Scarlet siempre ha vivido al límite: cuchillos afilados, fuego constante y una cocina donde el control lo es todo. Lo último que necesita es Alaska, el frío eterno… y un hombre que parece decidido a desordenar su vida.
Luke solo quiere paz. Silencio. Distancia de todo aquello que alguna vez lo rompió. Pero cuando Scarlet llega a la montaña, su mundo se sacude de una forma que su lobo no sabe explicar. La reconoce por su aroma a cerezas, la desea con una intensidad peligrosa… y aun así, no la acepta como su mate.
Entre discusiones, roces inevitables y una tensión que arde incluso bajo la nieve, ambos luchan contra un vínculo que se resiste a ser nombrado. Porque a veces el destino no llega con claridad, y el amor verdadero aparece cuando menos estás dispuesto a reconocerlo.
En Alaska, donde el invierno observa en silencio, negar al mate puede ser el error más grande de todos.
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Capitulo 24: Me esta volviendo loco
Me quedé helada. Su honestidad era como un golpe de calor. Me miró una última vez, recuperando su postura rígida.
—Voy a preparar café. Vístete, tenemos mucho que hacer hoy.
Entré en el baño y cerré la puerta con llave, apoyando la frente contra la madera fría. Mis pensamientos eran un caos absoluto.
—Voy a ducharme, usare tu ducha —le había dicho. Él solo asintió, con esa mandíbula apretada y la mirada fija en la cafetera, recuperando su papel de hombre imperturbable.
Abrí el grifo y esperé a que el vapor llenara el espacio. Mientras me desvestía, no podía evitar repasar las últimas veinticuatro horas.
Era ridículo. Ayer mismo estábamos a punto de matarnos porque yo había decidido cambiar el menú de la recepción a última hora y él, con su obsesión por el orden, casi sufre un colapso al ver mi desorden invadiendo su habitación. Pasamos de los gritos y la irritación mutua a… eso.
A devorarnos en la cocina como si el mundo fuera a acabarse.
Dios, permite que se repita.
Me quité la camiseta de Luke, sintiendo cómo el frío del baño erizaba mi piel ahora que su aroma ya no me envolvía. Me quedé solo en bragas, con la mano en el elástico, recordando sus palabras de hace unos días, cuando se quejó de que dejaba mi ropa interior mezclada con la suya.
Una idea traviesa y algo amarga cruzó mi mente. Hoy me iba.
Mi tiempo aquí se terminaba y, técnicamente, ya no tendría nada más que ver con él. Me quité la prenda de encaje y, en lugar de guardarla en mi maleta, la dejé caer justo encima de sus camisas usadas, en el fondo del cesto.
Un recuerdo. Un pequeño “jódete” y un “acuérdate de mí” envueltos en seda, para que cuando él fuera a lavar su ropa, se encontrara de frente con el fantasma de lo que casi sucedió anoche.
Me metí bajo el chorro caliente, dejando que el agua golpeara mi nuca. Cerré los ojos, pero solo veía sus manos bajando mis shorts y sentía sus dientes marcando mi cuello.
¿Cómo podía alguien ser tan exasperante y tan necesario al mismo tiempo?
Él era control, yo era caos. Él era frío, yo era fuego. Y anoche, por un momento, el fuego había ganado.
Me lavé el cabello con fuerza, frotando el cuero cabelludo como si pudiera borrar la sensación de sus dedos enredados en mis mechones. Usé su jabón, el mismo que olía a él, y me odié un poco por disfrutarlo.
El regreso
Cuando salí, me vestí con ropa propia, unos vaqueros ajustados y un jersey ligero. Ya no era la Scarlett envuelta en su ropa grande, volvía a ser la mujer que tenía una vida lejos de su control.
Me miré al espejo, comprobando que el chupetón de mi cuello fuera lo suficientemente visible como para molestarlo, pero lo suficientemente oculto para que Aria no preguntara.
Bajé y el olor a café inundaba la casa, pero el ambiente seguía cargado. Luke estaba sentado a la mesa, tomando su café.
—¿Lista? —preguntó sin levantar la vista de su tablet.
—Lista —respondí con firmeza, aunque por dentro me estuviera rompiendo.
—Me daré una ducha rápida —anunció Luke, su voz recuperando ese tono impersonal y eficiente—. Tenemos que ir a despedir a Andrew y Emma antes de que salgan para su luna de miel.
Asentí sin decir nada, observándolo subir las escaleras con esa zancada segura que me ponía los nervios de punta.
Luke
Entré en el baño y el vapor residual de la ducha de Scarlett todavía flotaba en el aire, cargado con el aroma de mi jabón. Al mirar hacia la encimera, lo noté de inmediato, estaba vacía.
Ya no estaban sus cremas desordenadas, ni sus gomas del pelo, ni ese rastro de caos que tanto me había quejado de limpiar.
Me quedé quieto un segundo. Debería haberme sentido aliviado, satisfecho de haber recuperado mi orden, pero en lugar de eso, sentí un vacío extraño en el pecho.
Echaba de menos ver sus cosas allí. El silencio del baño me pareció, por primera vez, ensordecedor.
Me quité la ropa con movimientos mecánicos, con la mandíbula apretada. Cuando fui a dejar mi camisa en el cesto de la ropa sucia, las vi.
Un trozo de encaje negro sobresalía entre mis prendas grises y blancas. Eran sus bragas. Las mismas que llevaba anoche, las mismas que yo había sentido bajo mis palmas cuando la tenía acorralada contra la encimera.
Solté un gruñido bajo, un sonido que era mitad rabia y mitad deseo puro. Scarlett sabía exactamente lo que estaba haciendo al dejarlas ahí.
No era desorden, era un mensaje. Era un desafío.
Abrí la llave del agua, pero no me metí de inmediato. Me quedé allí, de pie, con la pequeña prenda de encaje entre mis dedos. El calor del agua empezaba a empañar el espejo, pero mi mente ya estaba en otro lugar. Acerqué la tela a mi rostro y cerré los ojos.
Era una mezcla embriagadora de su perfume y el rastro íntimo de su deseo, ese aroma almizclado y dulce de sus jugos que me recordó lo cerca que estuve de poseerla anoche.
Mi cuerpo reaccionó de forma violenta. En un segundo, la frialdad que tanto me había costado fingir abajo se desvaneció por completo.
Porque si, maldición, se veía divina. Esos jeans ajustados moldeando sus hermosas piernas, la boca hinchada por mis nórdicos y el chupetón en su cuello que fue visible para mi por un segundo.
Con la mano derecha apretando la prenda contra mi nariz, inhalando profundamente su esencia, llevé la izquierda hacia abajo. Cerré la llave del agua, no necesitaba el frío ni el calor del chorro, solo necesitaba sacarme esta urgencia que me quemaba las entrañas.
Me moví con una desesperación que odiaba, imaginando que no era la seda lo que rozaba mi cara, sino ella. Imaginando su boca, sus gemidos y la forma en que sus uñas se habían hundido en mi espalda. Cada movimiento era un castigo y un premio a la vez, una liberación necesaria para poder salir de ese baño y mirarla a la cara sin arrastrarla de nuevo a la cama.
Cuando finalmente terminé, apoyé la frente contra el azulejo frío, respirando con dificultad. Miré la prenda en mi mano con una mezcla de adoración y resentimiento.
Scarlett me estaba volviendo loco, y lo peor era que ella lo sabía perfectamente.
🙄🙄🙄
¿Aprenderás que ella es tu dueña?
A mí me dolió, y no fue conmigo.
🤔🤔🤔
Ahora... ¡No te quejes!
Ese hombre es tuyo y de nadie más 🌋🔥🥵
🤭🤭🤭