Ella renace decidida a cambiar su futuro, sin perder su sonrisa.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Vacaciones
El sonido de los cascos contra el camino se suavizó al entrar al terreno de la mansión.
Amber no redujo la velocidad hasta estar casi frente a la entrada.
[…ya está… llegué]
Detuvo el caballo con soltura y bajó con la misma naturalidad, entregándolo a uno de los sirvientes que ya se acercaban.
Y antes de que pudiera dar más de dos pasos..
—¡Amber!
La voz la hizo girar de inmediato.
Su tía Abby estaba ahí, en la entrada, mirándola con una mezcla de sorpresa y alegría.
—¡Por fin apareces! —dijo acercándose—. ¡Te esperaba hace semanas!
Amber sonrió, casi con un poco de culpa.
—Lo sé… lo siento.
Se acercó y la abrazó con cariño.
—No había podido venir antes.
Su tía la separó apenas, mirándola con atención.
—¿Qué pasó?
Amber suspiró suavemente.
—Mi jefa… la duquesa… está embarazada.
Los ojos de Abby se abrieron con sorpresa.
—¿En serio?
—Sí… y no es un embarazo sencillo.
[…para nada sencillo]
—Así que todo en el ducado se volvió… más intenso.
Abby asintió, comprendiendo de inmediato.
—Claro… eso explica muchas cosas.
Pero entonces la miró de nuevo.
Más detenidamente.
Más… curiosa.
—Pero…
Se cruzó de brazos con una sonrisa ladeada.
—Te ves feliz.
Amber parpadeó.
—¿Yo?
—Sí —dijo su tía, acercándose un poco más—. Diferente.
[…me descubrió]
Amber intentó decir algo.
Algo neutro.
Algo normal.
Pero en ese momento.. el recuerdo llegó.
Claro.
Vivo.
El carruaje.
La cercanía.
El beso.
[…bien… no pienses en eso… demasiado tarde]
Una sonrisa apareció en sus labios sin que pudiera evitarlo.
—Han sido semanas… muy buenas.
Su tía arqueó una ceja.
—¿Ah, sí?
Amber asintió.
—Mucho trabajo.
[…mucho]
—Pero también…
Se quedó un segundo en silencio.
[…¿cómo explico esto?]
Sonrió un poco más.
—Muchas cosas que no voy a olvidar jamás.
Abby la miró con atención.
—Eso suena interesante.
Amber soltó una pequeña risa.
—Lo es.
[…y demasiado]
Desvió la mirada un segundo, como si eso pudiera ocultar lo que pensaba.
Pero en su mente… seguía ahí.
Ese momento.
Ese contacto.
Ese beso.
[…no importa lo que pase después]
[…no importa si mandan a otro mago al ducado]
[…no importa si no lo vuelvo a ver]
Su sonrisa se suavizó.
Más sincera.
Más tranquila.
[…yo ya lo besé]
[…y eso me basta]
Se llevó una mano al cabello, acomodándolo con naturalidad.
—Creo que… necesitaba estas semanas.
Abby la observó unos segundos más.
Y luego sonrió.
—Sea lo que sea… me alegra verte así.
Amber asintió.
—A mí también.
[…aunque no lo entienda del todo]
Miró hacia la entrada de la mansión.
El aire.
El lugar.
Todo era familiar.
Tranquilo.
Seguro.
Pero dentro de ella… algo había cambiado.
Y no iba a volver atrás.
Porque, aunque intentara convencerse de que era solo un recuerdo… ese beso… no se sentía como algo que pudiera dejarse tan fácilmente en el pasado.
Los días en la mansión de su tía pasaron con una calma que Amber no había sentido en mucho tiempo.
Sin agendas estrictas.
Sin urgencias.
Sin decisiones que afectaran a todo un ducado.
[…esto sí es descanso]
Las mañanas eran tranquilas. Desayunos largos, sin prisas, con conversaciones ligeras que no requerían pensar en estrategias ni en responsabilidades.
Y luego… salían.
—Vamos, Amber, hay un salón de té nuevo que quiero mostrarte —decía Abby con entusiasmo.
Amber no se negaba.
Al contrario.
—Claro.
Y así, día tras día, recorrieron distintos lugares.
Salones elegantes, con vajillas delicadas y aromas suaves.
Otros más sencillos, pero acogedores.
Se sentaban juntas, probaban distintas mezclas, reían, hablaban de todo y de nada.
[…esto me hacía falta]
Amber se relajaba de verdad.
No solo el cuerpo.
También la mente.
Aunque… no completamente.
Porque a veces, sin aviso.. aparecía.
Ese recuerdo.
Ese momento.
Ese beso.
Y su taza quedaba suspendida un segundo en el aire.
[…bien… no pienses en eso ahora]
Pero la sonrisa aparecía igual.
Suave.
Casi inevitable.
—¿En qué piensas? —preguntaba su tía en alguna ocasión.
—En nada importante —respondía Amber, bajando la mirada a su té.
[…mentira… muy importante]
Pero no lo decía.
No hacía falta.
También escribió a sus padres.
Una carta larga.
Cuidada.
Contándoles de su trabajo, de la duquesa, del embarazo… sin entrar en detalles demasiado delicados.
Días después llegó la respuesta.
Amber la leyó en el jardín, bajo la sombra de un árbol.
Sus manos se tensaron un poco al principio.
[…por favor… que estén bien]
Y entonces.. las palabras.
Sencillas.
Honestas.
Estaban mejorando.
Poco a poco.
No eran la poderosa familia Clifford de antes.
Pero seguían en pie.
Trabajando.
Viviendo.
[…están vivos]
Amber cerró los ojos un segundo.
Y sonrió.
—Gracias…
No sabía a quién se lo decía exactamente.
Pero lo sentía.
Ese futuro oscuro… ya no era inevitable.
Lo había cambiado.
Aunque fuera un poco.
Los días pasaron así.
Entre tranquilidad.
Paseos.
Cartas.
Y pensamientos que iban y venían.
Hasta que..
—¿Ya te vas?
La voz de su tía la encontró mientras terminaba de cerrar su equipaje.
Amber asintió.
—Sí… es hora de volver.
La tia Abby suspiró, aunque sonriendo.
—Sabía que dirías eso.
Se acercó y la abrazó.
—Pero me alegra que hayas venido.
Amber correspondió el abrazo con cariño.
—A mí también.
[…más de lo que esperaba]
Se separaron.
—Cuídate —añadió su tía.
—Siempre.
Amber tomó sus cosas.
Y, con una última mirada a la casa… subió al carruaje.
El camino de regreso fue más silencioso.
Más interno.
Amber miraba por la ventana, dejando que el paisaje pasara sin prestar demasiada atención.
[…se acabó el descanso… vuelve el trabajo]
Pero no se sentía pesada.
Ni agotada.
Se sentía… clara.
Más centrada.
[…y más peligrosa]
Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
—Vamos a ver qué cambió.
Porque sabía algo.
El ducado no sería exactamente igual.
Ni ella tampoco.
Cuando finalmente llegó, el imponente ducado Dempster apareció ante ella una vez más.
Firme.
Imponente.
Familiar.
Amber bajó del carruaje.
Respiró hondo.
Y sonrió levemente.
—Estoy de vuelta.
[…y esta vez…]
Sus ojos brillaron con una mezcla de determinación… y algo más.
[…veamos si ese mago sigue aquí]
Y sin perder el paso… cruzó la entrada, lista para retomar su lugar.
Sin saber exactamente qué la esperaba.
Pero con la certeza de que, esta vez… no iba a ser igual.