Raeliana fue despojada de la mansión murió sabiendo que fue utilizada.. despierta en el pasado, con todos sus recuerdos intactos y una sola meta: no volver a casarse con el conde que la llevó a la muerte. Esta vez, antes de que el palacio la destruya, ella cambiará el destino…
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demasiado cerca
Él apoyó la barbilla sobre su cabeza.
—Me molestó… más de lo que debería.
Su voz era baja.
Ella tardó un segundo en reaccionar.
Entonces miró alrededor.
—Esta no es mi habitación.
Se tensó.
Bajó la vista hacia su ropa.
Un camisón.
Esto… no lo tenía anoche.
Levantó la mirada de golpe.
Lo miró de golpe.
—¿Qué me hizo?
Una ceja de Noah se arqueó apenas.
—¿Qué cree que hice?
Se incorporó de inmediato, retrocediendo hasta el borde de la cama.
—Yo no—Se enredó con las sábanas.
Él se sentó también. Sin camisa. Solo pantalones.
Músculos marcados. Piel pálida.
No mires. No mires. No—
Miró.
Desvió la vista de golpe, roja hasta las orejas.
Noah la observó con un brillo divertido.
—Nada ocurrió. Se durmió en el camino.
Se levantó, caminó hacia ella y, antes de que pudiera reaccionar, la alzó en brazos.
Raeliana soltó un pequeño jadeo.
—¡Su excelencia—!
—Tranquila.
La volvió a dejar sobre la cama con suavidad.
—Nada ocurrió —dijo con calma—. Te dormiste en el camino. Esta era la habitación más cercana.
La dejó sentada.
—No ibas a llegar despierta a la tuya.
Raeliana exhaló, aún tensa.
—Gracias… milord.
Noé le tomó la mandíbula suavemente, pero firme.
La obligó a mirarlo.
—No vuelvas a asustarme así.
Su pulgar rozó apenas su mejilla.
Un gesto mínimo.
—La próxima vez —murmuró— quédate a mi lado.
Raeliana sintió que su corazón se descontrolaba.
—Llámame por mi nombre.
El corazón de Raeliana dio un salto dolorosamente fuerte.
—No sería apropiado… —murmuró, evitando su mirada—. Tal vez… en otra ocasión.
—Raeliana.
Su voz descendió, más baja
—Dilo a hora mismo .
El silencio cayó entre ambos.
Había estado en sus brazos. Había despertado en su cama. Había sentido su respiración contra su piel.
Y aun así…
Eso era lo que más la ponía nerviosa.
Sus dedos se tensaron sobre la tela del camisón.
—…Noah.
Su nombre salió apenas en un susurro.
Pero él lo oyó.
Los ojos de Noah se suavizaron, y una sonrisa leve — apareció en sus labios.
Alzó la mano y apartó con cuidado un mechón de cabello de su rostro, acomodándolo detrás de su oreja.
El roce fue mínimo.
—Quiero oírlo solo de tus labios —murmuró, con voz baja, casi áspera—. Nadie más.
El aire se volvió pesado.
Su corazón latía tan rápido que le dolía.
Noah inclinó apenas el rostro hacia ella, lo suficiente para invadir su espacio sin tocarla del todo.
—No vuelvas a llamarme “su excelencia” cuando estemos solos.
Su respiración rozó su piel.
—Para ti… solo Noah.
Sus dedos descendieron lentamente hasta su barbilla, obligándola con suavidad a mantener la mirada en la suya.
Raeliana tragó saliva.
Raeliana se levantó rápido.
—Debería retirarme.
Si me quedo un segundo más, voy a perder la cabeza.
Caminó hacia la puerta.
Sentía su mirada en la espalda.
La abrió, salió y la cerró con cuidado.
El pasillo estaba vacío.
Exhaló.
¿Qué fue eso? ¿Qué me está pasando?
Se llevó las manos al rostro. Ardía.
Caminó hasta su habitación casi en automático.
Al entrar, se dejó caer sobre la cama.
Te secuestraron. Casi te casan a la fuerza. Viste a un hombre morir.
…¿Y lo único en lo que piensas es en él?
Giró sobre el colchón, enterrando la cara en la almohada.
—Cálmate… —murmuró—. Solo es estrés. Solo eso.
Pero el recuerdo volvió sin permiso.
Golpeó suavemente la almohada con el puño.
—Esto no tiene sentido…
Un golpe suave en la puerta la obligó a incorporarse.
Una sirvienta entró poco después para preparar su baño.
Intentó vaciar la mente.
Intentó no pensar en nada.
No funcionó.
Después del baño, se vistió con su uniforme de estudio.
Solo le quedaban pocas lecciones para completar su formación como futura duquesa.
Perfecto. Concéntrate en eso.
Pero cada vez que intentaba leer…
Recordaba su voz. Su mirada. Su calor alrededor de su cuerpo.
Se dejó caer hacia atrás en la silla, mirando al techo con derrota.
—Esto es ridículo…
En otra ala del ducado, Noah permanecía de pie junto a la ventana.
No había dormido después de que ella se fuera.
Idiota. Dejarla ir así.
Se tocó el pecho, irritado.
Esa sensación seguía allí.
Casi la pierdo.
Su expresión se endureció.
No volverá a pasar.
Ni aunque tenga que encadenar a todo el mundo.
Cerró los ojos un segundo.
Luego dio una orden al aire, sabiendo que alguien escuchaba desde las sombras:
—Refuercen la seguridad alrededor de la futura duquesa.
Pausa.
—Sin que ella lo note.
Su voz bajó un tono.
—Nadie vuelve a acercarse a ella sin mi permiso.
Silencio.