TEMPORADA 2 DE LA NOVELA "LA VIDA CON HOMBRES BESTIAS ES MUY CANDENTE".
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CAPÍTULO 10
Entonces el árbol habló nuevamente.
—Niña… ¿a quién ofendiste?
—¿Eh? —respondí sin entender—. ¿A quién ofendí?
La rama del árbol cayó pesadamente hacia un lado, como si el propio anciano estuviera abrumado.
—Tú has sido maldecida —dijo con gravedad—. Y no por un solo dios… sino por dos dioses.
Mis pensamientos se detuvieron.
¿Dos… dioses?
—Y eso no es todo… —continuó el árbol con un tono aún más serio.
Sentí un frío recorrer mi espalda.
—En tu alma… está creciendo una existencia muy aterradora.
Sus ojos de luz parecían observar algo profundo dentro de mí.
—Si no sabes cómo manejarla en el futuro… cuando esa existencia nazca…
Hubo un silencio pesado.
—Entonces destruirá tu alma.
Sus palabras cayeron sobre mí como un rayo.
Mi mente quedó en blanco.
¿Cómo era posible?
¿Cómo podría estar maldecida por un dios… y mucho menos por dos?
Todo era demasiado confuso.
Y aun así… las palabras del árbol resonaban en mi cabeza.
Dentro de mi alma…
¿Algo estaba creciendo?
La revelación me golpeó con tanta fuerza que por un momento no supe cómo reaccionar.
Entonces el árbol habló nuevamente, con un tono más grave, como si cada palabra pesara siglos.
—Ve con el dios que te maldijo —dijo lentamente—. Él, como padre del niño, podrá ayudarte para que nazca.
Mis pensamientos se detuvieron.
¿Padre del niño?
¿Tengo… otro hijo?
¿Un Dios?
¿Cuándo me involucré con un dios?
Mi mente comenzó a correr en todas direcciones.
¿Se refería a Rowan Ashford?
Pero no… eso no tenía sentido.
Rowan no era un dios.
Mientras intentaba ordenar mis pensamientos, el árbol volvió a hablar.
—Aunque ahora que el mundo de los dioses ya no existe, puede que te resulte más difícil encontrarlo… —dijo con tono pensativo—. Si es que no desapareció junto con ese mundo.
Entonces Rowan quedó completamente descartado.
No era él.
Pero si no era Rowan…
¿Entonces quién?
Yo no recordaba haber estado con ningún otro hombre.
En ese momento, un recuerdo cruzó por mi mente.
El momento en que desperté en el bosque del coto de caza.
Estaba vestida con ropas elegantes… pero extrañas.
Ropas que no recordaba haber usado antes.
Y lo más extraño de todo…
No pude invocar mi espada.
Algo que jamás me había pasado.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo.
¿Qué estaba pasando?
Sentía… como si me faltara algo.
Como si una parte de mis recuerdos hubiera sido arrancada.
El árbol habló nuevamente, como si hubiera notado mi confusión.
—Niña… no te preocupes por eso ahora.
Su voz se suavizó un poco.
—El niño que llevas en tu alma no nacerá pronto.
Mis ojos se abrieron.
—Está en un sueño muy profundo —continuó el árbol—. No despertará dentro de miles de años… a menos que encuentres a su padre. Él podría ayudar a su hijo a curarse.
—¿Curarse…? —murmuré sin entender.
—Ese niño usó su energía de forma excesiva para protegerse —explicó el árbol—. En un momento de gran peligro. Un peligro que no solo lo amenazaba a él… sino también a ti.
Un silencio pesado llenó el aire.
Luego el árbol añadió algo que me dejó helada.
—Tal vez… intentaste abortarlo inconscientemente.
Sentí como si el suelo desapareciera bajo mis pies.
—Yo… no sé nada… —dije finalmente, con evidente confusión.
Mi mente estaba hecha un caos.
Entonces el árbol habló una vez más.
—Está bien, niña… ya te lo dije.
Sus ojos de luz brillaron con gravedad.
—Fuiste maldecida.
Las hojas del árbol se movieron suavemente con el viento.
—Una de esas maldiciones se llama “Olvido del Amor”.
Mi corazón dio un vuelco.
—Y la otra…
El árbol guardó silencio por un instante.
Sus ramas se tensaron ligeramente.
—La otra… ni siquiera me atrevo a mencionarla.
La luz en sus ojos pareció oscurecerse.
—Es… demasiado aterradora.
Aethon permaneció en silencio todo ese tiempo.
No interrumpió al árbol ni una sola vez.
Ahora Aelina Moonveil ya no estaba en sus brazos.
Era el propio Árbol del Mundo quien la sostenía suavemente con una de sus grandes ramas, manteniéndola suspendida mientras ella sujetaba la cesta donde dormían sus pequeños.
La luz turquesa del árbol iluminaba la escena con un brillo antiguo y misterioso.
Desde fuera, Aethon Sylvariel parecía completamente tranquilo.
Pero dentro de su mente… muchas preguntas comenzaban a surgir.
Demasiadas.
La revelación del árbol no solo lo había sorprendido… lo había sacudido profundamente.
¿Dos dioses?
¿Una maldición?
¿Un niño creciendo dentro del alma de Aelina?
Sus ojos verdes se oscurecieron ligeramente mientras observaba el rostro confundido de Aelina Moonveil, suspendida entre las ramas del árbol.
Entonces un pensamiento apareció con claridad en su mente.
Uno que no podía ignorar.
Aelina…
¿Con quién exactamente te involucraste?
La idea de que hubiera existido alguien más en sno pensaba dejar que lo enfrentara sola.u vida… alguien lo suficientemente poderoso como para ser un dios… hizo que algo dentro de su pecho se tensara.
Pero Aethon no dijo nada.
No era el momento.
Solo observó con atención.
Porque en ese instante comprendía algo con absoluta claridad.
Sea quien fuera ese dios…
sea cual fuera el pasado que Aelina había olvidado…
él no pensaba dejar que lo enfrentara sola.
Entonces el árbol habló nuevamente, con su voz antigua que resonaba como el viento entre montañas.
—Niña… sobre el colgante no sé nada.
Sus ramas se movieron lentamente.
—Si quieres saber la verdad sobre ese colgante… tendrás que encontrar la forma de encontrar a ese dios.
Hizo una pequeña pausa, como si midiera sus palabras.
—Pero eso te llevará mucho tiempo. Ten paciencia… y perseverancia.
Sus ojos de luz se suavizaron un poco.
—Por ahora, concéntrate en cuidar a tus dos pequeños.
Entonces una de sus grandes ramas descendió lentamente.
La punta de la rama se acercó a la cesta donde dormían mis cachorros.
La rama tocó suavemente a los pequeños… y se retiró casi de inmediato.
El árbol pareció quedarse pensativo por un momento.
—Tú, niña… —murmuró con sorpresa—. Estás llena de sorpresas.
Luego volvió a observar a los bebés.
—Estos niños… por su sangre corre la sangre del Dios de la Vida… o más bien… una diminuta cantidad.