Es una historia de un matrimonio por contrato entre un CEO frío y una mujer que acepta casarse por necesidad. Lo que empieza como un acuerdo sin amor se convierte en una relación intensa donde ambos terminan enamorándose, pero deben enfrentar traiciones, separación y pérdida de memoria que ponen a prueba su relación.
NovelToon tiene autorización de Adri pacheco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capitulo 4
🖤 Capítulo 4 — Reglas sin sentimientos
La puerta se cerró detrás de Elena con un sonido suave.
Demasiado suave para lo que significaba.
Dejó su bolso sobre la cama sin mirar realmente la habitación. No porque no fuera impresionante… sino porque no podía sentir nada al respecto.
Era grande.
Elegante.
Perfecta.
Fría.
Como todo en esa casa.
Las paredes claras, los muebles impecables, la cama enorme… todo parecía sacado de una revista. Pero no había vida. No había calor. No había nada que la hiciera sentir que ese lugar le pertenecía.
Porque no lo hacía.
Se acercó lentamente a la ventana. Desde ahí podía ver el jardín, perfectamente cuidado, iluminado con precisión. Ni una hoja fuera de lugar.
Control.
Todo en la vida de Leonardo era control.
Y ahora… ella formaba parte de eso.
Respiró hondo.
Intentando calmar el nudo en su pecho.
Pero no lo logró.
Un golpe seco en la puerta la hizo girar.
—Adelante.
La puerta se abrió sin esperar demasiado.
Leonardo.
De pie.
Impecable.
Intocable.
Sus ojos recorrieron la habitación… y luego a ella.
Sin detenerse.
Sin cambiar.
—Vamos a dejar algo claro desde el principio.
No hubo saludo.
No hubo transición.
Solo… reglas.
Elena se enderezó levemente.
—Te escucho.
Él entró un par de pasos, lo suficiente para dominar el espacio sin necesidad de acercarse demasiado.
—Esto no es un matrimonio.
Otra vez.
Directo.
—Lo sé.
—No me interrumpas.
Elena apretó los labios.
Asintió.
—En público —continuó—, vas a ser mi esposa. Vas a sonreír, vas a acompañarme, vas a cumplir tu papel sin errores.
—¿Y en privado?
Él la miró.
Esa mirada…
Vacía.
—En privado, cada uno vive su vida.
Silencio.
—No entras a mi habitación.
—No tengo intención de hacerlo.
—Bien.
Su tono no cambió.
Pero algo en la forma en que la observó… fue distinto.
Como si evaluara esa respuesta.
—No haces preguntas sobre mi vida personal.
Eso dolió más de lo que debería.
Porque ya sabía lo que implicaba.
—¿Tus… relaciones?
—No te concierne.
Frío.
Seco.
Final.
Elena sostuvo su mirada.
—Entonces tampoco esperes que yo te dé explicaciones.
Hubo una pausa.
Pequeña.
Pero real.
Por primera vez… Elena no se mostró sumisa.
Y eso… no pasó desapercibido.
Leonardo ladeó apenas la cabeza.
—Mientras no afecte la imagen… no me interesa.
Era justo.
Cruelmente justo.
—Perfecto.
Silencio otra vez.
Pesado.
Denso.
—Las cenas importantes son obligatorias —agregó él—. Eventos, reuniones, viajes. Vas a estar donde tenga que estar.
—¿Y si no quiero?
La pregunta salió antes de que pudiera frenarla.
Él no dudó.
—No es opcional.
Ahí estaba.
El verdadero contrato.
No en el papel.
Sino en su voz.
Elena cruzó los brazos suavemente.
—Entonces no es tan libre como dijiste.
Leonardo dio un paso más cerca.
No mucho.
Pero suficiente para que su presencia se sintiera más fuerte.
—Tenés libertad dentro de los límites que yo establezco.
Eso…
Eso era una jaula.
Y ambos lo sabían.
Elena no respondió.
Porque no tenía sentido.
—Otra cosa —continuó él—. Mi familia.
Elena levantó la mirada.
—No les des motivos para cuestionarte.
—Tu madre ya lo hizo.
Él no reaccionó.
—Es su naturaleza.
—¿Y la tuya?
Esa pregunta quedó en el aire.
Pero él no respondió.
Porque no le interesaba.
—Mañana tenés tu primera aparición pública.
Elena frunció el ceño.
—¿Tan rápido?
—Cuanto antes, mejor.
Claro.
No había tiempo para adaptarse.
No había espacio para sentir.
Solo… cumplir.
Leonardo se giró para irse.
Como si ya hubiera terminado.
Como si ella no necesitara más explicaciones.
—Leonardo.
Él se detuvo.
No se giró.
Pero escuchó.
—¿Alguna vez pensaste en… hacerlo real?
Silencio.
Largo.
Tenso.
Pesado.
Elena no sabía por qué había preguntado eso.
Tal vez curiosidad.
Tal vez algo más.
Pero ya era tarde.
Leonardo finalmente habló.
—No.
Sin dudar.
Sin suavizar.
Sin nada.
Esa sola palabra…
Fue suficiente.
Elena sintió cómo algo dentro de ella se acomodaba.
No se rompía.
No.
Se endurecía.
—Perfecto —murmuró.
Él no respondió.
Y se fue.
La puerta se cerró otra vez.
Dejándola sola.
En esa habitación que no era suya.
En esa casa que no era un hogar.
En esa vida que no había elegido… pero que ahora le pertenecía.
Elena se dejó caer lentamente en la cama.
Miró el techo.
Y por primera vez desde que firmó…
Entendió completamente en qué se había metido.
No era solo un contrato.
No era solo un sacrificio.
Era una vida entera…
Donde iba a tener que aprender a existir…
Sin ser vista.
Sin ser tocada.
Sin ser amada.
Y lo peor de todo…
Era que tenía que acostumbrarse.