de una casualidad paso a una historia completa
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capítulo 10
Los siguientes meses, Camila, Martín y Luna trabajaron en la organización del campamento de verano. Llamaron a "Campamento Estrella", y lo diseñaron para niños de 10 a 14 años —mitad de la ciudad y mitad del poblado de la selva.
El día de la llegada, los niños de la ciudad llegaron en autobús a la selva, emocionados y curiosos. Los niños del poblado los esperaban en el centro del pueblo, con música y flores. Luna fue la primera en recibirles, y les presentó a sus amigos.
Durante los dos semanas del campamento, los niños vivieron experiencias increíbles. Juan y sus amigos les enseñaron a pescar en el río, a recolectar frutas comestibles, a construir refugios con ramas. Camila les enseñó a dibujar y a diseñar carteles sobre la naturaleza. Martín les enseñó a medir y a construir pequeñas estructuras con materiales ecológicos.
Una tarde, organizaron una excursión a la cascada donde Martín le había pedido matrimonio a Camila. Los niños nadaron en el agua clara, jugaron y se rieron. Luna se sentó en la roca con dos de sus amigos —uno de la ciudad y uno del poblado— y les contó la historia de sus padres.
—Mi papá le pidió matrimonio a mi mamá aquí —dijo ella, señalando la roca. —Y desde entonces, la estrella que los unió también nos une a todos nosotros.
Sus amigos miraron hacia el cielo, y vieron la estrella brillando a lo lejos.
—Es verdad —dijo el niño de la ciudad. —Se ve muy clara.
—Mi abuelo dice que esa estrella es la guardiana de la selva —dijo el niño del poblado. —Que cuida de nosotros todos los dias .
Mientras hablaban, Camila y Martín se acercaron a ellos. Martín cogió a Luna en sus brazos, y dijo:
—Esta estrella no solo cuida de la selva, sino de todos los que aman la naturaleza y se ayudan mutuamente.
Al final del campamento, los niños se despidieron con lágrimas en los ojos. Habían hecho amistades que durarían toda la vida, y habían aprendido la importancia de la naturaleza, la solidaridad y el amor.
Los niños de la ciudad prometieron volver al año siguiente, y los niños del poblado prometieron visitarlos en la ciudad. Luna se abrazó a sus amigos, y les dio un dibujo que había hecho para cada uno —un dibujo de la cascada con la estrella brillando en el cielo.
Un año después del primer campamento de verano, "Campamento Estrella" se había convertido en un programa anual. Habían recibido apoyo de gobiernos y organizaciones internacionales, y podían aceptar más niños cada año.
La fundación "Estrella de la Selva" había expandido sus proyectos —ahora tenían programas de reforestación, de educación ambiental en escuelas de todo el país y de apoyo a mujeres de comunidades rurales. Camila había diseñado una línea de libros infantiles sobre la naturaleza, y Martín había diseñado varios centros comunitarios ecológicos en diferentes partes del país.
Luna ya tenía trece años, y era la portavoz juvenil de la fundación. Había hablado en conferencias en la capital del pais, y tambien capitales de los países vecinos como, Buenos Aires y São Paulo, contando su historia y animando a los jóvenes a proteger la naturaleza.
Una mañana de septiembre, Camila y Martín recibieron una llamada de una organización internacional de protección ambiental. Querían nombrarlos "Embajadores de la Naturaleza" para América Latina, y pedían que hablaran en una conferencia en Nueva York.
—¿De verdad? —preguntó Camila, con emoción. —Nueva York?
—Sí —dijo la voz del teléfono. —Queremos que compartan su historia, su trabajo con la fundación y el campamento de verano. Los jóvenes de todo el mundo necesitan escuchar su mensaje.
Camila y Martín miraron a Luna, que había escuchado la conversación.
—¿Podré ir con ustedes? —preguntó ella, con los ojos brillantes.
—Claro que sí, mi amor —dijo Martín. —Eres parte fundamental de todo esto.
Al mes siguiente, los tres viajaron a Nueva York. La conferencia se llevó a cabo en un centro grande, con jóvenes de todo el mundo. Camila habló de su trabajo como diseñadora, de cómo usó su creatividad para difundir la causa. Martín habló de su trabajo como arquitecto, de cómo diseñar estructuras sostenibles. Luna habló de su experiencia en la selva, del campamento de verano y de la importancia de que los jóvenes tomen acción.
Su discurso fue recibido con aplausos y vítores. Muchos jóvenes se acercaron a ellos después de la conferencia, para decirles que querían ayudar, que querían crear sus propias fundaciones o sus propios campamentos.
Una tarde, mientras caminaban por Central Park, Luna le dijo a sus padres:
—Mamá, papá, nunca imaginé que nuestra estrella llegaría hasta Nueva York.
—La estrella nos acompaña a donde vayamos, mi amor —dijo Camila. —Porque el amor que nos une no tiene límites.
Martín cogió la mano de Camila y la de Luna, y miró hacia el cielo. Aunque estaba de día, podían ver la estrella que los unía, brillando clara y fuerte.
—Siempre juntos —dijo él. —Por siempre y para siempre.
Y así, en medio de la gran ciudad de Nueva York, con la estrella brillando en el cielo y el amor que los unía, Camila, Martín y Luna empezaron un nuevo camino —un camino lleno de nuevos horizontes, de sueños que cumplir y de un mensaje de amor y esperanza que llevarían a todo el mundo.
Después de la conferencia en Nueva York, los tres volvieron al país. Estaban emocionados por los nuevos proyectos que venían, pero también extrañaban la selva, Juan y la gente del poblado.
Un fin de semana, decidieron ir a visitar. Cuando llegaron, Juan les esperaba con los brazos abiertos, y la gente del poblado les dio la bienvenida con música y comida.
Durante el día, caminaron por la selva, y vieron cómo había crecido el centro de educación, cómo los árboles plantados en el programa de reforestación estaban creciendo, cómo la vida del poblado había mejorado.
Por la noche, se sentaron alrededor de un fuego, con Juan y su familia. Luna le contó a los niños sobre su viaje a Nueva York, sobre la conferencia y los jóvenes que habían conocido.
—Todos quieren ayudar a proteger la naturaleza —dijo ella. —Quieren crear sus propios campamentos, sus propias fundaciones.
Juan sonrió. —Eso es lo que queríamos, Luna. Que el mensaje de la selva llegue a todo el mundo.
Martín le dijo a Juan sobre los nuevos proyectos de la fundación —querían expandir el campamento de verano a otros países de América Latina, y crear una red de jóvenes protectores de la naturaleza.
—Necesitamos tu ayuda, Juan —dijo él. —Tu experiencia, tu sabiduría... eres fundamental para esto.
—Claro que sí, amigo —dijo Juan. —Siempre estaré aquí para ayudar.
Camila miró a su familia, a Juan y a la gente del poblado, y se sintió llena de gratitud. Habían empezado con un encuentro en medio de la lluvia en la cuidad y ahora su amor y su trabajo habían llegado a todo el mundo.
—Recuerdas el día que te encontré en la lluvia? —le dijo a Martín, susurrando.
—Claro que recuerdo —respondió él, besándola en la frente. —El día que empezó todo.
—Y nunca se acabará —dijo ella. —Porque la estrella que nos unió seguirá brillando, y nuestro amor seguirá creciendo.
Mientras hablaban, Luna se acercó a ellos y se acurrucó entre ellos. Miraron hacia el cielo, donde la estrella brillaba más clara que nunca, y sabían que su viaje estaba apenas empezando —un viaje lleno de amor, esperanza y un propósito que cumplir juntos, por siempre y para siempre.