeres antes que a mí, todas condenadas al mismo trágico final? Como estudiante de la razón, mi instinto era descartarlo todo como un delirio colectivo de mi familia, pero los sueños... esos sueños eran demasiado vívidos para ser solo fantasía.

—¡Amiga! ¿En qué galaxia estás perdida hoy?

La voz vibrante de Leslie rompió mi trance. Se sentó a mi lado con esa energía cinética que siempre parecía mover el aire a su alrededor.

—Hola, Leslie —respondí, forzando una sonrisa—. Solo... pensando en la clase.

—Sí, claro, y yo soy la reencarnación de Aristóteles —bromeó ella, clavando sus ojos curiosos en los míos—. ¿Cómo terminó tu noche de cumpleaños? ¿Tus tías dejaron vivo al hombre misterioso o tuvimos que llamar a una ambulancia para Dagmar?

—Qué cosas dices... —solté una risa nerviosa—. Todo bien. Se marchó enseguida. Mis tías son... protectoras, ya sabes.

Leslie se encogió de hombros, restándole importancia, y sus ojos brillaron con una nueva emoción.

—Bueno, ayer fue tu día, pero hoy es el mío. ¡Semanas patronales! Capricornio y Acuario dominando el mundo, aunque seamos polos opuestos. ¿Irás a mi fiesta esta noche, cierto? No acepto un "no" por respuesta, ni siquiera si viene con una cita de Nietzsche.

—Claro que iré, Leslie. Jamás me lo perdería. De hecho... te traje un obsequio.

Saqué de mi bolso una bolsa de regalo cuidadosamente preparada. Dentro había un vestido de seda esmeralda que ella había estado codiciando en un escaparate del centro durante meses. Al verlo, soltó un grito ahogado que hizo que un par de compañeros se giraran a mirarnos.

—¡Rose! No debiste... ¡es precioso! —me lanzó un abrazo asfixiante y llenó mi cara de besos ruidosos—. Eres la persona más detallista del planeta. Sabías que me encantaba, ¿verdad?

—Te lo mereces, amiga. Eres mi única conexión con la realidad —le dije con una sinceridad que ella no podía comprender del todo.

—Te quiero, loca. Bueno, debo correr a mi otra clase, pero te espero a las nueve en mi casa. ¡Ponte guapa! —se despidió con un gesto rápido antes de desaparecer por el pasillo.

El resto del día fue un suplicio. Mi mente no estaba en los textos de ética ni en los seminarios. Mis ojos buscaban constantemente una figura alta y oscura entre la multitud del campus, pero Dagmar no apareció. Fui a nuestra cafetería habitual después de clases, esperando encontrarlo allí, apoyado contra la pared con su mirada indescifrable, pero el lugar se sentía vacío. Su ausencia me inquietaba más que su presencia; era como si el aire hubiera perdido presión.

A las seis de la tarde, regresé a casa. El ambiente era denso, cargado de esa sobreprotección que ahora entendía como miedo puro.

—Tías, ya llegué... —anuncié al entrar.

Clarisa y Egle aparecieron casi al instante, como si hubieran estado montando guardia detrás de la puerta.

—Hola, cariño... —saludó Clarisa, escrutando mi rostro en busca de alguna señal de "despertar"—. ¿Cómo te has sentido hoy? Después de... bueno, de todo lo de ayer.

—Honestamente, sigo confundida —admití, dejando mi bolso sobre la mesa—. ¿Qué se supone que haga con esta información? ¿Cuál es mi futuro? ¿Vivir escondiéndome como lo han hecho ustedes conmigo toda la vida? ¿Esa es la única opción?

Egle se cruzó de brazos, su expresión endurecida por siglos de precaución heredada.

1
Laura Diaz
excelente historia
Estefaniavv: Qué bueno que le gustó 🩵🩵
total 1 replies
Estefaniavv
♥️
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play